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Congelar sin ceder: la grieta que frena la paz en Ucrania

«Ni un kilómetro»: por qué nadie cede nada en Ucrania
Bastión
Guerra en Ucrania · Análisis
Guerra en Ucrania
Congelar sin ceder: la grieta que frena la paz en Ucrania

Mientras en Oslo y San Petersburgo se arman carpetas con garantías, treguas y planes de prosperidad, dos expertos militares ucranianos acaban de decir, cada uno por su lado, lo que casi nadie admite en voz alta: ni Crimea, ni Donbás, ni ningún kilómetro ocupado entra en discusión. Y en una guerra donde ambos bandos ya golpean colectivos, locomotoras y almacenes civiles, la distinción entre quién defiende y quién ataca empieza a desdibujarse.

Mientras Washington, Kiev, Moscú y media Europa negocian garantías de seguridad, treguas energéticas y planes de reconstrucción, dos voces del propio establishment de defensa ucraniano —el experto militar Vladyslav Seleznov y Oleksiy Melnyk, codirector de programas de política exterior del Centro Razumkov— dejaron en entrevistas recientes algo que ningún documento diplomático se anima a decir con la misma claridad: no hay, hoy, ningún escenario realista en el que Ucrania resigne territorio, ni el ocupado desde 2022 ni, mucho menos, Crimea, bajo control ruso desde 2014.

«Nisenitnitsa»: por qué ceder Donbás es, para ellos, una fantasía ajena

Seleznov fue categórico sobre uno de los supuestos que más circula en los círculos diplomáticos occidentales: la idea de que Putin se conformaría con quedarse con la parte de la región de Donetsk que todavía no controla, dejando el resto en manos ucranianas. Confiar en esa hipótesis, dijo, es directamente «una tontería» (nisenitnitsa). Según su lectura, el objetivo ruso no es territorial en sentido estricto: es control político total sobre Ucrania, con un gobierno leal a Moscú, y no se conformará con menos que eso.

Si esa lectura es correcta, cambia por completo el sentido de todo lo que se está negociando en Oslo y San Petersburgo esta semana. Las garantías de seguridad, la tregua energética, el plan de prosperidad posguerra —todo eso queda reducido a gestión de síntomas, mientras el objetivo de fondo que un experto ucraniano le atribuye a Rusia (control político del país entero) ni siquiera entra en la conversación formal.

Melnyk, más duro todavía: «mientras al menos un kilómetro cuadrado esté ocupado»

El codirector del Centro Razumkov fue, si cabe, más explícito sobre el estatus de Crimea. Al ser consultado sobre los dos escenarios que el Financial Times atribuyó a fuentes de la política europea —congelar la guerra en la línea de contacto actual con veto a la membresía OTAN, o ceder Donetsk y Lugansk a cambio de esa membresía—, Melnyk los descartó ambos como técnicamente irrealizables, y dejó una frase que define el límite real de cualquier negociación: «mientras Crimea esté ocupada, mientras al menos un kilómetro cuadrado de territorio ucraniano esté ocupado, e incluso si Rusia retira sus tropas… todo esto se considerará una disputa territorial que permanecerá durante décadas.»

«La guerra no se trata solo de kilómetros cuadrados o algunas capacidades industriales, minerales, etc. La guerra también trata de símbolos.» Oleksiy Melnyk, Centro Razumkov, entrevista con OBOZ.UA

Melnyk fue también el más corrosivo con las tres alternativas que Europa estaría explorando. Sobre ceder Donbás a cambio de entrada a la OTAN, señala una contradicción que nadie resolvió: «Recordemos cómo Vance, Rubio y Trump dicen unánimemente que Ucrania no debería estar en la OTAN. ¿Cómo pueden reconciliarlo?» Sobre congelar la línea de contacto actual, apunta al vacío de implementación: Europa apenas ensayó un contingente de estabilización de 1.500 soldados para una zona de 1.200 kilómetros, «esto no está implementado» técnicamente. Y sobre la tercera opción —retomar el gas ruso vía Nord Stream a cambio de paz—, fue directamente sarcástico: «¿cuánto tiempo lleváis regresando de la luna? Se bombearon más de 100.000 millones de metros cúbicos de gas ruso a través de Ucrania, y esto en absoluto disuadió a Rusia de la agresión.»

Los Patriot: por qué el número que repite Zelensky no alcanza ni para lo que dice

Melnyk también desarmó, con aritmética simple, uno de los reclamos públicos más repetidos de Zelensky: la escasez de misiles interceptores Patriot. Según explicó, hacen falta entre 1,5 y 2 interceptores para derribar un solo misil balístico ruso. Es decir, los 12 misiles mensuales de los que habla Zelensky ni siquiera equivalen a 12 misiles rusos derribados. Y el dato que vuelve esto casi anecdótico: «Rusia disparó 16 misiles balísticos contra la capital ucraniana» en un solo ataque masivo hace apenas tres días, consumiendo de una sola vez lo que sería la cuota mensual completa de interceptores.

