El embajador estadounidense invocó los Diez Mandamientos contra los colonos que roban tierra palestina. Su propio gobierno canceló las sanciones que castigaban exactamente eso, horas después de asumir
El embajador de Estados Unidos en Israel, Mike Huckabee, le advirtió el 20 de agosto a los colonos extremistas de Cisjordania que no roben propiedades de palestinoestadounidenses, citando los Diez Mandamientos: «No robarás». El mensaje llega dieciocho meses después de que su propio gobierno, horas después de asumir, cancelara las sanciones que Joe Biden había impuesto exactamente contra ese tipo de violencia.
«No se toma algo que no te pertenece»
Consultado sobre qué mensaje tiene la administración Trump para los colonos que consideran confiscar casas o tierras de ciudadanos estadounidenses de origen palestino —como la de Loui Abu Ridi, que viajó desde Estados Unidos temiendo perder su propiedad en Qusra—, Huckabee apeló directamente a las escrituras.
Creo que el mensaje es más grande que incluso la administración Trump. Es un mensaje de civilidad básica y comportamiento civilizado. No se toma algo que no te pertenece.
Mike Huckabee, embajador de EE.UU. en IsraelCitando los Diez Mandamientos, Huckabee agregó que la gente no debe tomar ni «codiciar» lo que pertenece a otros: «Si alguien es dueño de la tierra y es dueño de su casa, entonces que alguien venga a tomársela y asuste a la familia para que la abandone, eso es una violación, no solo de la ley humana. Eso es una violación de la ley de Dios.»
No es la primera vez que Huckabee se pronuncia con esta dureza. La semana anterior había calificado a los responsables del asedio de Qusra directamente como «terroristas israelíes» — una palabra que los funcionarios estadounidenses suelen reservar exclusivamente para militantes palestinos, según reportó Reuters. Es, según varios analistas, la reprimenda más dura que la administración Trump haya hecho pública contra la violencia de colonos.
El mismo hombre que le dio alas a la anexión
Antes de invocar los Diez Mandamientos, Huckabee ya había dejado clarísimo cuál es su verdadera posición de fondo sobre la tierra en disputa.
En febrero de 2026, en una entrevista con Tucker Carlson, le preguntaron si Israel tenía derecho religioso a un territorio que, según la interpretación bíblica que manejaba el propio Carlson, se extendería «del Nilo al Éufrates» — es decir, buena parte de Medio Oriente. Huckabee respondió sin ambages: «estaría bien si lo tomara todo». Aunque después aclaró que Israel no estaba buscando hacerlo, afirmó la legitimidad teológica de esa idea de «Gran Israel», apoyándose en el pacto bíblico del Génesis.
Estaría bien si lo tomara todo.
Mike Huckabee, sobre un eventual control israelí de «todo Medio Oriente»La reacción internacional fue inmediata y masiva: catorce países —incluidos Arabia Saudita, Egipto, Jordania y Turquía— condenaron formalmente los comentarios de Huckabee, calificándolos de «violación flagrante de los principios del derecho internacional y de la Carta de la ONU» y de representar «una grave amenaza a la seguridad y estabilidad de la región». La Organización de Cooperación Islámica advirtió que esa retórica «alimentaría el extremismo y alentaría a la ocupación israelí a continuar con medidas ilegales de desplazamiento, colonización y anexión». El propio Departamento de Estado tuvo que salir a hacer control de daños: funcionarios, hablando bajo anonimato, admitieron que Huckabee «no representa nuestra visión ni la mejor versión de la postura pro-Israel» — mientras Trump le había prometido personalmente a líderes árabes y musulmanes que no permitiría que Israel anexara Cisjordania.
No es una postura nueva en él. Ya en 2011 y 2015, mucho antes de ser embajador, Huckabee declaró públicamente que Cisjordania —a la que llama por sus nombres bíblicos, Judea y Samaria— «es parte de Israel», y que los palestinos deberían buscar su propio Estado en «tierras árabes», no en territorio israelí. Es, en los hechos, el mismo hombre que hoy cita «no robarás» quien durante más de una década sostuvo, en público y sin ambigüedad, que la tierra en disputa ya le pertenece a Israel por derecho — lo cual vuelve su indignación actual por el robo de propiedades palestinas todavía más difícil de sostener con coherencia.
Ben Gvir, jactándose de sus propias promesas
Mientras Huckabee cita la Biblia para condenar el extremismo de los colonos, el propio ministro de Seguridad Nacional se filmó celebrando, palabra por palabra, la maquinaria punitiva que construyó contra los presos palestinos.
En un video difundido con subtítulos, Ben Gvir enumera sus propias promesas de campaña como logros ya cumplidos: «Prometí terminar con todos los lujos de los prisioneros palestinos, y ya está implementado. Prometí la pena de muerte, y la cumplí. Prometí que iba a construir una instalación para las ejecuciones, y se está implementando» — y agrega que habrá cámaras durante las ejecuciones, para que las familias de las víctimas «puedan presenciar cómo mueren».
