EE.UU. minimizó las heridas del ataque iraní en Kuwait
Una investigación de The Washington Post revela que los generales al mando de Port Shuaiba ignoraron advertencias de inteligencia antes del ataque con dron que mató a seis soldados. Los sobrevivientes acusan además al Pentágono de minimizar sus heridas.
Soldados estadounidenses estacionados en Port Shuaiba, Kuwait, afirmaron que los generales al mando de la base ignoraron información de inteligencia que advertía que el lugar era un probable objetivo iraní durante la última guerra, antes de un ataque con dron que mató a seis militares el 1 de marzo. Así lo reveló una investigación de The Washington Post publicada el domingo, basada en el testimonio de 17 personas, entre soldados sobrevivientes y otros testigos directos del ataque.
«Sabíamos que era un objetivo identificado»
Según la investigación, la inteligencia estadounidense había advertido ya en enero que el puesto sería blanco de un ataque iraní. Pese a esa alerta temprana, la base no contaba con sistemas de defensa capaces de derribar los drones Shahed que Irán terminaría utilizando: solo se lograron interceptar los drones más pequeños durante el ataque real.
De acuerdo con las estimaciones recogidas por el Post, la base fue elegida por Irán como blanco principalmente porque no había sido atacada durante la primera escalada entre Estados Unidos e Irán, en junio de 2025 — es decir, precisamente por no figurar todavía en la lista de objetivos ya golpeados.
La falta de preparación no se limitaba a las defensas antiaéreas. Según el informe, las zonas de refugio no estaban adecuadamente acondicionadas y no había cobertura aérea para los soldados. Peor aún: varios comandantes presionaron a las tropas para que permanecieran dentro de los edificios en lugar de buscar refugio cuando sonaban las alarmas, y la señal de «todo despejado» se dio apenas treinta minutos antes del ataque mortal del 1 de marzo. Soldados citados en la investigación también afirmaron que los oficiales de la base desalentaban que durmieran en los búnkeres, incluso después de haber pasado horas refugiados por los constantes ataques iraníes previos.
El general que se fue mientras sus soldados quedaban atrás
Uno de los datos más duros de la investigación involucra directamente al mando de la base. Según el reporte, el general de brigada Clint Barnes abandonó las instalaciones tras el ataque con drones, mientras los soldados bajo su mando permanecían en el lugar.
El Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) salió a responder esa acusación con una versión distinta: aseguró que los generales «asistieron inmediatamente con la evacuación del personal en el lugar y trabajaron directamente con el personal sobre el terreno para establecer la responsabilidad inicial antes de ser evacuados médicamente debido a sus propias heridas.»
El informe recoge, además, un dato revelador sobre las consecuencias institucionales del episodio: pese a las advertencias ignoradas y la respuesta cuestionada, no se tomó ninguna acción punitiva ni se asignó responsabilidad alguna contra el mando de la base tras la investigación interna del Ejército.
Ramsbottom, que se encontraba en el edificio impactado, cree además que una de las víctimas fatales, la sargento primero Nicole Amor, podría haber sobrevivido si hubiera contado con más personal médico y suministros en el puesto. Según el informe, semanas antes del ataque ya se habían hecho pedidos de insumos médicos y advertencias sobre la falta de preparación de la base frente a drones — solicitudes que, de acuerdo con los testimonios, no fueron atendidas.
«Culpa y traición»: las heridas que nadie quiso reconocer
La segunda capa de la investigación tiene que ver con lo que pasó después del ataque. A fines de junio, soldados heridos acusaron al Pentágono de minimizar la gravedad de sus lesiones. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, había declarado en marzo que «casi el 90%» de los 400 militares heridos había sufrido lesiones solo leves y ya había regresado al servicio. Pero, según reportó CBS News, varios de esos soldados sostienen desde entonces que sus heridas fueron mucho más graves de lo que esas designaciones oficiales sugerían.
El Ejército estadounidense rechazó de forma tajante esa acusación ante CBS, explicando que designaciones como «no gravemente herido» o «baja en combate» tienen definiciones técnicas específicas que, según su versión, fueron malinterpretadas por los propios soldados y sus familias. Un vocero precisó que las categorías «heridos gravemente» y «heridos muy graves» se reservan exclusivamente para quienes corren riesgo de morir dentro de las 72 horas posteriores a ser heridos.
«El cuidado y el bienestar de nuestros soldados son la máxima prioridad», sostuvo el vocero castrense citado por CBS. «Cualquier afirmación de que el ejército intenta minimizar las heridas de un soldado simplemente no es cierta.»
Cronología de un ataque anunciado
El Ejército confirmó que la investigación sobre «los hechos y circunstancias del ataque» ya concluyó, pero que sus resultados no se harán públicos hasta que se informe primero a los familiares directos de las víctimas. Mientras tanto, tanto Clint Barnes como el general de división John Hinson —los dos mandos al frente de la base— respondieron a los pedidos de comentarios del Post, aunque el Ejército, en su respuesta institucional, evitó abordar directamente los reclamos de los soldados y en cambio defendió en términos generales el liderazgo y la toma de decisiones de la unidad.
Lo que queda, en definitiva, es un patrón que se repite en dos niveles distintos: advertencias de inteligencia que llegaron a tiempo pero no se tradujeron en preparación real, y un sistema institucional que —según los propios soldados que sobrevivieron— optó por minimizar tanto la magnitud del error de mando como la gravedad de las heridas que ese error terminó costando.
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