Donald Trump y Xi Jinping sobre fondo rojo con estrellas chinas.

El «Día D» que delata la debilidad de Trump

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El «Día D» que delata la debilidad de Trump

Trump anuncia una «guerra económica sin precedentes» contra Irán. Su propio secretario del Tesoro tuvo que salir a aclarar que no significa volver a los bombardeos — y ahí está la clave de todo

Donald Trump prometió esta semana un «Día D económico» contra Irán — una operación que calificó de «aplastante», diseñada para «paralizar» al país. Pero el mensaje más revelador no vino de Trump: vino de su secretario del Tesoro, Scott Bessent, que tuvo que salir a tranquilizar a los mercados aclarando que un regreso a los combates «a gran escala» era poco probable. Irán también estaba escuchando esa aclaración.

Amenazas grandes, guerra que no vuelve

«Estos maníacos están contra las cuerdas, y estas MEDIDAS HISTÓRICAS los paralizarán a ellos y su capacidad para proyectar terror en todo el mundo», escribió Trump en Truth Social el miércoles por la noche, advirtiendo sobre una «guerra económica y aislamiento a una escala sin precedentes» contra cualquier país que le dé un «salvavidas» a Irán.

El problema es que no es la primera vez. Trump ya amenazó repetidamente con destrucción a gran escala, para después retirarse cada vez que la amenaza se acercaba a concretarse. En junio había hablado de su temor a que una guerra prolongada empujara a Estados Unidos hacia una «depresión» económica. Y lo que él mismo describió como una «pequeña excursión» de semanas está a punto de cumplir seis meses.

Lo que la guerra ya costó

Los precios de la gasolina en Estados Unidos siguen más de un dólar por galón por encima de los niveles previos a la guerra. Bases militares estadounidenses en el Golfo Pérsico resultaron gravemente dañadas. Murieron 18 militares estadounidenses. Las municiones se agotaron. Y pese a todo eso, un acuerdo de cese al fuego —incluso una reapertura plena del Estrecho de Ormuz— sigue siendo esquivo.

«Están jugando a las damas, no al ajedrez»

La crítica más dura no vino de un opositor político ni de un analista externo — vino de un exnegociador que trabajó para presidentes de los dos partidos.

Dennis B. Ross, ex enviado de Medio Oriente, describió el problema de fondo: «Ahora lo interpretan como alguien que no quiere escalar la escalada militar. Eso crea un incentivo para que demuestren que pueden escalar militarmente» — refiriéndose a cómo los líderes iraníes están leyendo la reticencia de Trump a volver a la guerra. Sobre el enfoque general de la administración, fue todavía más tajante: «No he visto, durante todo este proceso, la capacidad de pensar más allá del siguiente paso inmediato. Están jugando a las damas. No están jugando al ajedrez.»

18
Militares de EE.UU. muertos en la guerra
$1+
Dólares más por galón de nafta
$40 bill.
Deuda pública de EE.UU. esta semana
90%
Exportaciones petroleras iraníes que compra China

La respuesta de Teherán: «ya vimos esta película»

El canciller iraní, Abbas Araghchi, respondió el viernes en X con un desprecio calculado: «Ya vimos esta película antes. Mismo toro, distintos matadores.» Y devolvió el golpe apuntando directo a la vulnerabilidad económica estadounidense: calificó la ofensiva de «distracción de la propia crisis de Estados Unidos: deuda sin precedentes y costos de interés en alza» — justo la misma semana en que la deuda pública estadounidense superó el umbral de los 40 billones de dólares.

El terrorismo económico de Estados Unidos amenaza la economía global y la soberanía en todo el mundo.

Abbas Araghchi, canciller de Irán

Un país con siete fronteras terrestres no se aísla con un bloqueo naval

Hay un problema geográfico de fondo que ninguna sanción resuelve, por más dura que sea en el papel.

