La ventaja de Luiz Inácio Lula da Silva sobre el senador Flávio Bolsonaro en una hipotética segunda vuelta de las presidenciales de octubre creció de seis puntos en junio a ocho en julio, según la última encuesta de Quaest. Lula pasó del 44% al 45%; Bolsonaro cayó del 38% al 37%. La distancia viene ampliándose de forma sostenida desde mayo, cuando ambos estaban técnicamente empatados (42% a 41%), y revierte por completo la foto de abril, cuando era Flávio quien lideraba (42% contra 40%).
Otro sondeo, el de AtlasIntel para Bloomberg, confirma la misma tendencia con números todavía más holgados: 46,3% para Lula contra 36,6% para Flávio en primera vuelta, y 48,8% contra 42,3% en un balotaje directo. El resto del campo casi no pesa: Ronaldo Caiado, Renan Santos y Romeu Zema se reparten apenas un puñado de puntos cada uno.
La gestión ayuda, pero no explica todo
Parte del envión de Lula tiene causas propias: la evaluación positiva de su gobierno subió a 36% en julio —su mejor nivel desde julio de 2025—, mientras la negativa cayó a 36%, la más baja en un año. Desde marzo, cuando el rechazo llegaba a 43%, bajó siete puntos, mientras la aprobación subió cinco. El desempleo se mantiene en mínimos históricos, y esa mejora en la percepción económica es, según Quaest, uno de los motores centrales del repunte.
Pero el propio analista Francisco Belaunde Matossian, consultado sobre el fenómeno, fue directo: el crecimiento de Lula responde tanto a méritos propios como a las dificultades autoinfligidas de su rival. Y esas dificultades no son menores.
Los tres tropiezos que le costaron caro a Flávio
Se filtraron conversaciones en las que Flávio le pide financiamiento a Daniel Vorcaro, dueño del Banco Master, para producir una película sobre la trayectoria de su padre, Jair Bolsonaro. Vorcaro está preso, señalado por lo que se considera el mayor fraude financiero de las últimas décadas en Brasil. En los mensajes, Flávio se dirige a él como «hermano».
La ex primera dama —una de las figuras con mayor influencia dentro del Partido Liberal, sobre todo entre el electorado femenino y evangélico— declaró que no apoya la candidatura de su hijastro porque la «humilló» y la menospreció políticamente por ser mujer. En la encuesta de Quaest, el 42% de los brasileños le da la razón a ella; solo el 18% respalda la posición de Flávio. El propio director de Quaest, Felipe Nunes, identificó este conflicto como el factor más expresivo detrás del debilitamiento de la campaña.
Flávio envió una carta a Estados Unidos pidiendo que los aranceles impuestos por Trump contra productos brasileños no se eliminaran, sino que solo se postergaran —una posición que choca de frente con el interés económico inmediato de Brasil, y que expone el cálculo detrás: sostener la presión de Washington como palanca política interna, aun a costa del propio sector exportador brasileño.
El telón de fondo: gobernar sin la marca Bolsonaro presente
Flávio busca por primera vez la presidencia, ungido como heredero político por su padre, hoy condenado a 27 años de prisión por diseñar y liderar un intento de golpe de Estado. A diferencia de campañas anteriores del bolsonarismo, esta vez el candidato no cuenta con la presencia activa y cotidiana de Jair en el ruedo —y los tres tropiezos recientes sugieren que sostener solo esa marca, sin el instinto político del padre, no está resultando sencillo.
Con octubre acercándose y la ventaja de Lula ampliándose mes a mes en dos encuestadoras distintas, la pregunta que empieza a instalarse en el propio bolsonarismo es si todavía hay margen para revertir la tendencia, o si cada nuevo tropiezo de Flávio termina, paradójicamente, haciendo el trabajo que la oposición no logra hacer por sí sola.
También en Bastión
Bastión se sostiene con trabajo, no con publicidad. Si esto te aportó algo, invitame un café.
☕ Invitame un café