«Brasil, un país cristiano y judío»: la apuesta de Flávio

Brasil — Víspera de la primera vuelta, 4 de octubre

«Brasil, un país cristiano y judío»: la apuesta de Flávio

Más allá del ajuste fiscal y el costo de vida, Flávio Bolsonaro construyó, en discursos propios ante distintos públicos, una estrategia internacional explícita: prometió trasladar la embajada brasileña a Jerusalén, se sumó a los Acuerdos Isaac ya firmados por Milei y Netanyahu, y buscó presentarse ante el electorado evangélico como el candidato que devolverá a Brasil «al rincón de Israel».

En este análisis
  1. Lo que separa a los dos candidatos en las urnas
  2. Las dos propuestas fiscales, cara a cara
  3. El mismo obstáculo para ambos
  4. El costo de vida, no la seguridad, como núcleo del voto
  5. La injerencia de Trump, confirmada por la propia inteligencia brasileña
  6. Lo que Lula dijo en la ONU, sin nombrar a nadie
  7. Lo que dijo en sus propios discursos, en varias ocasiones
  8. «El rincón de Israel»: la ruptura que Lula dejó abierta
  9. El discurso en Buenos Aires, y la promesa repetida
  10. Los «Acuerdos Isaac», ya firmados por Milei y Netanyahu
  11. Por qué el sionismo cristiano encaja tan bien en esta estrategia
  12. El voto evangélico, pieza clave del tablero
  13. El «Estado profundo» y la teoría del enemigo común
  14. El balance a horas de la primera vuelta

Lo que separa a los dos candidatos en las urnas

Este domingo, unos 158 millones de brasileños van a las urnas para definir si Luiz Inácio Lula da Silva continúa en el poder o si el senador Flávio Bolsonaro ocupa su lugar a partir de 2027. Según una encuesta de Atlas, Lula obtendría 45,3% de los votos en primera vuelta, contra 42,2% de Bolsonaro —sin alcanzar el 50,01% necesario para ganar de forma directa—. En un eventual balotaje, previsto para el 25 de octubre, el empate sería técnico: 47,6% para Lula contra 47,7% para Bolsonaro, según esa misma medición.

Las dos propuestas fiscales, cara a cara

EjeLula da SilvaFlávio Bolsonaro
Ajuste fiscalGradual, ~1,3% del PIB para 2030Agresivo, ~1,5% del PIB en 18 meses
Medida reciente+15% en programa de bienestar social; prohibición de apuestas online desde el 6 de octubreNo especificada en el material disponible
Argumento centralProtege programas sociales mientras ordena las cuentasUn shock más agresivo bajaría el costo de endeudamiento a largo plazo

El equipo de Lula reiteró su compromiso de llevar el balance fiscal primario a un superávit de aproximadamente 1,3% del PIB para 2030, partiendo de un déficit proyectado de 0,4% este año, con un ajuste gradual que, según sus funcionarios, protegería los programas sociales. Los asesores de Bolsonaro, en cambio, prometieron un ajuste equivalente a 1,5% del PIB en apenas 18 meses, con el argumento de que un shock fiscal más agresivo reduciría más rápido los costos de endeudamiento de la mayor economía de América Latina.

El mismo obstáculo para ambos

El gasto obligatorio, el techo de las dos propuestas

Economistas consultados coinciden en que ambas estrategias chocan con el mismo límite estructural: el crecimiento del gasto obligatorio, en particular en pensiones y prestaciones sociales, que viene reduciendo progresivamente el espacio disponible para la inversión pública. La deuda pública bruta de Brasil subió más de 10 puntos porcentuales durante el actual mandato de Lula, hasta 82,5% del PIB, mientras que el déficit nominal del país se ubica en 9,3% del PIB.

El costo de vida, no la seguridad, como núcleo del voto

Pese al éxito del gobierno en reducir la desigualdad y el desempleo, Bolsonaro logró recortar distancia con Lula, y la explicación principal es el costo de vida. Según una encuesta de Quaest de septiembre, casi la mitad de los brasileños dice que la economía empeoró en el último año, frente a solo 19% que percibe una mejora. La inflación interanual había bajado a 4,22% en agosto, pero repuntó a 4,47% a mediados de septiembre.

26,6%De los ingresos, en servicio de deuda de los hogares (récord, junio)
13,75%Tasa de referencia del Banco Central, una de las más altas del mundo
33%Ve la violencia, no la economía, como principal problema (Quaest)

El servicio de la deuda de los hogares, sin contar hipotecas, alcanzó un récord de 26,6% de los ingresos en junio, impulsado por fintechs que ofrecieron crédito fácil a tasas elevadas, y por un auge de las apuestas online que absorbió miles de millones de reales del ingreso familiar —lo que explica la prohibición de ese rubro que Lula decretó, con entrada en vigor el 6 de octubre, días antes de la primera vuelta—.

