El silencio armado de la India
Mientras Modi llama «hermano» a Netanyahu y ambos evitan mencionar Gaza en público, empresas del propio Estado indio le siguen vendiendo a Israel las piezas con las que se arma la guerra.
En febrero de este año, Narendra Modi se convirtió en el primer líder indio en dirigirse al Knesset, el parlamento israelí. Recibió una ovación de pie. Benjamin Netanyahu lo llamó, textualmente, «hermano». Firmaron más de una decena de acuerdos, elevaron el vínculo bilateral a «Asociación Estratégica Especial», y prometieron profundizar la cooperación en defensa e inteligencia artificial. En ningún momento de la visita, ninguno de los dos mencionó públicamente lo que ocurre en Gaza.
Ese silencio diplomático tiene, según una investigación reciente de Amnistía Internacional, un correlato mucho más concreto que cualquier gesto protocolar: empresas del propio Estado indio le siguen vendiendo armas al ejército israelí, envío por envío, factura por factura, mientras la Corte Internacional de Justicia ya estableció formalmente el riesgo de genocidio contra la población palestina en Gaza.
01Lo que encontró Amnistía
El equipo de investigación de Amnistía Internacional identificó al menos 2.596 envíos de armas, munición, partes y componentes exportados desde India hacia Israel entre el 7 de octubre de 2023 y el 30 de noviembre de 2025. No se trata de material genérico o ambiguo en su destino final: entre los envíos documentados aparecen componentes de ametralladoras para armas ya desplegadas por las fuerzas israelíes en Gaza, proyectiles de artillería de alto poder explosivo de 155 milímetros suministrados a Elbit Systems, ojivas para la munición merodeadora Skystriker —un modelo que Amnistía identificó entre los escombros en Jan Yunis— y componentes de vehículos blindados destinados a los principales proveedores del ejército israelí.
India no está vendiendo armas por necesidad. Lo hace porque puede, y porque le conviene.
Del lado israelí, los pedidos fueron recibidos por Elbit Systems, Rafael Advanced Defense Systems e Israel Aerospace Industries — las tres empresas que Amnistía ya había señalado en 2025, pidiendo a todos los Estados y entidades privadas del mundo que cesaran cualquier actividad comercial con ellas por el riesgo de «ser cómplices de los crímenes de lesa humanidad de apartheid y genocidio».
02No son empresas cualquiera
Lo que distingue este caso de otras cadenas de suministro militar más difusas es que varias de las empresas indias señaladas no son actores privados sueltos operando en un vacío regulatorio. Son, en varios casos, sociedades conjuntas con la propia industria armamentística israelí, o directamente de propiedad estatal.
- PLR Systems Private Limited, que fabrica componentes de ametralladoras, es una empresa conjunta entre Adani Defence & Aerospace e Israel Weapon Industries.
- Munitions India Limited, que fabrica proyectiles de artillería de alto poder explosivo, es de propiedad estatal directa.
- Kalyani Systems, fabricante de proyectiles y casquillos de artillería, es subsidiaria del conglomerado Bharat Forge.
- Alpha Elsec Defence & Aerospace Systems, que produce ojivas, es una empresa conjunta entre Alpha Design Technologies y la propia Elbit Systems.
En otras palabras: no es que el Estado indio mire para otro lado mientras compañías privadas comercian libremente. En al menos dos de los casos documentados, el propio Estado —o empresas mixtas con participación estatal— es socio directo del negocio.
03El argumento que India ya no puede usar
Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional, fue precisa en un punto legal clave: las autoridades indias no pueden alegar desconocimiento. La Corte Internacional de Justicia ya dictó medidas provisionales que reconocen el riesgo de genocidio de la población palestina en Gaza —una determinación judicial internacional, no una opinión editorial—. Callamard sostuvo que la investigación revela que India «sigue apoyando al ejército y al sector de la defensa israelíes pese al genocidio en Gaza que desde hace años se retransmite a todo el mundo casi a diario».
En junio y julio de este año, Amnistía Internacional envió cartas formales al Estado de India y a las nueve empresas mencionadas en el informe, detallando cada uno de los hallazgos. Al momento de publicarse la investigación, ninguna de las dos partes había respondido. India, además, según señala Amnistía, no solo se abstuvo de regular las exportaciones de armas de empresas privadas conforme al derecho internacional, sino que reforzó activamente su colaboración con Israel en materia de defensa durante el mismo período que documenta el informe.
04Algo más que negocio: la afinidad ideológica
Reducir esta relación a puro pragmatismo comercial sería, probablemente, una simplificación. Hay una capa adicional, menos citada en la cobertura tradicional, que ayuda a explicar por qué India sostiene este vínculo con tanta firmeza incluso frente al costo reputacional: una convergencia ideológica cada vez más visible entre el nacionalismo hindú —el Hindutva que impulsa el propio Modi— y el sionismo de derecha que hoy gobierna Israel.
En 2025, India recibió con gestos de cordialidad oficial a Bezalel Smotrich —el mismo ministro de Finanzas israelí que, según trascendió después, incluye a Arabia Saudita entre los territorios de su visión expansionista del «Gran Israel»—, una figura vetada en varios países de la Unión Europea por sus declaraciones contra la población palestina. Y cuando la red social X hizo pública brevemente el país de origen de sus usuarios, se descubrió que varias cuentas pro-Israel con fuerte actividad en la plataforma en realidad se manejaban desde India —un dato que ilustra hasta qué punto sectores del nacionalismo hindú vienen presentando a la causa palestina como supuestamente «antihindú», en un ejercicio de islamofobia doméstica que encuentra en el conflicto de Medio Oriente una causa afín para proyectar hacia afuera.
05El Diálogo de los Melios, con la parte del diálogo tachada
Hace casi dos mil quinientos años, Tucídides registró en su Historia de la guerra del Peloponeso el momento en que los enviados de Atenas le explicaron a la pequeña isla de Melos, antes de destruirla, la lógica desnuda del poder: los fuertes hacen lo que su poder les permite hacer, y los débiles aceptan lo que deben aceptar. Fue el primer registro escrito de lo que siglos después se sistematizaría como la doctrina del Darwinismo Geopolítico: la competencia entre Estados no responde a la moral, responde al interés.
El caso de India e Israel encaja en esa lógica con una precisión casi incómoda, aunque con una diferencia respecto al texto original: en el Diálogo de los Melios, al menos, Atenas se sentó a discutir con Melos, aunque fuera para amenazarla antes de aniquilarla. India ni siquiera concedió esa formalidad. Amnistía Internacional escribió, documentó, detalló empresa por empresa y envío por envío. La respuesta, hasta ahora, fue directamente el silencio.
Y es un silencio que no responde a ninguna urgencia estructural. India no es un Estado acorralado que necesite ese ingreso para sobrevivir, ni depende militarmente de Israel para garantizar su propia seguridad nacional. Es la quinta economía más grande del planeta, con industria de defensa propia en expansión y decenas de socios comerciales alternativos disponibles. Sostiene esta relación porque le conviene estratégicamente, porque hay negocio de por medio, y porque existe una afinidad ideológica real con el gobierno que la recibe. No hay necesidad que lo explique. Solo hay una elección, sostenida envío tras envío, mientras la carta de un organismo de derechos humanos sigue, hasta hoy, sin respuesta.
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