Un mismo molde de estafa, repetido durante tres décadas: prometer rentabilidad fija sobre vacas que, muchas veces, nunca existieron
Prometer una renta fija en dólares a cambio de «invertir en vacas» suena, para mucha gente, más confiable que cualquier cripto o fondo abstracto: es algo tangible, del campo, de toda la vida. Esa confianza es, exactamente, lo que un puñado de estafadores viene explotando desde los años 90, con un mismo libreto que se repite de país en país, de década en década, hasta terminar siempre igual: plata que desaparece y vacas que nunca existieron.
El molde original: Boi Gordo, Brasil
El antecedente más grande de este tipo de fraude nació en Brasil en los años 90, con Fazendas Reunidas Boi Gordo, liderada por Paulo Roberto de Andrade. La fórmula fue clara desde el arranque: promesas de rentabilidad superiores al 42,5% en apenas 18 meses, marketing agresivo y una estrategia de prestigio que incluyó patrocinar equipos de fútbol y sumar como socios inversores a jugadores famosos como Vampeta y Marcelinho Carioca. Hasta la telenovela «O Rei do Gado», de la cadena Globo, se filmó en los campos del grupo.
Detrás de esa fachada había una pirámide clásica: el dinero de los inversores nuevos pagaba los rendimientos de los antiguos. Cuando colapsó, dejó una megaestafa de más de 1.200 millones de dólares y afectó a más de 30.000 personas — el mayor fraude agrofinanciero de la historia basado en la ilusión de activos biológicos.
Dos casos en Estados Unidos, mismo mecanismo
El modelo no quedó encerrado en Sudamérica. Entre 2017 y 2019, Mark Ray operó desde Denver un esquema de «cattle-flipping» que movió cientos de millones de dólares con la promesa de comprar y revender ganado a gran velocidad. En realidad, usaba el dinero de nuevos inversores para pagarles a los anteriores — el mismo patrón, con otro nombre. Ray terminó condenado en 2023 a 50 meses de prisión y obligado a devolver más de 23 millones de dólares.
El otro caso, distinto en su mecánica pero igual de revelador, es el de Cody Allen Easterday, en Washington: le cobró a Tyson Foods y a otra compañía más de 244 millones de dólares por comprar y alimentar cientos de miles de reses que, directamente, no existían. Fue condenado a 11 años de prisión.
Uruguay: cuatro fondos, un mismo desenlace
El timing real es más cínico de lo que parece: Conexión Ganadera se fundó en 1999, justo cuando Boi Gordo ya estaba mostrando las primeras grietas de su propio colapso en Brasil. No hubo «dos décadas de distancia» entre un caso y el otro — hubo una superposición casi directa, como si alguien hubiera mirado la fórmula brasileña resquebrajarse y decidido importarla al país de al lado, esta vez con el sello extra de garantía del sistema de trazabilidad ganadera del que Uruguay se jactaba como único en el mundo.
Comenzó a posicionar contratos de participación ganadera entre 2019 y 2020, con rendimientos fijos imposibles de sostener con los márgenes reales del negocio. Su caída, tras ser denunciado por apropiación indebida y asociación para delinquir, disparó el efecto dominó sobre el resto. Jairo Larrarte ya fue condenado y cumple prisión: estafó a unas 170 personas por US$ 12 millones.
Dejó a más de 1.400 personas afectadas y un vacío de US$ 60 millones (de un activo declarado de 80 millones, solo quedaban 20). Sus responsables, Jasidakis y Mussio, atribuyeron el colapso a la sequía y a un contador con «manejo desprolijo». La empresa reconoció un pasivo de US$ 90 millones al entrar en concurso.
El fondo ganadero más grande de Uruguay, con cerca de 4.300 inversores y US$ 400 millones captados. La Justicia confirmó un pasivo final de US$ 387 millones contra apenas US$ 115 millones en activos. Entre el 70% y el 75% de los ahorristas no tenía, en rigor, ningún animal asignado.
Anunció a sus 403 inversionistas la «imposibilidad» de cumplir con los pagos, ya con denuncia penal en curso. Un analista financiero consultado por la prensa uruguaya llegó a decir, sin vueltas, que «este es un país que alienta la estafa».
Vacas fantasma en el sistema «único en el mundo»
Uruguay presumía tener uno de los sistemas de trazabilidad bovina más avanzados del planeta: cada animal, con un código oficial registrado ante el Ministerio de Ganadería. Ese mismo sistema terminó siendo el disfraz perfecto del fraude. La Justicia encontró identificadores sin uso guardados en cajas y declaraciones juradas falsificadas. «Era ganado virtual, no existía», resumió el asesor financiero Felipe Caorsi.
El agujero regulatorio de fondo fue clave: estas empresas operaban clasificadas como agroempresas, lo que las dejaba fuera de la supervisión que el Banco Central aplica a los negocios financieros. Nadie verificaba, en tiempo real, que la plata puesta para «comprar vaquillonas» se usara efectivamente para eso.
