En un mitin en una academia de policía de Nueva York, el presidente estadounidense adelantó, entre risas, que «muy pronto» declarará el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos. Lo dijo mientras describía un bloqueo naval que calificó de «muro de acero», admitía subir el precio de la gasolina como costo aceptable, y horas después de que su propio Tesoro anunciara sanciones a Irán «nunca vistas».
«Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos»
Donald Trump volvió a hablar del estrecho de Ormuz este viernes, y lo hizo con el mismo tono desenfadado que usa para anunciar sus decisiones más drásticas. En un mitin político realizado en una academia de policía del estado de Nueva York, con una sonrisa, dijo que «muy pronto» declarará el paso marítimo como territorio de Estados Unidos, apenas después de «terminar de derrotar a Irán, que está siendo derrotado muy mal».
Describió el bloqueo naval estadounidense sobre el estrecho como «imparable» y como un «muro de acero», y fue tajante sobre su alcance: «Ningún barco pasa a menos que nosotros queramos». Según reconoció el propio mandatario, sostener esa posición le costó reforzar el despliegue militar estadounidense en la zona «un poco más de lo que quería, francamente, pero está bien».
El argumento nuclear, otra vez
Trump volvió también sobre el argumento que dio origen a la guerra: «No podemos permitir que Irán tenga un arma nuclear», enfatizó ante la multitud. «¿Estamos de acuerdo? No podemos permitirlo». Describió a Irán como un «país muy malvado» y «el principal patrocinador estatal del terrorismo en el mundo», y atribuyó a la llamada Operación Martillo de Medianoche del ejército estadounidense haber impedido que Teherán adquiriera esas armas: «Si no los hubiéramos atacado, habrían tenido un arma nuclear», dijo, calificando ese escenario hipotético como «un día muy triste para este país y para todo el mundo».
El precio de la gasolina, dicho en voz alta
Lo llamativo no fue solo lo que dijo sobre Irán, sino cómo pidió que se interprete el costo doméstico de la guerra. «Recuerda eso cuando tengas que pagar un poco más por la gasolina», agregó Trump, en lo que funcionó como una justificación directa y explícita del alza del combustible: la suba en el surtidor, dicha así, deja de ser un efecto colateral no reconocido de la guerra para convertirse en parte del argumento de venta.
Sanciones «nunca vistas», un día antes
Las declaraciones de Trump llegaron apenas un día después de que el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, adelantara que Washington impondría a Teherán medidas que «nunca se han visto», y que lo haría tan pronto como la semana próxima. La secuencia no es menor: anuncio de sanciones inéditas un día, y al siguiente, en un acto público, la promesa de anexar territorialmente el punto marítimo que ya está bajo bloqueo militar estadounidense.
No es la primera vez que Ormuz cambia de estatus en su cabeza
Esta no es la primera vez que Trump trata a Ormuz como si fuera un activo propio del que puede disponer. A mediados de julio había anunciado, de forma abrupta y sin consultar siquiera a sus propios asesores, que impondría un peaje del 20% a toda la carga que cruzara el estrecho bajo protección estadounidense —una medida de la que sus funcionarios llevaban meses intentando disuadirlo, por temor a que socavara los objetivos de guerra de Washington y legitimara la misma práctica que la Casa Blanca calificaba de «ilegal» cuando la insinuaba Irán. La propuesta desató una carrera diplomática de los países del Golfo para frenarla, y Trump dio marcha atrás en cuestión de días, reemplazando el cobro por promesas de inversión sin montos especificados.
La declaración de este viernes es un paso más en la misma dirección, pero de naturaleza distinta: ya no se trata de cobrar por el paso de un territorio ajeno, sino de anunciar que deja de serlo.
Estados Unidos e Israel lanzan una ofensiva conjunta contra Irán, con el objetivo declarado de terminar con su programa nuclear y provocar un levantamiento popular contra el régimen.
Trump anuncia un peaje del 20% para la carga que cruce Ormuz bajo protección estadounidense. Ante la presión diplomática de los países del Golfo, da marcha atrás en días y lo reemplaza por promesas de inversión.
Irán y Omán avanzan en una negociación bilateral y técnica para reabrir el tráfico por Ormuz, sin que Estados Unidos sea parte de la mesa.
