Soldados que confiscan ganado «sin autoridad», unidades formadas por los mismos colonos que atacan, y un ejército que admite ante la justicia que sus propias incautaciones fueron ilegales — todo contado por un medio israelí.
Una mañana de octubre, una docena de soldados israelíes llegó en varios jeeps militares a la casa de la familia Issa, en el pueblo de Sanur, al norte de Cisjordania. Esposaron y vendaron los ojos de Tayir Issa y de su hijo Jamal, los empujaron al suelo hundiéndoles la cabeza en la tierra, mientras otros soldados llegaban en un camión civil de carga. Con todo el equipo de combate puesto, las tropas armaron una rampa improvisada y subieron al camión las 14 vacas de la familia —su principal fuente de ingresos—. Cuando Tayir y Jamal pidieron ver una orden legal, no se les mostró ninguna.
El ejército finalmente admitió que las vacas habían sido confiscadas a pedido de dos activistas colonos que dirigen puestos agrícolas ilegales en el Valle del Jordán, y que habían afirmado —falsamente— ser los dueños de los animales. Tras una petición de la Asociación de Derechos Civiles en Israel ante el Tribunal Superior de Justicia, las FDI reconocieron en diciembre, en una presentación formal ante el tribunal, que el oficial que ordenó la confiscación lo había hecho «sin autoridad» y que, por lo tanto, la incautación había sido «ilegal». La familia Issa, hasta el día de hoy, no recuperó su ganado.
Este no es un reportaje de una organización propalestina ni de un medio crítico de Israel. Es una investigación de The Times of Israel que reconstruye, con nombres, fechas, video y la propia respuesta oficial de las FDI, un patrón sistemático de colaboración militar con la violencia de colonos.
Un patrón, no un incidente aislado
El caso de la familia Issa no es excepcional. Según observadores citados por el medio, en toda Cisjordania se está llevando a cabo «un activismo de colonos extremo y a menudo violento, con la protección, cooperación y, a veces, participación activa de soldados de las FDI». En enero de este año, cámaras de seguridad captaron a soldados israelíes acompañando a colonos mientras huían con 150 cabezas de oveja de la aldea de Khirbet al-Halawa, en el sur de Cisjordania. Las FDI dijeron que respondían a una denuncia de robo de ganado contra un pastor judío —pero, como el propio ejército había admitido en el caso Issa, las fuerzas militares no tienen autoridad para ese tipo de recuperación de bienes sin una orden legal, que tampoco se presentó aquí.
En marzo de 2025, decenas de colonos entraron en Ras ‘Ein al-‘Auja, comunidad beduina del sur del Valle del Jordán, y robaron unas 1.500 ovejas y cabras —uno de los mayores robos de ganado documentados hasta la fecha—. Imágenes de la organización Looking the Occupation in the Eye muestran a un soldado de las FDI con su fusil presente en la aldea durante el robo, mientras activistas pedían sin éxito ayuda a personal militar en un vehículo blindado para detenerlo. Ras ‘Ein al-‘Auja, hostigada durante años, quedó completamente despoblada en enero de este año: era la última comunidad beduina que quedaba en el sur del Valle del Jordán.
El desplazamiento, en números
Según la organización israelí de derechos humanos B’Tselem, 59 comunidades palestinas —hogar de más de 4.000 personas— fueron desplazadas desde marzo de 2025 por la violencia y el acoso de colonos en las Áreas B y C de Cisjordania.
Otras 16 comunidades, con 500 personas, fueron parcialmente desplazadas en el mismo período.
«Los rebaños son la punta de la lanza»
El objetivo de todo esto no es un secreto, ni siquiera para sus protagonistas. Elisha Yered, organizador clave de puestos avanzados de colonos, lo explicó sin vueltas en marzo en el podcast hebreo Al Hamashmaut.
En las colinas decimos que lo primero es distanciar la línea de contacto del enemigo. Este es un perímetro que siempre avanza, si no, no sirve de nada. […] Los rebaños son la punta de la lanza. Elisha Yered · Organizador de puestos avanzados de colonos
Sobre la violencia que generan deliberadamente, fue todavía más directo: «Estamos iniciando la fricción sin ambigüedades; también estamos orgullosos de ello.»
Es un dato que contradice el argumento defensivo que suele usarse para justificar la expansión de los asentamientos: en 2025, el ejército israelí registró 1.015 ataques con piedras y cócteles molotov por parte de palestinos contra colonos, frente a 1.230 en 2024, 3.256 en 2023 y 8.633 en 2021 —es decir, los ataques palestinos vienen en caída sostenida—. Mientras tanto, según el propio reportaje, los ataques de colonos contra palestinos «han aumentado considerablemente en los últimos años». El mayor crecimiento de los puestos avanzados ilegales ocurrió, precisamente, en el período de menor violencia palestina registrada.
Cuando el colono se pone el uniforme
La pieza más inquietante del reportaje tiene que ver con las unidades Hagmar: fuerzas de defensa regional creadas originalmente para proteger comunidades fronterizas, formadas por reservistas que viven en esas mismas comunidades. Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, cuando la mayoría de los soldados regulares fueron desviados a Gaza y la frontera norte, el ejército reclutó colonos para cubrir ese vacío en Cisjordania, dándoles uniforme, vehículos y fusiles de asalto para operar en y alrededor de sus propios asentamientos. La red Hagmar llegó a sumar unos 7.000 soldados, según la organización Yesh Din.
El problema es estructural: como estas unidades están formadas por colonos locales, «probablemente incluyen a los mismos extremistas responsables de establecer puestos ilegales y atacar a palestinos», señala el reportaje.
