Mahmoud Ahmadinejad gesticulando con las manos levantadas en un evento.

El Mossad y Ahmadinejad: la operación que Irán descubrió

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El Mossad y Ahmadinejad: la operación que Irán descubrió

Durante años, Israel cultivó en secreto al expresidente más antisemita de la historia reciente de Irán como activo de inteligencia, con la idea de instalarlo como nuevo líder tras la caída del régimen. Hoy está bajo arresto domiciliario, descubierto por sus propios servicios de seguridad.

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Durante años, Israel llevó adelante una operación encubierta para reclutar al expresidente iraní Mahmoud Ahmadinejad como activo de inteligencia — y, en una etapa posterior, llegó a planear instalarlo como nuevo líder de Irán tras el derrocamiento del régimen de los ayatolás. Así lo reveló una extensa investigación de The New York Times publicada este lunes, basada en el testimonio de altos funcionarios estadounidenses e iraníes con conocimiento directo del operativo.

El propio Ahmadinejad, presidente de Irán entre 2005 y 2013 y una de las voces más beligerantes contra Israel en la historia reciente de Medio Oriente —llegó a negar el Holocausto, pidió la destrucción del Estado judío en reiteradas ocasiones, y aceleró el programa nuclear iraní durante su gestión—, se encuentra hoy bajo arresto domiciliario, detenido por el ala de inteligencia del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (IRGC), después de que las autoridades de Teherán descubrieran una parte significativa de sus contactos con Israel.

Guatemala, 2023: el primer contacto

El primer acercamiento documentado no ocurrió en Europa, sino en Centroamérica. Según la investigación del Times, Israel estableció contacto con Ahmadinejad durante un viaje suyo a una conferencia ambiental en Guatemala en 2023. En esa oportunidad, los servicios de seguridad iraníes intentaron impedirle viajar, pero una combinación de publicaciones en redes sociales y una sentada de protesta terminó convenciendo a las autoridades de que lo dejaran partir — sin sospechar, aparentemente, que ese viaje sería la puerta de entrada a una operación de inteligencia de varios años.

La tapadera del cambio climático

El episodio más singular de toda la operación ocurrió a comienzos de 2024, cuando un alto funcionario del gobierno húngaro le pidió a Gergely Deli, rector de la Universidad de Servicio Público Ludovika, en Budapest, que invitara a Ahmadinejad a una conferencia sobre cambio climático.

«Tienes dos enemigos, y si esos enemigos quieren hablar entre ellos, lo mejor es hacer lo que puedas para que hablen.» Gergely Deli, rector de la Universidad Ludovika, sobre su decisión de invitar a Ahmadinejad

Deli reconoció que le habían advertido que la conferencia serviría en realidad como tapadera para un encuentro secreto entre Ahmadinejad y funcionarios de inteligencia israelíes. Pese al riesgo evidente para su propia reputación y la de la universidad, aceptó organizarla. El propio exjefe del Mossad, David Barnea, viajó personalmente a Budapest para reunirse con el expresidente iraní — un nivel de involucramiento personal que, según fuentes estadounidenses citadas por el Times, refleja cuánta prioridad le asignaba Israel a esta operación puntual.

Poco después de ese primer encuentro, el Mossad notificó a la CIA que había logrado establecer un canal de comunicación directo con el expresidente iraní.

Pagos, mensajeros y un segundo viaje a Budapest

En los años siguientes, Israel realizó pagos secretos a Ali Akbar Javanfekr, portavoz de Ahmadinejad, mientras agentes israelíes se reunían con él en varias ocasiones más. Israel también cubrió gastos de alojamiento y viaje del propio expresidente para las reuniones confidenciales mantenidas fuera de Irán.

2 veces logró Ahmadinejad despistar a su propia custodia de la Guardia Revolucionaria durante su segundo viaje a Budapest, en junio de 2025 — apenas días antes de que Israel lanzara los primeros ataques de su campaña de 12 días contra el régimen iraní.

Ese segundo encuentro en la capital húngara ocurrió en un momento crítico: a solo días del inicio de la ofensiva militar israelí contra Irán. La cercanía entre esa reunión y el estallido de la guerra sugiere que la operación de reclutamiento y la planificación militar avanzaban de forma coordinada, no en paralelo.