Colapsan las negociaciones directas entre Washington y Teherán. La Guardia Revolucionaria le impone a Trump un ultimátum de cinco condiciones que la Casa Blanca rechaza.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, adelanta que Estados Unidos impondrá a Irán sanciones «nunca vistas» tan pronto como la semana próxima.
En un mitin en Nueva York, Trump anuncia que «muy pronto» declarará el estrecho de Ormuz territorio de Estados Unidos, describe el bloqueo naval como un «muro de acero» y justifica la suba de la gasolina como costo de la guerra.
Mientras tanto, Irán y Omán negociaban sin él
Hay un dato de contexto que le cambia el sentido a todo el anuncio: a comienzos de agosto, Irán y Omán ya venían avanzando en una salida bilateral y técnica para el propio estrecho, sin que Estados Unidos fuera parte de esa mesa. El portavoz de la cancillería iraní fue explícito sobre a quién excluían: Irán «solo está dialogando con Omán sobre un acuerdo temporal» para la vía marítima. El esquema que se estaba perfilando era concreto: buques saliendo desde los petroestados árabes por una ruta controlada por Irán a través de Ormuz, y una segunda ruta bajo control omaní hasta el golfo de Omán —una solución regional, negociada entre los propios países ribereños, sin que Washington definiera los términos.
El propio vocero iraní dejó picando una frase que apenas disimulaba a quién se refería: el éxito del acuerdo con Omán dependía de que «ciertas terceras partes no obstaculicen el proceso». Mientras esa negociación avanzaba, Trump seguía repitiendo por su cuenta, y por fuera de esa mesa, que el estrecho ya era «nuestro».
La puntada final llegó apenas cinco días antes del mitin de Nueva York: el 9 de agosto, las negociaciones directas entre Washington y Teherán colapsaron. La Guardia Revolucionaria le bajó el pulgar a la línea de diálogo que manejaban los diplomáticos iraníes más pragmáticos y le impuso a Trump un ultimátum de cinco condiciones —entre ellas, el fin de la guerra y el bloqueo— que la Casa Blanca no está dispuesta a aceptar. Leído en esa secuencia, el anuncio de «declarar» Ormuz territorio propio se parece menos a un plan estratégico consumado y más a una forma de reafirmar relevancia justo cuando la solución al conflicto se estaba armando sin él.
Las monarquías del Golfo, incómodas con los dos lados
Ormuz no es «de Irán»: el estrecho corre entre las aguas de Irán y Omán, con aguas costeras próximas también de Emiratos Árabes Unidos. Eso vuelve la pretensión de Trump doblemente incómoda para las monarquías de la región, que no quieren que el paso quede bajo control de Teherán, pero tampoco bajo el de Washington —lo que quieren es que siga siendo una vía internacional neutral.
El historial de fricciones ya es largo. Cuando Irán intentó cobrar peaje en Ormuz a través de una autoridad marítima propia, Estados Unidos sancionó directamente a Omán por participar del esquema, con el Tesoro advirtiendo que «apuntaría de manera agresiva a cualquier actor involucrado» —es decir, Washington ya castigó económicamente a un aliado del Golfo por este mismo estrecho. La frustración de Mascate se hizo pública: su canciller publicó una columna criticando la postura estadounidense. Meses después, cuando Irán amplió unilateralmente su propio mapa de control sobre el estrecho hasta rozar aguas de Omán y Emiratos, la protesta fue coral: Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Bahréin se sumaron al rechazo. Las monarquías del Golfo, en síntesis, llevan meses atrapadas entre dos potencias que se disputan un territorio que no es de ninguna de las dos —y a las que cualquiera de las dos, si se sale con la suya, las deja igual de dependientes de una fuerza externa para algo que ocurre en su propio patio.
Un anuncio sin base legal, pero no sin efecto
Ormuz corre entre las aguas territoriales de Irán y Omán: no hay ningún mecanismo jurídico por el cual Estados Unidos pueda «declararlo» propio, a diferencia del peaje de julio, que sí era una medida administrativa concreta y ejecutable —y por eso mismo generó pánico real entre sus aliados y sus propios asesores. Pero la falta de base legal no vuelve inocua la frase. Es la continuación de un mismo movimiento: primero cobrar por un paso que no le pertenece, después anunciar que va a dejar de no pertenecerle. Cada anuncio corre un poco más el límite de lo que suena posible decir en público sobre un territorio ajeno.
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