29 de agosto de 2026 — Zaporiyia, Ucrania ocupada
Zaporiyia: 10 días de diésel antes del apagón total
Zaporiyia perdió su última línea eléctrica externa. Sin ella, los seis reactores y sus piscinas de combustible dependen de generadores de emergencia con combustible contado.
El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) lanzó, el 29 de agosto, una de sus alertas más urgentes desde que comenzó la guerra en Ucrania: la central nuclear de Zaporiyia —la más grande de Europa, con seis reactores, ocupada por fuerzas rusas desde marzo de 2022— lleva más de una semana sin ninguna conexión eléctrica externa, y depende exclusivamente de generadores diésel de emergencia con combustible para apenas diez días.
Por qué una planta «apagada» necesita electricidad igual
Puede sonar contradictorio: los seis reactores de Zaporiyia están apagados, en parada técnica, sin generar electricidad desde hace tiempo. Entonces, ¿por qué necesitan tanta energía externa? La respuesta está en algo que mucha gente no sabe sobre la física nuclear: apagar un reactor no detiene el calor de inmediato.
Cómo funciona la refrigeración nuclear, en criollo
El combustible nuclear —tanto el que todavía está dentro de los reactores como el que ya se usó y quedó almacenado en las llamadas «piscinas de combustible gastado»— sigue generando calor residual durante meses, incluso años, después de dejar de operar. Ese calor proviene de la desintegración radiactiva natural de los productos que se acumularon durante el funcionamiento del reactor, un proceso que no se puede «apagar» con un interruptor. Para evitar que ese calor se acumule sin control, hacen falta bombas de agua funcionando todo el tiempo, haciendo circular el líquido refrigerante alrededor del combustible. Esas bombas necesitan electricidad constante para funcionar. Si el agua deja de circular, el combustible empieza a calentarse progresivamente, hasta el punto en que puede dañar el revestimiento metálico que lo contiene —y ahí es donde empieza el riesgo real de liberación de material radiactivo.
La secuencia que llevó a la alerta
Zaporiyia contaba con diez líneas eléctricas externas independientes conectadas a la red ucraniana.
La planta sufrió al menos 25 pérdidas completas de suministro eléctrico externo por la actividad bélica en la zona, según el conteo del propio OIEA.
Tras intensificarse los combates en la orilla norte del río Dniéper, la planta pierde la línea Ferosplavna-1 de 330 kilovoltios —su única conexión externa restante—.
La planta depende exclusivamente de generadores diésel de emergencia para sostener las funciones esenciales de seguridad: principalmente, las bombas que refrigeran los seis reactores y sus piscinas de combustible gastado.
Por qué el riesgo no se limita a un solo reactor
Un punto clave que suele pasarse por alto: si se agota el diésel y se corta la energía de los generadores, el problema no afecta a una sola unidad de la planta. Los seis reactores —y sus respectivas piscinas de combustible gastado, que en Zaporiyia son enormes por la cantidad de años que lleva operando la instalación— dependen de la misma red eléctrica externa y de los mismos generadores de respaldo. Un fallo de ese sistema no es localizado: es una falla simultánea de refrigeración en toda la planta al mismo tiempo, sin margen para «salvar» a algunas unidades mientras se pierden otras.
El combustible que no llega
La situación se agrava por un problema logístico adicional: la última entrega de diésel al depósito externo de la planta ocurrió en marzo, y los envíos posteriores quedaron suspendidos por los combates en la zona. Los propios inspectores del OIEA no han podido revisar ese depósito desde 2025, porque los operadores rusos de la planta les negaron el acceso alegando motivos de seguridad. Para evitar un fallo inmediato, el personal de la planta trasladó recientemente varias decenas de toneladas de diésel desde ubicaciones cercanas —una solución de emergencia, no una respuesta estructural al problema de fondo—.
¿Es comparable a Chernóbil?
No exactamente, aunque el riesgo es real y serio. Chernóbil, en 1986, explotó porque su reactor estaba operando a plena potencia en el momento del accidente: una reacción nuclear activa se descontroló durante una prueba mal ejecutada, generando una explosión de vapor y un incendio de grafito que lanzó material radiactivo directo a la atmósfera.
Los reactores de Zaporiyia están apagados: no hay una reacción en cadena activa que pueda «explotar» de esa forma. El mecanismo de riesgo actual se parece más al de Fukushima en 2011: ahí también fallaron los generadores de emergencia —en ese caso, por un tsunami—, se perdió la refrigeración de las piscinas de combustible gastado, y eso derivó en fusiones parciales y liberación de radiación al ambiente. Es un proceso más lento, que se mide en días de sobrecalentamiento progresivo, no en una explosión instantánea.
Por qué Zaporiyia es, de todos modos, un caso especialmente delicado:
— Tiene seis reactores, más que Chernóbil (cuatro) y que Fukushima (seis, pero de menor potencia unitaria por unidad), lo que implica más volumen de material radiactivo en juego si fallara la refrigeración en toda la planta.
— Está ubicada en pleno territorio de guerra activa, con bombardeos y drones reportados en sus inmediaciones —tres ataques recientes hirieron a dos trabajadores e impactaron zonas críticas, incluido el depósito de combustible gastado—.
— Los inspectores internacionales tienen acceso restringido, lo que dificulta verificar de forma independiente el estado real de sus sistemas de seguridad.
— Cualquier intento de reparación de la línea eléctrica depende de una tregua local negociada entre las partes en guerra, algo que no se puede dar por garantizado.
Lo que se está negociando ahora
El OIEA está negociando con Rusia y Ucrania una tregua local y temporal específicamente para permitir la reparación de la línea Ferosplavna-1 —el mismo tipo de acuerdo puntual que ya permitió restaurar el suministro en episodios anteriores de esta guerra—. Es, en la práctica, una carrera contra el reloj: o se logra restablecer la conexión eléctrica externa o garantizar nuevas entregas de diésel antes de que se agote el margen de diez días, o las seis unidades de la planta más grande de Europa quedarán expuestas al mismo riesgo de sobrecalentamiento al mismo tiempo, sin ninguna fuente de respaldo detrás de los generadores diésel.
Sobre el origen específico del corte del 20 de agosto, el propio OIEA —el organismo más neutral involucrado en el conflicto— reconoció que la situación «dificulta que los especialistas puedan determinar con precisión el origen» del daño, sin atribuir responsabilidad directa a ninguna de las dos partes en este episodio puntual.
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