El bombardeo que no buscaba matarlo

En febrero, ya en los primeros días de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, el complejo residencial de Ahmadinejad fue atacado por un ataque aéreo israelí — pero, según reconstruyó el Times, el objetivo del ataque no era el propio expresidente, sino sus guardaespaldas y su vehículo blindado. El bombardeo funcionó, en los hechos, como la maniobra para liberarlo de la vigilancia de sus custodios y extraerlo del lugar.

Inmediatamente después, operativos del Mossad lo recogieron y lo trasladaron a una casa segura secreta. Fue en ese momento cuando el plan alcanzó su fase más ambiciosa y también su punto de quiebre.

El plan de fondo Según la investigación, Israel contemplaba instalar a Ahmadinejad como líder de un Irán post-régimen, en un esquema que incluía además el apoyo a un levantamiento kurdo dentro del propio país. El objetivo declarado del plan integral era el derrocamiento del gobierno de los ayatolás. La operación, en su conjunto, terminó fracasando: el régimen iraní se mantuvo firme en el poder.

Por qué Ahmadinejad se bajó del plan

Ahmadinejad abandonó la casa segura israelí por razones que, según el Times, todavía no están del todo claras. No volvió a ser visto públicamente hasta que reapareció, semanas después, en el funeral del expresidente de la Guardia Revolucionaria Ali Jamenei — un regreso a la escena pública que, en sí mismo, ya resultaba llamativo dado el hermetismo previo.

Personas cercanas al expresidente ofrecieron distintas explicaciones sobre sus motivaciones para colaborar en primer lugar. Su exasesor Abdolreza Davari fue categórico sobre el móvil: no era el dinero.

«Tiene dinero; cuenta con una amplia red económica. Lo haría por poder. Quiere estar al mando del poder.» Abdolreza Davari, exasesor de Ahmadinejad, a The New York Times

Otro asociado agregó una capa adicional: Ahmadinejad, descalificado en tres ocasiones para presentarse a elecciones presidenciales en Irán, se había vuelto profundamente desconfiado del propio sistema político iraní, y había llegado a hablar abiertamente de su ambición de convertirse en el nuevo gobernante del país con ayuda de potencias extranjeras. Según esa misma fuente, Ahmadinejad se veía a sí mismo como un reformista, y estaba convencido de que, si volvía al poder, Irán terminaría normalizando relaciones con Israel a través de los Acuerdos de Abraham.

Pero esa misma ambición convivía con un temor concreto: que la guerra llevara a Estados Unidos e Israel a elegir a otra figura completamente distinta —y potencialmente más desestabilizadora para la región— en lugar de él. Ese temor a quedar descartado dentro del propio plan que ayudaba a construir podría explicar, en parte, por qué terminó alejándose de la casa segura israelí antes de que la operación llegara a su fase final.

Cronología de la operación

2023 Primer contacto israelí con Ahmadinejad durante una conferencia ambiental en Guatemala.
Principios de 2024 Primer viaje a Budapest bajo la tapadera de una conferencia sobre cambio climático. Reunión personal con el entonces jefe del Mossad, David Barnea.
2024-2025 Pagos secretos al portavoz de Ahmadinejad, reuniones adicionales con agentes israelíes, cobertura de gastos de viaje y alojamiento.
Junio de 2025 Segundo viaje a Budapest para reunirse con agentes israelíes, días antes del inicio de la campaña militar de 12 días contra Irán.
Febrero de 2026 Ataque aéreo israelí contra los guardaespaldas y el vehículo blindado de Ahmadinejad; extracción por parte de operativos del Mossad hacia una casa segura.
Fecha indeterminada Ahmadinejad abandona la casa segura israelí por razones no esclarecidas.
6 de julio de 2026 Reaparece públicamente por primera vez, en el funeral del expresidente de la Guardia Revolucionaria Ali Jamenei.
Julio de 2026 El IRGC lo pone bajo arresto domiciliario tras descubrir una parte sustancial de sus contactos con Israel.