La injerencia de Trump, confirmada por la propia inteligencia brasileña

«Nivel crítico», según la ABIN

La Agencia Brasileña de Inteligencia hizo públicos fragmentos de un informe que advierte que el riesgo de intervención de Washington en los comicios se encuentra en «nivel crítico», e identifica una estrategia de «articulación virtual» junto con la difusión de mensajes de grupos extremistas violentos en redes sociales. Una delegación francesa y alemana que viajó a Brasilia este mes recibió, según un informe de esas reuniones, la confirmación de funcionarios de la ABIN sobre «la existencia de interferencias tanto de Estados Unidos como de Rusia», que abarcarían «desde la ley hasta la interferencia abiertamente reconocida».

Trump recibió a Flávio Bolsonaro en el Despacho Oval en mayo pasado, y sancionó a funcionarios brasileños en represalia por el rechazo de Lula a lo que su gobierno considera injerencismo. El año pasado, tras la condena de Jair Bolsonaro por la intentona golpista de enero de 2023, Washington impuso aranceles del 50% a las importaciones brasileñas, y le retiró la visa estadounidense al juez Alexandre de Moraes, incluyéndolo en la lista OFAC. En julio, dos funcionarios del Departamento de Estado solicitaron visas para reunirse en Brasilia con funcionarios electorales, líderes religiosos y el propio Flávio Bolsonaro, con el fin declarado de evaluar la integridad del sistema de votación; Brasil se las negó por considerarlo una intromisión, y Washington respondió retirándole la visa a la embajadora brasileña en Washington. Ese mismo mes, Estados Unidos impuso un arancel adicional del 25% a cerca de tres mil productos brasileños.

Lo que Lula dijo en la ONU, sin nombrar a nadie

«No permitiremos que los enemigos de la democracia, internos o externos, socaven la voluntad popular. Brasil no es el patio trasero de nadie.» Luiz Inácio Lula da Silva, ante la Asamblea General de la ONU

Durante su discurso en Nueva York, Lula presentó la elección como una disputa entre «democracia y negacionismo», y advirtió, sin nombrar directamente a Flávio: «Sabemos que algunos abusan de esa libertad para alinearse con intereses extranjeros que van en contra de los intereses del país». Aprovechó su visita para reunirse con el alcalde Zohran Mamdani y el senador Bernie Sanders.

Lo que dijo en sus propios discursos, en varias ocasiones

Pero la pieza de esta campaña que casi no se discutió dentro de Brasil, Flávio Bolsonaro la planteó directamente, en varios discursos públicos. El 28 de junio, en la apertura de la Conferencia de Presidentes de América Latina, en Buenos Aires, calificó a Lula de «antisemita» y prometió trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén. Lo repitió después ante la Fundación Aliados de Israel: «En mi primer día como presidente, haré como el presidente Tito Asfura de Honduras y recibiré las credenciales del nuevo embajador de Israel en Brasilia. En 2027, Brasil no solo volverá a tener embajador ante Israel, sino que dará el paso de mover su embajada a la capital de Israel, Jerusalén».

«El rincón de Israel»: la ruptura que Lula dejó abierta

De «persona non grata» a embajadora retirada

El telón de fondo de ese viaje es una ruptura diplomática real. En febrero de 2024, Lula comparó la guerra de Israel en Gaza con el Holocausto. Israel lo declaró persona non grata, Brasil retiró a su embajador, y para mayo de 2024 Lula lo removió formalmente del cargo. La disputa no quedó en lo retórico: Brasil se acercó después al bloque de países que presionan legal y diplomáticamente a Israel, incluyendo pasos vinculados a la demanda de Sudáfrica contra Israel en la Corte Internacional de Justicia.

Ese es exactamente el clima político que Flávio Bolsonaro buscó revertir con sus propias declaraciones públicas. En distintas intervenciones describió la política exterior de su sector como impulsada por «valores judeocristianos», con Brasil asociándose a democracias que comparten una visión centrada en la soberanía nacional, la libertad de expresión y las normas sociales conservadoras. Enmarcó a Lula como «antisemita» y acusó al gobierno actual de preferir «el abrazo de Irán», además de adoptar posiciones favorables a Irán y al grupo palestino Hamás.

