Rescatistas caminan entre escombros de edificios derrumbados tras desastre.

Terremotos en América Latina: ¿misma falla, o no?

Terremotos en América Latina: ¿misma falla, o no? | Bastión
Ciencia · América Latina
Terremotos en América Latina: ¿misma falla, o no?
Venezuela, México y Perú sufrieron terremotos importantes en cuestión de semanas. La pregunta es lógica: ¿están conectados? La respuesta, con la geología en la mano, es no — son tres mecanismos completamente distintos.
Bastión · Ciencia

En menos de un mes, tres países latinoamericanos sufrieron sismos de magnitud considerable: Venezuela el 24 de junio, México el 17 de julio, y Perú el 18 de julio. La coincidencia temporal invita a preguntarse si hay una conexión geológica de fondo. La respuesta corta es que no: son tres mecanismos tectónicos distintos, en tres bordes de placa distintos, y ninguno de los tres comparte la misma falla.

Lo básico: cómo se generan los terremotos

La corteza terrestre está dividida en placas tectónicas que se mueven constantemente, a un ritmo de apenas centímetros por año. Un terremoto ocurre cuando la energía acumulada por el roce entre placas —o dentro de una misma placa— se libera de golpe. Existen básicamente tres tipos de límites entre placas, y cada uno genera terremotos con características distintas: subducción (una placa se hunde bajo otra), transcurrente (dos placas se deslizan lateralmente, una junto a la otra, sin hundirse), y divergente (las placas se separan, típico de las dorsales oceánicas, menos relevante para este caso). A esto se suma la sismicidad intraplaca: terremotos que ocurren dentro de una placa, lejos de su borde, por acumulación de tensión interna.

País / evento
Placas involucradas
Tipo de mecanismo
Venezuela
24 jun. 2026
Caribe – Sudamericana
Transcurrente (falla lateral, tipo San Andrés)
México
17 jul. 2026, M7.4
Cocos – Norteamericana/Caribe
Subducción (una placa se hunde bajo la otra)
Perú
18 jul. 2026, M5.1
Intraplaca sudamericana (no es el borde con Nazca)
Falla normal interna, por tensión extensional andina

Venezuela: la falla que no es de subducción

El Pilar–San Sebastián: una falla lateral, no una zona de hundimiento

El 24 de junio, dos sismos sacudieron el norte de Venezuela, dejando más de 5.200 muertos, decenas de miles de heridos, y un paisaje de escombros en La Guaira y Caracas —con hospitales, colegios y edificios colapsados—.

La costa norte de Venezuela se ubica justo en el límite entre la placa Caribe y la placa Sudamericana. A diferencia de lo que ocurre en la costa del Pacífico (México, Perú, Chile), en esta zona las placas no se hunden una debajo de la otra: se deslizan lateralmente, rozándose casi en paralelo. Es el mismo tipo de mecanismo que la famosa falla de San Andrés en California — un sistema de falla transcurrente, conocido localmente como el sistema El Pilar–San Sebastián, que atraviesa buena parte de la costa venezolana.

Este tipo de falla puede generar sismos muy destructivos en superficie, con foco poco profundo, precisamente porque libera la energía muy cerca de zonas densamente pobladas como Caracas y La Guaira, sin la profundidad amortiguadora que caracteriza a muchos sismos de subducción mar adentro.

México: subducción clásica, con alerta de tsunami

La placa de Cocos, hundiéndose frente a Chiapas

El 17 de julio, un terremoto de magnitud 7.4 sacudió el sur de México, con epicentro en el mar frente a Ciudad Hidalgo, Chiapas, cerca de la frontera con Guatemala, a apenas 10 km de profundidad. El sismo activó el protocolo de alerta de tsunami para las costas de México y Guatemala en un radio de 300 km. Hasta el momento no se reportaron muertes, aunque sí más de 590 réplicas en los tres días siguientes, la mayor de magnitud 6.5.

Este es el caso más «clásico» de los tres: la placa de Cocos —una placa oceánica relativamente pequeña en el Pacífico— se hunde constantemente bajo la placa Norteamericana/Caribe a lo largo de toda la costa del Pacífico mexicano y centroamericano. Es subducción en su forma más pura: el mismo mecanismo que genera los grandes terremotos de México (incluidos los históricos de 1985 y 2017) y que explica por qué la región concentra tanta actividad sísmica y volcánica —de hecho, es zona de generación de tsunamis, a diferencia de una falla puramente transcurrente como la venezolana.

