Donald Trump con ojos cerrados sobre bandera y mapa de EE. UU.

Trump se inventa su propia encuesta, tres veces

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Trump se inventa su propia encuesta, tres veces
En menos de tres semanas, Trump publicó tres cifras distintas de aprobación —50%, 65%, 59%— sin citar una sola encuesta real que las respalde. Mientras tanto, las mediciones independientes lo ubican en 32-34%, su punto más bajo desde el asalto al Capitolio, con la guerra de Irán y los precios de la gasolina pasándole factura.
Agosto 2026 · Lectura: 9 min

Tras una seguidilla de malas encuestas a comienzos de este verano boreal, la respuesta de Trump fue simple: declarar que no eran ciertas. «MIS NÚMEROS REALES EN LAS ENCUESTAS SON LOS MÁS ALTOS QUE NUNCA», escribió en redes, en mayúsculas. El problema es que sus números reales están, de hecho, en el nivel más bajo o cerca del más bajo de toda su presidencia.

El nivel más bajo desde el 6 de enero

34% CNN — iguala el mínimo tras el ataque al Capitolio (2021)
33% AP-NORC — mínimo desde 2017
32% Universidad de Quinnipiac — mínimo histórico

Trump ya es, según las series históricas de encuestas que se remontan a los años 40, casi el presidente de segundo mandato más impopular en esta etapa de su gobierno. La única excepción no es un consuelo: Richard Nixon tenía todavía menos apoyo en el mismo punto de su segundo mandato, pero estaba a días de renunciar por el Watergate.

La comparación que más incomoda

En la misma etapa de sus segundos mandatos, Bill Clinton estaba en 64%, Reagan en 61%, Eisenhower en 58%. Entre los que atravesaban crisis: Obama con 43%, Truman con 39%, George W. Bush con 37% —todos ellos vieron a su partido perder bancas meses después en las legislativas—. Nixon, al borde de la renuncia, estaba en 24%.

El invento: tres cifras en veintiséis días

Lo más llamativo no es solo que las encuestas reales sean malas —es que Trump respondió inventándose las propias, con números distintos cada vez, sin citar jamás una encuesta real que los respalde.

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Junio, cumbre del G7 en Francia

«Las encuestas son muy deshonestas, como muchos periodistas», dijo ante la prensa. Una semana después, en redes: sus índices de aprobación eran «LOS MÁS ALTOS QUE HAN TENIDO NUNCA».

26 de junio — Primera cifra: 50%, después 65%

Citó una encuesta de sus propios encuestadores que lo ubicaba en 50%. No conforme, se sumó 15 puntos más de la nada: «¡Otras encuestas tienen mi índice de aprobación en un 65% y más!», escribió, sin citar cuáles.

12 de julio — Tercera cifra: 59%

Publicó «Índice de aprobación del 59%» —seis puntos menos que lo afirmado apenas semanas antes—, otra vez sin citar ninguna encuesta real. El pretexto: «los precios bajan junto con la bajada del petróleo y el gas». El precio del petróleo, de hecho, subió desde entonces.

Siempre proyectará fuerza independientemente de los números, y dirá que son falsos de todas formas. Douglas Heye, estratega republicano

Por qué cae: ni siquiera sus temas fuertes lo sostienen

El problema para Trump es que está mal en casi todos los frentes, incluidos los que históricamente eran su fortaleza: economía e inmigración. Sobre Irán, ya era la guerra estadounidense con más oposición inicial de toda la serie histórica de encuestas —y el respaldo restante se derrumbó todavía más, con los votantes hoy en contra por 2 a 1—.

El politólogo Douglas Sosnik agregó un matiz que preocupa más a los republicanos que el número en sí: no es solo que lo desaprueben, es que lo desaprueban con firmeza —señal de que esos votantes estarán más motivados a ir a votar en noviembre que la propia base leal a Trump—.

Un techo distinto al de otras épocas

La encuestadora republicana Kristen Soltis Anderson matiza el pánico: la polarización actual hace que la aprobación se mida «en una banda estrecha» comparada con el pasado —»los presidentes apenas empiezan en 50%»—. Pero advirtió: «Los bajos 30, si es cierto, significa que partes de la coalición han empezado a separarse.»

La respuesta de la Casa Blanca: ninguna cifra, solo relato

Consultada sobre las encuestas, la Casa Blanca no ofreció ningún número propio: «Ningún otro presidente en la historia ha logrado más por los estadounidenses trabajadores que el presidente Trump», dijo el vocero Davis Ingle, apelando al relato general en vez de a datos concretos.

El patrón de fondo: «YOLO»

La clave para entender por qué no reacciona

Trump nunca ganó la mayoría del voto popular en ninguna de sus tres elecciones, ni tuvo respaldo mayoritario en Gallup en ningún momento de sus dos mandatos. Y aun así, siempre gobernó como si fuera un presidente extremadamente popular.

Douglas Heye lo resume con una frase que explica todo: «Él es YOLO» —»solo se vive una vez»—. «No está sentado pensando: ‘mis poderes están debilitados por esto’. Es parte de por qué fue reelegido, y por qué es inmune a algunos escándalos.»