El discurso en Buenos Aires, y la promesa repetida

«Brasil dejará de ser un vector de inestabilidad»

El 28 de junio, en la apertura de la Conferencia de Presidentes de América Latina, en Buenos Aires, Flávio prometió trasladar la embajada de Brasil en Israel de Tel Aviv a Jerusalén, y dijo: «Brasil dejará de ser un vector de inestabilidad para convertirse en un vector de paz y de alianza entre Israel y las naciones amigas de nuestra región». Lo repitió, con mayor detalle, ante la Fundación Aliados de Israel: «En mi primer día como presidente, haré como el presidente Tito Asfura de Honduras y recibiré las credenciales del nuevo embajador de Israel en Brasilia. En 2027, Brasil no solo volverá a tener embajador ante Israel, sino que dará el paso de mover su embajada a la capital de Israel, Jerusalén».

En una entrevista con el Canal 14 de la televisión israelí, fue todavía más personal: «Trasladar la embajada a Jerusalén es un compromiso personal que me nace del corazón. Lo completaré», dijo, presentándolo como la continuación de un proyecto que su padre, Jair Bolsonaro, no pudo concretar durante su propia presidencia —según Flávio, por «pequeños detalles» relacionados con la pandemia de 2020—.

Los «Acuerdos Isaac», ya firmados por Milei y Netanyahu

Flávio también anunció que, de ganar, Brasil se sumaría a los llamados «Acuerdos Isaac» —que, pese al nombre, no son una iniciativa en danza sino un acuerdo ya firmado en Jerusalén por el presidente argentino Javier Milei y el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu—. «El presidente Milei y el primer ministro Netanyahu ya nos dieron el ejemplo al firmar en Jerusalén los Acuerdos de Isaac, la extensión natural de los Acuerdos de Abraham para América Latina», declaró Bolsonaro. La Genesis Prize Foundation describe esos acuerdos como una visión para profundizar los vínculos económicos, culturales y diplomáticos entre Israel y la región latinoamericana, inspirada explícitamente en el espíritu de los Acuerdos de Abraham firmados durante el primer gobierno de Trump.

Por qué el sionismo cristiano encaja tan bien en esta estrategia

46%De los brasileños se identifica como católico (Pew, 2026)
29%Se identifica como protestante/evangélico
98%Dice creer en Dios

Un informe reciente del Pew Research Center encontró que la afiliación católica cayó en seis grandes países latinoamericanos durante la última década —Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú—, con descensos de al menos nueve puntos porcentuales en cada uno, mientras crecía al menos siete puntos la proporción de adultos sin afiliación religiosa. Pero la creencia religiosa en sí sigue siendo altísima: el 98% de los brasileños encuestados por Pew dice creer en Dios, y la oración diaria está entre las más altas de la región. La identidad religiosa se afloja, pero la energía religiosa sigue intacta, y eso favorece a los grupos que mejor se organizan y comunican —los evangélicos, que cada vez tratan más el apoyo a Israel como una insignia identitaria dentro de una guerra cultural más amplia—.

El voto evangélico, pieza clave del tablero

Casi dos a uno a favor de Flávio

Según Datafolha, Flávio aventaja a Lula por casi dos a uno entre los votantes evangélicos —en algunas mediciones, hasta 52% contra 26%—, mientras que Lula mantiene una ventaja más moderada entre los católicos. Los evangélicos ya representan cerca del 30% de la población brasileña, y en una elección empatada, ese bloque puede resultar decisivo.

El «Estado profundo» y la teoría del enemigo común

En la propia entrevista, Eduardo Bolsonaro conectó ese lenguaje con la desconfianza hacia las instituciones que caracteriza al movimiento familiar: relató una experiencia durante la presidencia de su padre donde un periodista, sentado cerca durante un desayuno, reportó detalles triviales de la conversación. El objetivo del relato, según describe la crónica, no era el contenido en sí, sino apelar a algo que reconocería una audiencia israelí: la sensación de que los sistemas, los medios, los tribunales y la burocracia cierran filas contra un movimiento. Es una narrativa que funciona bien en el ecosistema de WhatsApp, Telegram y videos cortos que hoy domina buena parte de la política brasileña: una selfie con Flávio se vuelve una señal para su base, y una frase sobre «valores judeocristianos» se convierte en un marcador de identidad fácil de compartir.

El balance a horas de la primera vuelta

Lo que la gira por Jerusalén deja claro es que la estrategia internacional de Flávio Bolsonaro no se limita a buscar el respaldo o el silencio de Washington frente a un eventual triunfo: también apunta a construir, de cara el electorado evangélico y conservador de Brasil, una narrativa civilizacional donde Israel funciona como símbolo de valores compartidos y enemigos compartidos frente a un Lula que, según esa misma narrativa, representa lo contrario. Si Brasil gira hacia la derecha este domingo o en el balotaje del 25 de octubre, esa promesa de la embajada en Jerusalén —y los Acuerdos Isaac que la acompañan— dejarán de ser gestos de campaña para convertirse en política exterior efectiva.


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