El contraste con la retórica de Huckabee no podría ser más directo: mientras el embajador estadounidense invoca los Diez Mandamientos para condenar el robo de tierras, el propio ministro que integra el gobierno que Estados Unidos sostiene —con financiamiento, cobertura diplomática y armamento— se graba a sí mismo enumerando, como logro personal, la construcción de una cámara de ejecución con butacas para el público.
La contradicción de fondo
El problema no es lo que dijo Huckabee esta semana. Es lo que hizo su propio gobierno hace dieciocho meses.
Horas después de asumir su segundo mandato, en enero de 2025, Trump revocó las sanciones que la administración Biden había impuesto contra colonos y organizaciones de extrema derecha acusados de violencia en Cisjordania. La decisión llegó, según reportó Associated Press, apenas horas después de que colonos atacaran pueblos palestinos incendiando autos y propiedades — el mismo tipo de hecho que las sanciones buscaban castigar.
Estas sanciones eran una intervención extranjera severa y flagrante en los asuntos internos de Israel.
Bezalel Smotrich, celebrando la revocación en XItamar Ben Gvir calificó la cancelación de las sanciones de «histórica». Ninguno de los dos fue ambiguo sobre qué representaba esa decisión para ellos: no una corrección técnica, sino una victoria política explícita para el ala más dura del movimiento de colonos.
Lo que muestran los números
Las cifras del propio establecimiento de seguridad israelí, reportadas por el canal Kan, documentan el resultado concreto de ese contexto: 660 incidentes graves de «delitos nacionalistas» judíos en Cisjordania durante los primeros seis meses de 2026, frente a 405 en el mismo período del año anterior — un aumento del 63%. Seis palestinos murieron y 140 resultaron heridos por violencia de colonos en ese semestre, contra ninguna muerte y 82 heridos en el mismo período de 2025.
Yesh Din, organización israelí de derechos humanos, documenta que alrededor del 94% de las investigaciones sobre violencia de colonos desde 2005 terminaron sin ninguna acusación formal, con apenas un 3% derivando en condena total o parcial. Grupos de derechos humanos sostienen que el ejército israelí frecuentemente hace la vista gorda ante esta violencia, y que cuando interviene, muchas veces termina protegiendo a los propios colonos.
Ningún arresto, pese al asedio de más de una semana
Colonos judíos rodearon tres casas palestinas en Qusra durante más de una semana, en medio de una ola de violencia que lleva meses con ataques casi diarios. Pese a la duración del asedio y la condena internacional que generó, las autoridades israelíes no anunciaron ningún arresto ni cargo contra los colonos involucrados, y el primer ministro Benjamin Netanyahu no se pronunció públicamente sobre el incidente.
Una excepción que confirma la regla
El mismo 20 de agosto, la Fiscalía del Distrito de Jerusalén acusó formalmente a un colono, Yedidia Kaufman, de 21 años, por conducir un vehículo todoterreno sobre un rebaño de ovejas de un pastor palestino en mayo — matando a una oveja preñada e hiriendo gravemente a otra, que sufrió un aborto espontáneo. Kaufman también fue acusado de irrumpir armado con bastones en un complejo privado para intimidar residentes, y de agredir a activistas israelíes de izquierda.
El todoterreno con el que Kaufman atropelló al rebaño pertenecía a Noam Jackson, dueño de una granja de colonos respaldada por el Estado israelí, que lo había recibido directamente del Ministerio de Asentamientos — el mismo ministerio que provee estos vehículos a puestos avanzados en toda Cisjordania. Kaufman, que nunca tuvo carné de conducir, permaneció sobre el rebaño pese a las protestas del pastor. Activistas de la zona vienen denunciando desde hace tiempo que estos vehículos estatales permiten a los colonos invadir zonas de pastoreo palestinas con total impunidad.
Que este caso puntual haya derivado en cargos formales —allanamiento, crueldad animal, agresión con motivación racial— es la excepción dentro de un patrón donde, según Yesh Din, 94 de cada 100 investigaciones no llegan a ningún lado.
La frase de Huckabee —»no se toma algo que no te pertenece»— es objetivamente correcta, y viene respaldada por milenios de tradición ética compartida por judíos, cristianos y musulmanes por igual. El problema es que el mismo hombre que la pronuncia pasó más de una década sosteniendo, en público y sin ambigüedad, que la tierra en disputa ya es de Israel por derecho bíblico —y que «estaría bien» si tomara incluso más—, y que su propio gobierno, dieciocho meses atrás, decidió que aplicar consecuencias reales a quienes rompen exactamente ese mandamiento era una intromisión inaceptable en los asuntos internos de Israel. Se puede citar la Biblia con total sinceridad selectiva: usarla para condenar el robo puntual de una casa, mientras se usa la misma Biblia para legitimar el robo de un territorio entero. Las palabras de esta semana suenan bien. La entrevista con Carlson, las sanciones revocadas, y los números del semestre —660 incidentes, seis muertos, cero arrestos en Qusra— dicen exactamente lo contrario.
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