Retrato en blanco y negro de joven soldado serio.

Helmut Oberlander: Criminal nazi en Canadá

1924-2021 — Halbstadt, Ucrania / Waterloo, Canadá

Helmut Oberlander: Criminal nazi en Canadá

Cuarenta y ocho años como próspero empresario canadiense. Cuatro revocaciones de ciudadanía. Casi 2.000 páginas de archivos secretos. La historia del intérprete de un escuadrón de la muerte que nunca fue condenado, y que nunca pidió perdón.

En esta investigación
  1. Un menonita de Ucrania, reclutado a los 17 años
  2. Lo que el propio Einsatzkommando 10a hizo, pueblo por pueblo
  3. La chica que Oberlander salvó, según un compañero de unidad
  4. 1963: un artículo soviético que la RCMP no quiso investigar
  5. 1970: la entrevista donde mintió sobre todo
  6. Lo que sus propios compañeros sí recordaban
  7. La Comisión Deschênes, y el expediente más prometedor
  8. Veinticinco años de batalla legal, y cuatro revocaciones
  9. El costo sobre tres generaciones de su propia familia
  10. Un balance final: 28 casos, siete expulsados, catorce muertos en el camino

Helmut Oberlander murió el 20 de septiembre de 2021 en su casa de Waterloo, Ontario, a los 97 años, todavía peleando en los tribunales para no ser deportado. Había pasado casi cuarenta y ocho años en Canadá como un empresario próspero, respetado en su comunidad. Y había pasado más de veinticinco de esos años enfrentando el mismo cargo, una y otra vez, sin que ningún tribunal lo condenara jamás por crímenes de guerra: haber ocultado, al solicitar su ingreso al país, que había sido intérprete de un escuadrón de la muerte nazi responsable del asesinato de decenas de miles de personas.

Un menonita de Ucrania, reclutado a los 17 años

Oberlander nació el 15 de febrero de 1924 en Halbstadt, un asentamiento menonita ruso en lo que hoy es la región de Zaporiyia, Ucrania. Como alemán étnico —Volksdeutsche— nacido en territorio soviético, hablaba alemán, ruso y ucraniano. Cuando las fuerzas alemanas invadieron la Unión Soviética en 1941, esa combinación de idiomas lo volvió valioso: los ocupantes necesitaban intérpretes, y lo reclutaron apenas cumplidos los 17 años.

Helmut Oberlander cuando se unió por primera vez a las fuerzas alemanas
Helmut Oberlander, cuando se unió por primera vez a las fuerzas alemanas, en 1941.

Los documentos desclasificados muestran que se ofreció voluntariamente para las Waffen SS en el otoño de 1941, sirviendo al menos hasta 1944. Con el rango más bajo posible —»SS Mann»— fue asignado como intérprete al Sonderkommando 10a (Sk 10a, también llamado EK 10a), parte del Einsatzgruppe D, uno de los escuadrones móviles de exterminio nazi que siguieron al avance del ejército alemán hacia el sur de la Unión Soviética. También integró el Sicherheitsdienst (SD) y la Sicherheitspolizei (SiPo) —inteligencia política y policía de seguridad de las SS—, cobrando su sueldo directamente del Partido Nazi.

Helmut Oberlander con el uniforme del Sicherheitsdienst alemán (SD)
Oberlander con el uniforme del Sicherheitsdienst (SD), la policía de seguridad de las SS.

Lo que el propio Einsatzkommando 10a hizo, pueblo por pueblo

El Einsatzgruppe D operó en el sur de Rusia y Ucrania entre junio de 1941 y agosto de 1943, matando a más de 130.000 personas, en su mayoría judías. El Sk 10a, la unidad específica de Oberlander, ejecutó a más de 40.000 personas mientras avanzaba por unos 30 pueblos y localidades a lo largo de la costa norte del mar Negro, la península de Crimea, el mar de Azov y el Cáucaso Norte.

40.000+Ejecutados por el Sk 10a
30Pueblos y localidades recorridas
120Hombres en la unidad

El Tribunal Federal de Canadá determinó, décadas después, que Oberlander vivió, comió, viajó y trabajó a tiempo completo con el Sk 10a entre 1941 y 1943. Además de interpretar, se ocupaba de conseguir alimentos, pulir botas de oficiales, y custodiar una barcaza de grano. Un capitán de las SS de su propia unidad, Lothar Heimbach, declaró después a investigadores que existía una directiva general que obligaba a cada miembro del comando a participar personal y activamente en al menos una ejecución.