Irán limita por tierra con Pakistán, Afganistán, Turkmenistán, Azerbaiyán, Armenia, Turquía e Irak, además de tener costa sobre el Golfo Pérsico y el Mar Caspio. Cualquier promesa de «aislamiento total» o «guerra económica sin precedentes» tiene que enfrentar esa realidad: no existe forma práctica de controlar cada cruce fronterizo terrestre con siete países distintos, varios de los cuales —Turquía, miembro de la OTAN; Irak, con gobierno instalado tras la propia invasión estadounidense; Pakistán, con una relación ambigua con Washington— tienen intereses propios que no necesariamente coinciden con los de Estados Unidos. El bloqueo naval en el Estrecho de Ormuz puede encarecer y dificultar el comercio marítimo iraní, pero la idea de un aislamiento hermético choca de frente con el mapa.

La pieza que decide todo: China

Cualquier plan de «aislamiento total» contra Irán choca de frente con un solo país, que compra la mayor parte de su petróleo.

«China es la pieza indispensable» de cualquier campaña de presión económica contra Irán, dijo Miad Maleki, investigador de la Foundation for Defense of Democracies. «Ningún sustituto puede absorber crudo iraní a la escala de China.» Durante décadas, Pekín desafió las sanciones occidentales comprando hasta el 90% de las exportaciones petroleras iraníes, además de suministrarle tecnología y materia prima para su arsenal de misiles y drones.

El problema para Trump es que necesita a China cooperando en este tema, justo cuando está cuidando al máximo esa misma relación: Xi Jinping visita Washington el 24 de septiembre, su primera visita de Estado desde 2015. En la última cumbre, en Pekín en mayo, Trump no desafió a Xi en temas divisivos como Taiwán, y lo calificó de «gran líder».

La carta que China ya jugó una vez

China demostró el año pasado el poder real de su influencia cuando obligó a Trump a pausar una guerra comercial completa cortando las exportaciones de minerales críticos — la misma pieza clave que hoy sostiene buena parte de la industria armamentística estadounidense, ya de por sí desgastada por la guerra con Irán. Esa distensión se sostuvo hasta ahora. La amenaza del «Día D económico» pone en duda si va a seguir así.

La asimetría de fondo va más allá de ese episodio puntual: China lleva más de dos décadas construyendo independencia energética real —diversificación de rutas terrestres, reservas estratégicas propias, y una red de refinerías independientes conocidas como «teapots», que operan desconectadas del sistema financiero global y por eso quedan mucho menos expuestas a las sanciones estadounidenses—. Esa construcción paciente le da a Pekín una capacidad de resistencia que Washington, dependiente de mantener buena relación con China para su propia industria de defensa, simplemente no tiene en la misma medida.

Edward Fishman, Council on Foreign Relations

«Irán ha estado bajo sanciones integrales durante años. Lo único importante que queda por hacer es atacar agresivamente a los socios comerciales de Irán — sobre todo, a China.» Y agrega la duda de fondo: «Soy escéptico de que Trump esté dispuesto a arriesgarse a provocar una guerra económica con China en este momento.»

Wu Xinbo, Universidad Fudan (asesora al gobierno chino)

«Esta amenaza revela lo desesperada que se ha vuelto la administración Trump respecto a Irán. Lanzan esta amenaza, no porque crean que es viable, sino porque no tienen otras opciones» para salir de este «dilema autoimpuesto».

Diao Daming, Universidad Renmin de China

«Estados Unidos no es un tigre de papel. Puede morder y causar sangrado.» Pero advierte: «también se perjudicará a sí mismo, lo cual no beneficia a ninguno de los dos países.»

Wang Zichen, Centro para China y la Globalización

«A estas alturas ya existe un considerable descuento en la credibilidad asociado a declaraciones individuales del presidente Trump sobre Irán» — sugiriendo que las amenazas podrían ser, simplemente, fanfarronería.