Perú: ni siquiera es la falla costera habitual

Junín: un terremoto «hacia adentro», no en la costa

El 18 de julio, un sismo de magnitud 5.1 (algunas fuentes lo ubican en 5.5) sacudió el departamento de Junín, en el centro de Perú, con epicentro cerca de Chupaca, dejando al menos cinco muertos, decenas de heridos y cientos de damnificados.

Acá está el matiz más interesante: la actividad sísmica «típica» y más conocida de Perú ocurre en la zona de subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana, frente a la costa del Pacífico —la misma lógica que México, aunque con placas distintas—. Pero el sismo de Junín no ocurrió ahí: sucedió tierra adentro, en plena cordillera andina, producto de una falla normal dentro de la propia placa Sudamericana — no en el límite con Nazca, sino por tensión interna acumulada en los Andes altos.

Los especialistas comparan este mecanismo con el histórico terremoto de Áncash de 1946, que rompió una falla de poca inclinación paralela a la cordillera. El margen occidental de la Cordillera Blanca, en el centro del país, presenta justamente ese tipo de fallas normales asociadas a una tectónica extensional —las placas no se comprimen ahí, se estiran— que actúa perpendicular a la cordillera. Es un mecanismo geológicamente distinto al de la subducción costera peruana, aunque ambos convivan dentro del mismo país.

El contexto sísmico de fondo en cada país

Perú no descansa: el dato que preocupa a los sismólogos

Según el Instituto Geofísico del Perú (IGP), el país acumuló más de 370 movimientos sísmicos solo en la primera mitad de 2026, con epicentros en Apurímac, Ayacucho, Piura, Amazonas, Áncash, Ica, Lima, Arequipa, Moquegua y Tacna. Nada de esto es nuevo: Perú está sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, que libera más del 90% de la energía sísmica y volcánica del planeta.

Lo que sí preocupa a los especialistas es la advertencia reiterada de Hernando Tavera, presidente del IGP: existe alta probabilidad de un terremoto superior a magnitud 8,8 en algún momento futuro, particularmente riesgoso para Lima. Aunque, como el propio Tavera reconoce, predecir cuándo ocurrirá «es imposible de saber» — la sismología puede identificar zonas de riesgo acumulado, pero no anticipar la fecha exacta de liberación de esa energía.

¿Entonces por qué pasaron casi juntos?

La coincidencia temporal entre los tres eventos —separados por apenas tres semanas— no tiene, según la evidencia disponible, una causa común directa. La sismología no ha demostrado que un terremoto en un borde de placa «dispare» un terremoto en otro borde de placa completamente distinto y a miles de kilómetros de distancia, salvo en casos muy específicos de fallas conectadas o muy próximas entre sí —que no es el caso aquí—.

Venezuela, México y Perú comparten estar en zonas de alta actividad tectónica, pero eso no equivale a compartir la misma falla ni el mismo mecanismo de liberación de energía.

Lo más parecido a un hilo común es que los tres países se ubican, en distinta medida, dentro o cerca del Cinturón de Fuego del Pacífico —la franja donde se concentra la enorme mayoría de la actividad sísmica y volcánica mundial—, aunque Venezuela, estrictamente, queda fuera de ese cinturón: su sismicidad responde al límite Caribe-Sudamérica, un sistema tectónico aparte. México y Perú sí forman parte de ese cinturón, pero incluso entre ellos los mecanismos —subducción de Cocos en un caso, falla intraplaca andina en el otro— son diferentes.

La tentación de conectar eventos que ocurren casi al mismo tiempo es humana y comprensible, pero la geología, en este caso, no acompaña esa lectura. Tres países, tres bordes o mecanismos de placa distintos, tres tipos de falla diferentes. Lo que sí comparten es algo menos dramático pero igual de real: viven, los tres, sobre un planeta que libera tensión acumulada de forma constante, en cualquiera de sus fronteras tectónicas activas, sin coordinación entre sí — y eso, aunque no sea una «conexión» en sentido estricto, sigue siendo motivo suficiente para la preparación y la alerta permanente que piden los propios institutos sismológicos de la región.


Apoyá este trabajo

Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.

☕ Invitame un café

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio
♥ Apoyá a Bastión

Periodismo independiente sin trinchera