Israel, de forma constante y como política, permite la difuminación deliberada de las líneas entre colonos y fuerzas militares y promueve acciones violentas contra civiles palestinos en Cisjordania por parte de milicias que trabajan al servicio de los intereses de los asentamientos. Yesh Din · Organización israelí de derechos humanos
De los 12 palestinos asesinados por colonos este año, siete fueron asesinados por soldados de la unidad Hagmar, según Yesh Din.
Uno de esos casos ocurrió en marzo en Qaryut, centro de Cisjordania. Colonos pasaron una retroexcavadora por un olivar de propiedad palestina; cuando aldeanos fueron a impedirlo y empezaron a tirarse piedras entre ambos bandos, un reservista de una unidad Hagmar disparó contra Muhammad Muammar, de 52 años, en la cabeza, y contra su hermano Fahim, de 47, en la pelvis. Ambos murieron. Muhammad era padre de seis hijos; Fahim, de cinco. Un tercer hermano sobrevivió a un disparo del mismo soldado.
Doron Meinrath, activista de la organización Looking the Occupation in the Eye, describió a The Times of Israel cómo opera esa cercanía:
No hay duda de que estos soldados se sienten más cómodos con los colonos que con activistas de derechos humanos o palestinos. Charlan con ellos, toman un café con ellos, los soldados visitan los puestos agrícolas y montan en el burro de los colonos. Doron Meinrath · Activista, Looking the Occupation in the Eye
Según Meinrath, cuando tropas recién llegadas a una zona necesitan entender el terreno, consultan al coordinador de seguridad del asentamiento cercano —un civil armado por las FDI— que termina moldeando cómo el ejército interpreta cada conflicto, casi siempre a favor de los colonos.
El Estado financia los puestos que ataca
Lo más revelador del reportaje es que esta coordinación no es informal ni espontánea: está institucionalizada. De los 185 puestos avanzados ilegales establecidos en los últimos tres años y medio, la organización Peace Now estima que 160 se levantaron con cooperación de autoridades estatales o locales —por lo que no son objetivo de demolición—. Una carta del asesor legal del Ministerio de Asentamientos, de noviembre de 2024, confirma que el Mando Central de las FDI aprueba qué puestos ilegales pueden recibir equipo de seguridad: vehículos todoterreno, focos, visión nocturna, drones, cámaras, generadores.
El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, elogió a esos mismos puestos en un evento de entrega de equipo por «apropiarse de enormes territorios», y agregó en otra ocasión que el equipo se entregaba para ayudar a los colonos a «profundizar nuestro control sobre la Tierra de Israel».
Los colonos heroicos y pioneros que viven aquí están practicando el sionismo, necesitan seguridad, necesitan componentes de seguridad, y no son ciudadanos de segunda clase. Estamos aquí para construir con ellos y para colonizar la tierra. Bezalel Smotrich · Ministro de Finanzas de Israel
En marzo, un video mostró a un colono apuntando con una pistola a pastores palestinos desde un vehículo todoterreno que todavía llevaba puesto el cartel que indicaba que era un regalo del Ministerio de Asentamientos.
La voz interna que lo dice todo
Quizás la frase más dura del reportaje no viene de un activista ni de una ONG, sino de un soldado de las FDI que pidió ser identificado solo como Gur, un voluntario que patrulla para frenar estos abusos.
Solíamos decir que el ejército es la cara de nuestra sociedad, y desafortunadamente, eso también es cierto hoy en día. Decir que es solo un batallón, una división —no, no, no. Esta es la cara del ejército por todas partes y esta es la cara de la sociedad. Soldado de las FDI identificado como «Gur»
La respuesta oficial
Consultadas por The Times of Israel, las FDI respondieron en un comunicado que «condenan enérgicamente los incidentes de violencia y delitos» y que son responsables de «mantener la seguridad y el orden público» en Cisjordania «conforme a la ley, el derecho internacional y las órdenes militares». Describieron los casos como «incidentes irregulares» que fueron «investigados y manejados exhaustivamente». Pero, según reconocen los propios críticos citados en la nota, aunque el ejército investiga con regularidad, esas investigaciones rara vez terminan en juicio o condena.
El Consejo Yesha, organización que representa a los municipios de los asentamientos, respondió que sus residentes son «ciudadanos respetuosos de la ley» que sufren «ataques terroristas» constantes —lanzamiento de piedras, cócteles molotov, incendios, robos agrícolas— y que, según afirman, son en su mayoría «atentados patrocinados por la Autoridad Palestina e Irán». El Consejo no respondió, sin embargo, a la pregunta directa de The Times of Israel sobre si condena la violencia de los colonos ni si actuará para prevenirla.
Lo que cambia cuando lo dice Israel mismo
Nada de lo que documenta este reportaje es enteramente nuevo: organismos como B’Tselem, Yesh Din y Amnistía Internacional vienen señalando este patrón desde hace años. Lo que cambia es la fuente. Cuando el mismo ejército admite ante un tribunal que una de sus incautaciones fue «ilegal», cuando un organizador de colonos se jacta en un podcast de «iniciar la fricción a propósito», y cuando un medio israelí mainstream —no un activista, no una ONG extranjera— pone en una misma nota todos esos elementos con nombre y apellido, la pregunta deja de ser si esto está pasando. La pregunta es cuánto tiempo más alguien va a poder seguir llamándolo «incidentes irregulares».
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☕ Invitame un caféFuente principal: The Times of Israel, «As settlers rampage, IDF soldiers accused of aiding violence, theft against Palestinians» (timesofisrael.com). Datos complementarios de B’Tselem, Yesh Din, Peace Now y Looking the Occupation in the Eye, citados en el reportaje original.
Este artículo tiene propósito informativo y analítico.