El testimonio directo de otro intérprete de la unidad

Otro intérprete llamado Leo Maar (a veces transcrito Marr) describió a investigadores alemanes en los años 60 el mecanismo exacto de las ejecuciones en Rostov: camiones trasladaban a hombres, mujeres y niños judíos hasta edificios cercanos al lugar de fusilamiento, donde los intérpretes traducían las instrucciones —entrar a una habitación, dejar los objetos de valor, entrar a otra, desnudarse—.

La chica que Oberlander salvó, según un compañero de unidad

En medio de ese mecanismo de exterminio sistemático, Maar relató un episodio puntual que se volvió central en las investigaciones posteriores.

«Oberlander, el intérprete que conocía, entró en nuestra habitación con una chica de 19 o 20 años que aún llevaba la ropa puesta. La chica lloraba desconsoladamente y juraba que no era judía, sino rusa.» Leo Maar, excompañero de unidad de Oberlander

Según Maar, Oberlander tradujo el reclamo de la joven para el capitán de las SS al mando, que ordenó liberarla. Oberlander, consultado décadas más tarde por las autoridades, dijo no recordar ese incidente en absoluto —una respuesta que se repetiría, sistemáticamente, cada vez que se le preguntó por hechos concretos de esos años—.

1963: un artículo soviético que la RCMP no quiso investigar

El primer expediente formal sobre Oberlander se abrió en la primavera de 1963, después de que diplomáticos canadienses en Nueva York encontraran un artículo en la publicación soviética New Times, que detallaba atrocidades nazis en Taganrog y nombraba a cuatro participantes radicados después en Canadá: Alexander Kovalyov, Hans Gilbert, Ivan Ryabov y el propio Helmut Oberlander.

La política oficial: no investigar

Pese a que la RCMP confirmó ese mismo año que Oberlander se había ofrecido voluntario para las Waffen SS, la dirección de la propia policía instruyó en septiembre de 1962 a sus oficiales a no profundizar: cualquier información de este tipo, decía la directiva interna, podía ser relevante para temas de inmigración o inteligencia, pero las investigaciones no debían realizarse con el objetivo específico de determinar responsabilidad por crímenes de guerra.

En diciembre de ese año, Ben Kayfetz, del Congreso Judío Canadiense, envió a la RCMP una carta con una cita todavía más directa, atribuida a Oberlander según un artículo en yidis de la agencia soviética Novosti: que les había enseñado a los soldados que los disparos contra la gente debían sonar como la música más agradable, y que participar en fusilamientos no era un deber sino un privilegio —agregando que, en cada ejecución, él mismo empezaba y terminaba la tarea—.

Un memorando del subcomisionado de la RCMP, R.R. Schram, fechado en marzo de 1984, citó además un testimonio directo de otro miembro de la unidad, Otto Nürenberg, en un juicio previo en Alemania.

«Se nombró un equipo especial para las ejecuciones. Gilbert, Oberlander y yo estábamos en él. En Taganrog, nuestro equipo fusiló a 1.500 ciudadanos soviéticos… En Rostov rodamos 500 o 600 en un solo día… En Krasnodar nuestro equipo registró y fusiló a todos los judíos de la ciudad.» Otto Nürenberg, excompañero de unidad, según testimonio citado en memorando de la RCMP

1970: la entrevista donde mintió sobre todo

En junio de 1970, ya como promotor inmobiliario exitoso y padre de dos hijas, Oberlander fue entrevistado en el consulado de Alemania Occidental en Toronto, como parte de una investigación alemana sobre crímenes de guerra. Negó absolutamente todo.

«Nos asignaron a una unidad que no tenía nombre, al menos yo no conocía ningún nombre… No conozco ningún Sonderkommando ni Einsatzkommando 10a. Yo también soy ignorante de un Einsatzgruppe D.» Helmut Oberlander, entrevista de 1970

Dijo que su trabajo se limitaba a tareas administrativas menores: interpretar para un médico alemán que instruía sobre tuberculosis en Taganrog, ayudar a montar un teatro ruso para entretenimiento de las tropas, traducir en la flota de vehículos de la unidad, y buscar la ubicación de tumbas de soldados alemanes. Cuando le mostraron fotografías y nombres de otros miembros de su unidad, respondió que no reconocía a ninguno.

