Un denso humo procedente de cientos de incendios forestales en Canadá cubrió el jueves y el viernes una amplia franja de Estados Unidos, desde el Medio Oeste hasta el noreste. Donald Trump responsabilizó directamente a Canadá por la contaminación y advirtió que sumaría el «costo incalculable» de lidiar con el humo a los aranceles que Washington ya aplica sobre los productos canadienses.
«Responsabilizamos a Canadá del hecho de que no están manteniendo adecuadamente sus bosques… y Estados Unidos está siendo invadido innecesariamente por aire sucio, contaminado y malsano», escribió el mandatario en Truth Social, calificando la situación de «negligencia deliberada» que «se está convirtiendo en un hecho anual».
La magnitud real del desastre
Más de 200 incendios permanecen fuera de control en Ontario, la provincia más golpeada, donde ya se quemaron más de 3.500 kilómetros cuadrados con más de 800 focos activos. La Primera Nación Namaygoosisagagun quedó reducida a cenizas: sus residentes debieron evacuar en barco. Thunder Bay, con unos 110.000 habitantes, está al límite de su capacidad recibiendo evacuados de todo el noroeste de Ontario.
Calidad del aire (AQI) — 18 de julio
Cualquier medición por encima de 301 puntos se considera oficialmente «peligrosa» para la salud humana. El fenómeno ya afecta de forma directa a más de 100 millones de personas en 18 estados. Según el doctor Maillo, especialista consultado sobre el fenómeno, no es solo el calor lo que agrava la situación: «la presión y la humedad» son las variables que determinan cuánto humo se concentra a baja altura — y por lo tanto, cuánto se termina respirando. Las micropartículas del humo pueden penetrar zonas profundas del pulmón y generar desde irritación hasta bronquitis y bronquiolitis.
La ironía que Trump no menciona
El primer ministro canadiense, Mark Carney, respondió el jueves señalando que Estados Unidos «podría hacer más» para combatir la crisis climática que está detrás del aumento de temperaturas extremas en todo el planeta. La observación no es menor: en febrero de este año, el propio Trump anunció como «victoria política» la revocación de la «declaración de peligro» de la era Obama de 2009 — la base legal que, durante casi 17 años, Estados Unidos usó para regular las emisiones de automóviles, centrales eléctricas y otras fuentes de gases de efecto invernadero.
Es la frase con la que Trump, que calificó reiteradamente al cambio climático de «engaño» y «estafa», justificó desmontar esa política ambiental. Ese mismo Trump es quien ahora exige a Canadá «mantener adecuadamente sus bosques» frente a un fenómeno que los propios expertos en incendios forestales atribuyen, en gran medida, al calentamiento global: «A medida que nuestro clima se calienta, observamos un clima más propicio para el calor, la sequedad, el viento y los fenómenos meteorológicos extremos, y veremos más incendios», explicó Mike Flannigan, profesor de incendios forestales en la Universidad Thompson Rivers de Columbia Británica.
Estados Unidos, de hecho, no es ajeno al mismo patrón: ya lleva 3,7 millones de acres quemados en 2026, muy por encima del promedio de 2,7 millones de la última década, según el Centro Nacional Interagencial de Incendios.
Aranceles sobre una catástrofe
Trump y el primer ministro Mark Carney mantienen una relación tensa desde que Washington impuso aranceles a importaciones clave canadienses poco después de que Trump asumiera en 2025, lo que llevó a Ottawa a responder con contramedidas. Ahora, en medio de una crisis ambiental con comunidades evacuadas y al menos un asentamiento indígena destruido por completo, la respuesta de la Casa Blanca fue plantear sumar el costo de la contaminación a la ya existente disputa arancelaria — en lugar de ofrecer, por ejemplo, apoyo aéreo o recursos para el combate de incendios.
Mientras tanto, en el terreno, es Ontario la que responde sola: su primer ministro provincial, Doug Ford, anunció el viernes la compra de 11 nuevos aviones para reforzar el combate contra los incendios, y rechazó las críticas de políticos estadounidenses que calificaron la respuesta canadiense de insuficiente. Según Alex DaSilva, meteorólogo de AccuWeather, recién el sábado se espera el ingreso de un frente frío con lluvias que ayude a disipar el humo — sin que eso resuelva, claro, el incendio de fondo ni la disputa política que Trump decidió abrir en medio de la emergencia.
El patrón queda expuesto con crudeza: un país arde, cientos de miles de personas respiran aire calificado de «peligroso», una comunidad entera queda reducida a cenizas — y la respuesta del gobierno más poderoso del mundo no es cooperación climática ni ayuda material, sino la oportunidad de sumar una línea más a una guerra arancelaria. El mismo gobierno que meses atrás celebró desmontar la regulación climática que podría haber ayudado a mitigar el fenómeno que hoy dice combatir.
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