Un dueño muerto en circunstancias que la fiscalía investigó como intencionales
El 28 de noviembre de 2024, Gustavo Basso, uno de los dos socios de Conexión Ganadera, murió en un choque con su Tesla contra una máquina vial en una obra de doble vía. Según la pericia solicitada por la fiscalía, segundos antes del impacto Basso presionó el acelerador del 38% al 90% mientras el volante permaneció sin movimiento — la conclusión oficial fue que él mismo provocó el choque.
Ese mismo día se conoció la caída de República Ganadera. Días después, cayeron también Conexión Ganadera y Portfolio Capital, en una cadena casi inmediata.
Era un encantador de serpientes.
Martín Fablet, periodista e inversor damnificado, sobre Gustavo BassoBasso no era una figura marginal: era un empresario respetado, activo en la comunidad católica de la ciudad de Florida. Su socio, Pablo Carrasco, tenía perfil mediático propio como comentarista de radio. Ese prestigio compartido —igual que los futbolistas de Boi Gordo en Brasil— fue parte del combustible que hizo confiar a miles de personas: entre los damnificados figuran políticos, profesionales, sacerdotes y hasta embajadores extranjeros.
El destino de la plata
Las investigaciones judiciales encontraron que buena parte del dinero captado no fue a parar al negocio ganadero, sino a la compra de tierras, autos de alta gama, frigoríficos, propiedades en el exterior y cuentas en paraísos fiscales, entre ellos Andorra. La fiscalía de lavado de activos uruguaya, además, investiga posibles ramificaciones del dinero hacia Argentina y Paraguay.
Entre los damnificados hay al menos 60 inversores argentinos, con montos que van de los 50.000 a los 800.000 dólares por persona — en varios casos, los ahorros de toda una vida. También hay franceses, españoles, estadounidenses y hasta un empresario indio.
Cuando un senador recomienda la estafa
La confianza que sostuvo a Conexión Ganadera durante 25 años no fue solo social y religiosa. Tuvo, además, un canal político concreto, y no fue un consejo susurrado entre amigos: el senador Sebastián Da Silva, del Partido Nacional, lo dijo con micrófono abierto en el programa radial «Fácil Desviarse».
Recomiendo uno solo […] tiene solidez, tiene casa propia, es un esquema hiper vertical.
Sebastián Da Silva, senador, sobre Conexión GanaderaDa Silva llegó a describir a la empresa como algo con la solidez suficiente como para que «mañana venga un estornudo» y no le afecte la plata a los inversores. Lo dijo apenas uno o dos días después de la muerte de Gustavo Basso, uno de los dos dueños de Conexión Ganadera — el propio Da Silva menciona la muerte reciente de Basso en ese mismo video. Es decir: el «estornudo» que descartaba como riesgo remoto ya había ocurrido, con nombre y apellido, y aun así sostuvo la recomendación como si nada hubiera cambiado.
Después, cuando el escándalo terminó de estallar públicamente, defendió el negocio desde su banca con un argumento de no intervención: lo calificó de «negocio entre privados» y sostuvo que la responsabilidad del Estado y de la sociedad es «inexistente».
El propio Carrasco documentó públicamente su cercanía con esa misma lista política. El 27 de octubre de 2024, en plena campaña presidencial, publicó en X la boleta completa de la Lista 40 del Partido Nacional —con Álvaro Delgado a presidente y Javier García en la fórmula— calificando a García como uno de «los mejores de todos nosotros» y anunciando que iba a votarlos «con mucha alegría». Según el asesor financiero Felipe Caorsi, Carrasco llegó a reconocer que Conexión Ganadera ponía dinero para esa misma lista, «porque era su lista».

Captura del posteo de Pablo Carrasco en X, 27 de octubre de 2024, mostrando la boleta completa de la Lista 40.
El episodio no quedó en un simple cruce de tuits. En agosto de 2025, la vinculación de Da Silva con la empresa terminó en pleno recinto del Senado: el senador frenteamplista Nicolás Viera lo acusó de haber andado «micrófono por micrófono» recomendando la inversión, lo que derivó en un cruce a los gritos e insultos que obligó a suspender la sesión. Incluso el propio ministro de Ganadería, Alfredo Fratti, zanjó la discusión sin margen de duda: «todo el mundo sabe» que Da Silva la recomendó, y agregó que «alguien que entiende de campo no puede recomendar una cosa que da el 10% porque no existe, ni existió, ni va a existir en el país».
Sebastián Da Silva en el programa «Fácil Desviarse», recomendando invertir en Conexión Ganadera:
Boi Gordo, Mark Ray, Easterday Ranches, Larrarte, República Ganadera, Conexión Ganadera, Portfolio Capital: seis nombres, tres países, y una fórmula que no se copió después de fracasar, sino casi en simultáneo con su propio derrumbe original. El ganado es el disfraz perfecto para una estafa financiera porque combina dos cosas que generan confianza automática — algo físico que se puede «ver» y una tradición productiva de generaciones. Pero ni la vaca más real del mundo puede sostener una rentabilidad que la biología no permite, y ni el aval de un senador puede transformar una promesa insostenible en un negocio real. Cuando la rentabilidad suena demasiado buena para ser cierta en el campo, probablemente sea porque, en algún depósito, hay una caja llena de caravanas de identificación esperando a una vaca que jamás existió.
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