1,5–2
interceptores Patriot necesarios por cada misil balístico ruso derribado
12
misiles Patriot mensuales que Ucrania recibiría, según Zelensky
16
misiles balísticos rusos lanzados contra Kiev en un solo ataque reciente
50%+
de la capacidad de refinación rusa, según Seleznov, ya destruida por ataques ucranianos

Para Melnyk, además, el verdadero peligro no es la escasez de Patriot en sí —la llama «objetivamente imposible de satisfacer hoy»—, sino el intento estadounidense de restringir por otras vías la capacidad ofensiva ucraniana: la limitación de inteligencia y de Starlink, que hace «casi imposible atacar las posiciones de misiles balísticos rusos desde los que se lanzan». Fue incluso más allá, afirmando que la restricción ya no se limita a impedir ataques de largo alcance dentro de Rusia, sino que alcanza a operaciones dentro del propio territorio ucraniano ocupado.

«Improvisación nerviosa»: la lectura ucraniana sobre por qué Trump presiona ahora

Melnyk trazó un paralelo directo con el episodio más recordado de la relación Trump-Zelensky: la disputa en el Despacho Oval de febrero del año pasado, cuando Trump le dijo a Zelensky que «no tiene cartas» (mapas, según la traducción del original) frente a la prensa internacional. Según Melnyk, aquello fue «una producción muy bien montada» —un cálculo frío, con Trump en la cresta de su crédito político recién estrenado el segundo mandato—. La presión actual, en cambio, la describe como algo cualitativamente distinto: «improvisación nerviosa», motivada por el temor a las elecciones de mitad de mandato, no por un plan calculado. «Hoy son pasos emocionales y nerviosos que pueden tener consecuencias aún más trágicas para Ucrania», advirtió —y no descartó que la presión se sostenga más allá del 3 de noviembre, incluso hasta que se instale el nuevo Congreso en enero.

La acusación más dura: «miente constantemente»

Melnyk fue frontal sobre la credibilidad de Trump: «Trump está faroleando. Miente constantemente, no me da miedo esa palabra.» Puso como ejemplo la acusación de que Biden le había entregado misiles Tomahawk a Ucrania —algo que, según Melnyk, Ucrania nunca llegó a recibir—, y lamentó la ausencia de verificación de hechos por parte de la prensa estadounidense frente a ese tipo de afirmaciones. Es una fuente claramente ucraniana, con sesgo evidente en su favor, así que esta acusación puntual conviene tratarla como denuncia de una de las partes, no como hecho verificado de forma independiente en este artículo.

La guerra de infraestructura: cuando ambos bandos dejan de distinguir

Más allá de las posiciones negociadoras, ambos expertos describen con total naturalidad una guerra que ya golpea infraestructura económica y, en los hechos, también civil, de los dos lados. Seleznov detalló ataques ucranianos sobre un centro de datos de VKontakte, una terminal petrolera y un almacén de Ozon —la plataforma de comercio electrónico rusa, equivalente a Amazon— en San Petersburgo y Moscú, celebrándolos como parte de una estrategia racional de desgaste económico: «destruir las partes de la economía que llenan el presupuesto» ruso.

Del otro lado, medios rusos reportaron, la misma semana, un dron ucraniano impactando una locomotora ferroviaria en Lgov, región de Kursk, que dejó a una mujer de 73 años herida por metralla en las piernas; un ataque contra un colectivo de pasajeros en la ruta Lugansk-Perevalsk, con cinco heridos entre los diez ocupantes del vehículo; y una mención, sin mayor detalle disponible, a un impacto en un edificio residencial de varios pisos en Bélgorod.

Una distinción que conviene no borrar del todo

Ninguno de estos datos equipara en escala ni en intención declarada a los bombardeos sistemáticos de Rusia contra la red eléctrica ucraniana en pleno invierno —una estrategia explícitamente diseñada para castigar a la población civil con frío y oscuridad—. Pero si ambos bandos reconocen, cada uno con su propio relato, golpear infraestructura de doble uso y, en ocasiones, directamente civil —almacenes de comercio electrónico, colectivos de pasajeros, trenes—, la narrativa de pureza absoluta de cualquiera de los dos lados («nosotros nunca atacamos civiles») no resiste un examen honesto. Es una guerra de desgaste económico y de infraestructura donde la línea entre objetivo militar legítimo y daño a la población civil se volvió, con cuatro años de desarrollo tecnológico de drones de largo alcance, cada vez más difícil de sostener para cualquiera de los dos gobiernos.

Entre la carpeta de Oslo que pide garantías, tregua y un plan de prosperidad sin ceder territorio, y las voces del propio establishment militar ucraniano que descartan cualquier cesión —ni Donbás, ni mucho menos Crimea, «ni un kilómetro cuadrado»— queda cada vez más claro que lo que se discute esta semana en las cumbres diplomáticas y lo que realmente definiría el fin de la guerra son, por ahora, dos conversaciones distintas que todavía no se tocan. Y mientras ambas partes refinan su capacidad de golpear la economía y, cada vez más, la vida cotidiana del otro, la pregunta de quién cede primero sigue sin respuesta —y, a juzgar por lo que dicen sus propios expertos, nadie en Kiev está dispuesto a ser el primero.


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Fuentes: Entrevista a Vladyslav Seleznov, OBOZ.UA (20 de octubre de 2026). Entrevista a Oleksiy Melnyk, codirector del Centro Razumkov, OBOZ.UA. Financial Times, sobre los escenarios de paz considerados por fuentes de la política europea. Izvestia, sobre los ataques con drones en la región de Kursk y Lugansk (21 de octubre de 2026) —tratado como fuente rusa única, sin corroboración independiente ucraniana u occidental al momento de esta publicación.

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