Mientras la mayoría de los republicanos en el Capitolio le piden que termine la guerra de Irán y se concentre en el costo de vida, Trump sigue adelante con proyectos de otro orden —un nuevo salón de baile y un arco triunfal en la Casa Blanca—, sin que las encuestas parezcan torcerle el rumbo. Es, otra vez, la misma lógica de siempre: si la realidad no coincide con el relato que necesita, simplemente publica un número nuevo.

Pan y circo: por qué, en el fondo, no tiene nada que perder

Hay una razón de fondo, más allá del carácter, que explica esta indiferencia casi total ante los números reales. La 22ª Enmienda le impide constitucionalmente competir por un tercer mandato —por más que a veces bromee, o no tan en broma, con la idea—. Y su propio hijo, lejos de heredar la candidatura de 2028 con ventaja clara, va segundo y perdiendo terreno frente al propio vicepresidente JD Vance en las encuestas de preferencia republicana, que lo ubican liderando cómodamente con 34-42% contra apenas 13-24% de Donald Trump Jr.

La cuenta que Trump ya hizo

Sin posibilidad de reelección propia, y sin que su hijo esté posicionado como heredero seguro del trono MAGA, las encuestas de aprobación dejaron de ser una amenaza real para su futuro político personal. No hay una próxima elección propia que estos números puedan arruinarle.

Lo que sí sigue corriendo, mientras la discusión pública se entretiene con sus cifras inventadas y sus provocaciones cotidianas, son los negocios personales y familiares —los mismos que ya documentamos con los contratos de Musk o la red de la familia Kushner—. Es la versión más cínica, y probablemente más certera, del «YOLO» que describía Heye: si no hay nada electoral propio que cuidar, la prioridad deja de ser el legado en las urnas y pasa a ser, simplemente, maximizar lo que se pueda sacar mientras dure el cargo.

El espectáculo público —la guerra, las cifras infladas, los proyectos faraónicos— funciona, en ese sentido, como cortina de humo perfecta: mientras el país entero discute si su aprobación real es 32% o 65%, el negocio de fondo sigue moviéndose por otro canal, mucho menos vigilado que cualquier encuesta.

La prueba en números: la propia declaración jurada de bienes

No hace falta especular sobre esta hipótesis: la propia declaración financiera obligatoria de 2025, publicada por la Oficina de Ética Gubernamental el 30 de junio de 2026, la confirma con cifras oficiales.

2.200M US$ Ingresos totales en 2025 (vs. 622M en 2024, antes de ser presidente)
1.400M US$ Solo de negocios de criptomonedas familiares
2.300M → 6.800M Patrimonio familiar total, 2024 a 2026 (Bloomberg)

Sus ingresos totales se multiplicaron por más de tres respecto al año previo a asumir. La mayor parte vino de World Liberty Financial, la empresa cripto impulsada por Trump y sus hijos, en una operación en la que un fondo de inversión vinculado a los Emiratos Árabes Unidos compró casi la mitad de la compañía —difuminando, según reportes, la línea entre política exterior y negocio familiar—. Consultado sobre el conflicto de interés, Trump lo minimizó: «Nunca hablo con ninguna de las personas que manejan el dinero (…) ¿Sabes por qué tengo ganancias? Porque la bolsa está subiendo.»

Opera en bolsa activamente, siendo presidente

Un análisis de CBS News sobre su declaración trimestral encontró 3.642 transacciones bursátiles solo entre enero y marzo de 2026 —unas 63 por jornada de negociación—, por montos que en conjunto rondan varios cientos de millones de dólares. Dos operaciones llaman especialmente la atención: compró acciones de Nvidia el 6 de enero de 2026, y poco después su propio gobierno relajó los controles de exportación de chips de inteligencia artificial, habilitando ventas de esa misma empresa a China. También compró Palantir en marzo, y luego la elogió en Truth Social mencionando directamente su símbolo bursátil: «Palantir Technologies (PLTR) ha demostrado tener grandes capacidades (…) ¡Solo pregúntenle a nuestros enemigos!»

El negocio familiar, expandido a todo lo que se mueve

Según Bloomberg, el patrimonio de la familia Trump se expandió durante 2025 hacia armas de fuego, imanes de tierras raras e inteligencia artificial —más allá del real estate y las licencias de marca tradicionales—. Melania Trump declaró más de 10 millones de dólares por un documental de Amazon sobre su vida, y más de 500.000 por su libro. Los ingresos de los clubes de golf y complejos turísticos subieron más de 15%, superando los 500 millones de dólares; solo Mar-a-Lago pasó de generar unos 50 millones a 77 millones, coincidiendo con el aumento de visitas de empresarios y donantes al club. Donald Trump Jr., mientras tanto, se sumó como socio a 1789 Capital, firma de capital de riesgo que ya recaudó unos 2.000 millones de dólares de inversores.

Trump ganó más en dos años de presidente que durante seis décadas como empresario. Mientras tanto, los alimentos están 33% más caros. Síntesis de análisis financiero sobre la declaración de 2025

Es el contraste que cierra el círculo completo de este artículo: mientras publica cifras de aprobación inventadas y el país entero discute si su popularidad real es 32% o 65%, la fortuna personal y familiar de Trump se multiplicó como nunca antes en su vida —usando el propio cargo presidencial como plataforma de negocios—, en el mismo período en que el costo de vida se volvió más difícil para el resto de los estadounidenses. Pan y circo, con cifras oficiales de por medio.


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