Trump le pidió a Netanyahu que retire las tropas israelíes de Siria y avance con el redespliegue en el sur del Líbano, advirtiendo riesgo de escalada regional. Israel Katz respondió que las FDI no se moverán de las zonas de seguridad «por un período ilimitado».
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le pidió al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, que comience a retirar las fuerzas israelíes desplegadas en el sur de Siria y avance con el redespliegue previsto en el sur del Líbano, según reveló Axios el martes, citando a funcionarios estadounidenses e israelíes. La respuesta de Israel, sin embargo, llegó firme y en sentido contrario: su gobierno no tiene intención de moverse de ninguna de las dos zonas.
«No te quieren ahí»
Según reconstruyó Axios —firmado por el periodista Barak Ravid— Trump transmitió el pedido en una llamada telefónica el jueves anterior, advirtiendo que la presencia militar israelí en territorio sirio genera tensiones que podrían derivar en una nueva escalada regional.
La llamada se produjo apenas un día después de que Trump se reuniera con el líder sirio Ahmad al-Sharaa en la cumbre de la OTAN en Turquía, en el marco de los esfuerzos por alcanzar un acuerdo de seguridad formal entre Israel y Siria. La Casa Blanca no quiso hacer comentarios sobre la filtración, pero tampoco la desmintió.
La respuesta de Netanyahu: «zonas de seguridad»
La oficina de Netanyahu respondió al pedido de Trump planteando la necesidad de mantener zonas de seguridad a lo largo de las fronteras israelíes frente a las amenazas existentes — la misma fórmula que el gobierno viene repitiendo desde hace meses, con o sin presión directa de Washington.
El ministro de Defensa, Israel Katz, ya había sido explícito sobre esto mismo semanas antes del pedido de Trump, durante una ceremonia en memoria de los soldados israelíes caídos en la guerra de 2006 en Líbano.
Katz condicionó además cualquier repliegue del sur del Líbano al desarme total de Hezbolá, y renovó la amenaza de que Israel respondería con «toda la fuerza» si Irán reacciona a la ofensiva israelí en territorio libanés. Días después, en otra intervención pública en Tel Aviv, fue todavía más categórico frente a la propia presión estadounidense: «Israel no abandonará su zona de seguridad en Líbano, incluso si Estados Unidos exige la retirada.»
Lo que está en juego en cada frente
En Siria, Israel aprovechó el vacío dejado por el repliegue de fuerzas iraníes para afianzar posiciones en los Altos del Golán y más allá de la línea de separación de 1974 — territorio que excede lo ocupado históricamente desde la guerra de 1967. En Líbano, la ofensiva se intensificó a comienzos de marzo, después de que Hezbolá disparara cohetes contra Israel en solidaridad con Irán durante los primeros días de la guerra conjunta entre Washington, Jerusalén y Teherán.
El costo humano de esa escalada, según cifras del Ministerio de Salud libanés y Naciones Unidas, ya alcanza cerca de 4.300 muertos y un millón de desplazados. En paralelo, delegaciones de Israel y Líbano —mediadas por Estados Unidos— vienen negociando en Washington y Roma un marco de seguridad que contempla la retirada israelí de dos «zonas piloto» en el sur libanés, en un proceso de conversaciones que ya lleva varias rondas sin resolución definitiva.
Una presión con fecha de vencimiento electoral
El mensaje de Trump llega en un momento políticamente sensible para Netanyahu: apenas tres meses antes de las elecciones del 27 de octubre, que definen no solo su futuro político sino también, dado el juicio en curso que enfrenta, su libertad personal. Ese calendario hace que una retirada significativa de Siria o Líbano antes de los comicios sea, según el propio análisis de la prensa internacional, poco probable — cualquier repliegue sería leído por su base electoral más dura, la misma que sostiene su coalición de gobierno, como una derrota estratégica.
Lo que queda planteado, más allá del resultado final de esta pulseada diplomática, es una asimetría que se repite en cada uno de los frentes de esta guerra: Washington pone la presión pública y la exposición diplomática ante sus propios aliados regionales —incluido el nuevo gobierno sirio con el que busca cerrar un acuerdo de seguridad—, mientras Israel sostiene sobre el terreno una ocupación que, según sus propias autoridades, no tiene fecha de finalización prevista.
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