Los investigadores ya sabían que mentía

Para ese momento, los investigadores de Alemania Occidental ya habían entrevistado a otros ocho miembros del Einsatzkommando 10a, todos los cuales identificaron a Oberlander como intérprete de la unidad de 120 hombres, con descripciones detalladas de ejecuciones masivas de judíos cometidas por el propio comando.

Lo que sus propios compañeros sí recordaban

Maar recordaba con precisión el día en que a Oberlander y a otros cinco u ocho intérpretes recién incorporados les entregaron uniformes y les tomaron juramento: un uniforme gris de campo, camisa marrón, corbatas negras, y el rombo distintivo del SD en el antebrazo izquierdo, además de pistolas.

Otros miembros de la misma unidad que también terminaron en Canadá:

— Benno Harlander, sargento de la compañía, se instaló cerca de Whitby, Ontario, donde gestionó una alfarería. Regresó a Alemania tras el informe de la Comisión Deschênes en 1986.

— Ivan Iuriiv, exteniente del Sk 10a, vivió en Toronto y luego en Estados Unidos, donde murió en 1970 sin que los investigadores lograran alcanzarlo. Está enterrado en un cementerio de Toronto.

— Kurt Christmann, uno de los oficiales de las SS a cargo de la unidad, fue investigado junto a otros 15 miembros del Sk 10a. Tribunales alemanes terminaron condenando a siete de ellos, con penas de entre dos y diez años.

La Comisión Deschênes, y el expediente más prometedor

La Comisión de Investigación sobre Criminales de Guerra, encabezada por el juez retirado Jules Deschênes, revisó 774 casos de presuntos criminales de guerra nazis radicados en Canadá. Recomendó cerrar 606 de ellos —sospechosos muertos, ya fuera del país, o sin pruebas suficientes—. Oberlander fue uno de apenas 29 casos seleccionados para «atención especial», identificado internamente solo como el caso número 466.

«Nuestro caso más prometedor»

Así describió la propia RCMP el expediente que compartió con la comisión. La policía ya había concluido, antes incluso de que se formara la comisión, que Oberlander nunca debería haber podido entrar a Canadá: entre 1947 y 1955, la Directiva Aliada de Control 38 clasificaba a las SS, el SD, la SiPo, los Einsatzgruppen y los guardias de campos de concentración como «delincuentes mayores» —una prohibición que, pese a la relajación general de restricciones a inmigrantes alemanes, nunca se levantó para estas categorías específicas—.

La abogada de la comisión Sulveig Schuster fue categórica en su informe de octubre de 1986: no había pruebas suficientes para procesar a Oberlander por crímenes de guerra en sí mismos, pero su pertenencia al Sk 10a significaba que jamás debería haber sido admitido en Canadá —y que ni siquiera sería admitido si solicitara ingresar hoy—. Los informes de campo revisados por la comisión, presentados originalmente por la propia unidad en archivos de Alemania Occidental, Estados Unidos e Israel, documentaban unas 20.000 ejecuciones a lo largo de unos 30 pueblos; investigaciones posteriores elevaron esa cifra a más de 40.000.

«Aproximadamente 30 pueblos figuran en los informes, indicando los meses en que la EK 10a estuvo situada en cada localidad, así como el número de judíos, comunistas y partisanos fusilados durante la estancia de la EK 10a.» Informe de Sulveig Schuster, Comisión Deschênes, 1986
Extracto de los registros del gobierno canadiense sobre Helmut Oberlander
Extracto de los casi 2.000 páginas de registros gubernamentales sobre Oberlander, muchos marcados originalmente «Secreto» o «Alto Secreto».

Veinticinco años de batalla legal, y cuatro revocaciones

El 27 de octubre de 1986, la comisión notificó formalmente a Oberlander que no había revelado su pertenencia a las SS y a los Einsatzgruppen al solicitar la inmigración y la ciudadanía canadiense. Oberlander no se presentó a la audiencia a puerta cerrada programada para el 10 de noviembre de ese año: envió a dos abogados en su lugar. Pasarían otros nueve años antes de que su pasado se hiciera público.

27 de enero de 1995

Ottawa anuncia que iniciará el proceso contra Oberlander. Su historial se vuelve noticia nacional.

28 de abril de 1995

El gobierno inicia formalmente el proceso de desnaturalización y deportación. Oberlander huye con su esposa a Florida.