El retiro militar que envalentona a Pekín

Analistas chinos leen la guerra en Irán —que la Casa Blanca parece incapaz de cerrar en términos favorables— como una señal de debilidad creciente de Estados Unidos. Esa lectura se refuerza con un dato concreto: Washington viene retirando activos militares del Pacífico que antes proyectaban poder frente a China, incluido el traslado del portaaviones George Washington fuera de la región para apoyar operaciones en Medio Oriente. Cada barco que se va de Asia para sostener la guerra con Irán es, a ojos de Pekín, un frente menos vigilado en su propio patio.

Los EAU cortan lazos, mientras China no se mueve

La escalada más reciente llegó el miércoles, cuando los Emiratos Árabes Unidos —socio económico clave del otro lado del Golfo— anunciaron que detendrán todas las transacciones comerciales y financieras con Irán. Es una señal real de presión regional. Pero el propio portavoz del ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, dijo el viernes que su país se opone a las sanciones unilaterales y que la presión «no resolverá la crisis en Irán» — dejando claro que, por ahora, Pekín no tiene intención de sumarse al bloqueo.

Por qué «lame duck» es la peor palabra para Trump

Para cualquier presidente, perder poder de maniobra en el tramo final del mandato es incómodo. Para alguien con la necesidad de proyectar fuerza y control absoluto que tiene Trump, es prácticamente insoportable.

El término «lame duck» —literalmente «pato rengo»— describe al mandatario que, aunque formalmente sigue en el cargo, ya perdió buena parte de su capacidad real de imponer condiciones, porque el resto de los actores políticos saben que su margen de acción se agota. Y las señales se acumulan con una velocidad que a Trump no le da tiempo de revertir: su aprobación cayó de 52% a 38% desde que asumió, con caídas todavía más marcadas entre los latinos (38 puntos negativos) y los jóvenes; senadores de su propio partido ya le votaron en contra en temas clave; y las primarias legislativas de estas últimas semanas mostraron derrotas repetidas de los candidatos que él mismo respaldó.

A eso se suma el calendario, que ya no le da margen: las elecciones de mitad de mandato están a la vuelta de la esquina, y lo que se juega ahí no es su propia reelección —algo que Trump sabe que no es una opción realista— sino el control del Congreso. Si su partido pierde la mayoría en la Cámara de Representantes, se abre la puerta a algo mucho más concreto que una simple mala noticia electoral: la posibilidad real de que se activen nuevos procesos de juicio político en su contra, sobre cualquiera de los frentes que ya tiene abiertos. Con la gasolina todavía más de un dólar por galón por encima de los niveles previos a la guerra, y una guerra con Irán que ya lleva casi seis meses sin ningún cierre favorable a la vista, cada semana que pasa sin resultados concretos es una semana menos para revertir el humor del electorado antes de que decida quién controla el Congreso los próximos dos años.

Bessent lo dijo con más honestidad de la que probablemente pretendía: «Si estamos haciendo la máxima presión económica, eso significa que probablemente no habrá un reinicio cinético a gran escala. Pero quiero enfatizar que eso es por ahora.» Es la definición exacta de un gobierno que agotó su opción más dura —la guerra— y ahora apuesta todo a una presión económica que depende, en última instancia, de la buena voluntad de China, justo cuando Trump más necesita esa relación intacta para la visita de Xi en septiembre, y mientras un país con siete fronteras terrestres se ríe de la palabra «aislamiento». Con las encuestas en caída, la gasolina cara, las midterms encima, y su principal instrumento de presión en manos de alguien a quien no puede permitirse enojar, Trump encaja cada vez más en la definición de «lame duck» — y para alguien que construyó toda su identidad pública sobre la idea de ser el más fuerte de cualquier sala, esa etiqueta pesa mucho más que cualquier cifra de encuesta. Se parece cada vez menos a quien dicta las reglas del juego, y cada vez más a alguien jugando a las damas, esperando que el otro no note que se quedó sin piezas para el ajedrez.


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