Una advertencia que Ahmadinejad ya había hecho pública

Lo llamativo es que el propio Ahmadinejad había insinuado, mucho antes de que se conociera esta investigación, hasta qué punto el Mossad había penetrado el aparato de seguridad iraní. En una entrevista de 2024 con la cadena turca CNB, contó que las autoridades de Teherán habían creado una unidad específica para contrarrestar las operaciones del Mossad dentro de Irán — solo para descubrir después que el propio comandante designado para dirigirla era, él mismo, un agente israelí.

«Israel organizó operaciones complejas dentro de Irán. Podían obtener información con facilidad. La gente en Irán todavía guarda silencio sobre esto. El hombre que estaba a cargo de la unidad iraní encargada de contrarrestar a Israel era un agente israelí.» Mahmoud Ahmadinejad, entrevista con CNB, 2024

Esa declaración, en su momento, podía leerse como una simple denuncia genérica sobre la infiltración israelí en los servicios de inteligencia iraníes. Con la información que hoy aportó el Times, resulta imposible no releerla bajo una luz distinta: Ahmadinejad hablaba, probablemente, con un conocimiento mucho más íntimo del que aparentaba sobre cómo operaba el Mossad dentro de su propio país — incluyéndolo, aparentemente, a él mismo como parte de la ecuación.

Un plan fallido, pero no inocuo

La operación en su conjunto —reclutamiento, intento de instalación como nuevo liderazgo, apoyo a un eventual levantamiento kurdo— terminó siendo un fracaso en términos de su objetivo final: el régimen de los ayatolás sigue firmemente en el poder en Teherán. Pero el episodio deja una marca que probablemente perdure mucho más allá de su resultado inmediato: la confirmación pública, con nombres y fechas, de que Israel llegó a evaluar seriamente instalar en el poder a uno de sus enemigos históricos más virulentos, con tal de asegurar un liderazgo iraní distinto al de Jamenei.

Para Ahmadinejad, el desenlace es, en el mejor de los casos, irónico: el hombre que durante su presidencia impulsó el programa nuclear iraní y llamó reiteradamente a la destrucción de Israel termina hoy bajo arresto domiciliario, acusado por su propio régimen de haber sido, durante años, un interlocutor secreto del mismo enemigo al que públicamente juró aniquilar.

¿Por qué se conoce esto justo ahora?

Vale hacerse la pregunta incómoda: ningún servicio de inteligencia —ni el Mossad, ni la CIA, ni sus contrapartes iraníes— filtra información de este calibre por casualidad ni por un simple apuro periodístico. Si una operación de años, con nombres propios de un exjefe del Mossad y de un expresidente, termina en la portada de The New York Times, es porque a alguien le convino que así fuera, en este momento particular.

Hay al menos tres lecturas posibles, y no son excluyentes entre sí:

La explicación operativa: mientras la operación seguía activa, ninguna fuente israelí, estadounidense o iraní tenía incentivo alguno para hablar — hacerlo habría significado quemar el activo en pleno funcionamiento. Recién cuando el propio Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica descubrió los contactos y detuvo a Ahmadinejad, la operación quedó formalmente «quemada» y las fuentes de am­bos bandos quedaron liberadas para confirmar detalles a la prensa.

La explicación de guerra psicológica: la revelación llega en pleno recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán por el control del estrecho de Ormuz, con Trump anunciando bloqueos renovados y nuevos aranceles. Exhibir que el propio liderazgo histórico iraní tuvo tratos secretos con el Mossad siembra desconfianza dentro del aparato de poder de Teherán —¿quién más podría estar comprometido?— justo en el momento en que el régimen más necesita proyectar cohesión hacia el exterior.

La explicación de mensaje interno iraní: exponer públicamente el caso también le sirve al propio régimen de Jamenei como exhibición de «mano dura contra la traición» frente a su población, en medio de una guerra donde la cohesión interna es un activo tan valioso como cualquier arma.

Ninguna de las tres motivaciones cancela a las otras — perfectamente pueden operar en simultáneo. Lo que no resiste el análisis es la lectura ingenua de que esta historia «simplemente salió a la luz»: en el negocio de la inteligencia, cada filtración es, en sí misma, una jugada tan calculada como cualquier operación encubierta que describe.


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