8 de mayo de 1995

Localizado por la Oficina de Investigaciones Especiales de EE.UU., acepta volver a Canadá antes que enfrentar cargos de deportación en Estados Unidos. Nunca se le permitió regresar a Florida.

28 de febrero de 2000

El juez Andrew MacKay concluye que no hay pruebas de que Oberlander participara directa o indirectamente en crímenes de guerra —pero que sí ocultó su historial durante la entrevista de inmigración de 1953 en Karlsruhe—.

Octubre de 2008 – Julio de 2017

El gobierno le revoca la ciudadanía cuatro veces distintas; los tribunales se la restituyen en tres ocasiones, siempre por cuestiones de procedimiento en cómo el gabinete federal tomó la decisión, no por el fondo del caso.

5 de diciembre de 2019

El Tribunal Supremo de Canadá se niega a escuchar su última apelación, allanando el camino hacia la deportación.

20 de septiembre de 2021

Oberlander muere en su casa de Waterloo, a los 97 años, con su caso todavía sin resolución final ante la Junta de Inmigración y Refugiados.

El obstáculo legal que le permitió resistir tanto tiempo

Una sentencia del Tribunal Supremo de 2013 estableció que la culpabilidad por asociación no alcanza, por sí sola, para considerar a alguien criminal de guerra. Eso obligó al gobierno a demostrar participación voluntaria específica, no solo pertenencia formal a la unidad —un estándar que, combinado con la ausencia de testigos que vieran a Oberlander «apretar el gatillo» personalmente, sostuvo su defensa legal durante más de dos décadas—.

El costo sobre tres generaciones de su propia familia

Irene Rooney, hija de Oberlander, describió en una declaración jurada de 2016 el impacto del caso sobre su propia familia: el día que Ottawa hizo pública la noticia en 1995, corrió a buscar a sus hijos a la escuela por temor a que los periodistas los encontraran primero. Atribuyó parte del estrés acumulado durante décadas de batallas legales al cáncer que después sufrió su madre, y a su propia enfermedad posterior.

«Eso son tres generaciones y el efecto dominó sigue desapareciendo. ¿Cuántas generaciones más deben verse arrastradas a esta controversia?» Irene Rooney, hija de Helmut Oberlander

Del otro lado, Bernie Farber, expresidente del Congreso Judío Canadiense —cuyo propio padre fue el único sobreviviente judío de un pueblo polaco entero— pasó más de 25 años presionando para que Oberlander rindiera cuentas.

«Imagina cómo me siento: mi padre vino aquí para empezar una nueva vida y tuvo que respirar el mismo aire que quienes le aterrorizaban a él y a su familia. Es horrible, simplemente horrible.» Bernie Farber, expresidente del Congreso Judío Canadiense

Farber remarcó, además, algo que va al centro mismo del argumento que sostuvo la defensa de Oberlander durante décadas —que «solo» era intérprete—.

«¿Qué demonios estaban traduciendo? ‘Quítate la ropa, coge una pala, cava tu propia tumba’.» Bernie Farber
Helmut Oberlander con su esposa Margaret, en 2004
Oberlander junto a su esposa, Margaret, en 2004 —en plena batalla legal por su ciudadanía—.

Rooney, del otro lado, insistió siempre en que su padre nunca fue acusado formalmente de crímenes de guerra, y mucho menos condenado —más de 12.000 personas firmaron una petición pública en su apoyo—. El caso, remarcó, generó fricciones sostenidas entre las comunidades alemana y judía de Canadá.

Un balance final: 28 casos, siete expulsados, catorce muertos en el camino

El caso Oberlander no fue un episodio aislado, sino parte de un patrón mucho más amplio y, en general, poco exitoso de los esfuerzos canadienses por rendir cuentas frente a su propio pasado como refugio de criminales de guerra nazis.

28Casos judiciales iniciados en total
7Expulsados (extraditados o deportados)
14Acusados que murieron durante el proceso

De los 28 casos que el gobierno canadiense llegó a iniciar contra presuntos criminales de guerra nazis, siete terminaron efectivamente fuera del país —dos por extradición, cinco por deportación—. Dos acusados optaron por irse voluntariamente sin impugnar los cargos. El gobierno perdió cuatro casos directamente en juicio. Y catorce acusados, como finalmente el propio Oberlander, murieron antes de que el proceso en su contra llegara a una resolución definitiva.


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