En un discurso de 25 minutos en horario central, Trump presentó documentos que según él muestran interferencia china en las elecciones de 2020. El problema: varios de esos mismos documentos dicen lo contrario, y contradicen a su propio exdirector de inteligencia.
El presidente Donald Trump desclasificó el jueves un informe de inteligencia que, según sostuvo, mostraba interferencia china en las elecciones estadounidenses — reavivando así sus ataques de larga data contra la seguridad electoral, pese a que la propia evaluación de inteligencia de Estados Unidos nunca encontró evidencia de que Beijing haya influido en las elecciones de 2020, las que él perdió.
220 millones de expedientes, y un objetivo político claro
En un discurso de 25 minutos en horario de máxima audiencia, Trump afirmó que China adquirió de forma ilícita 220 millones de expedientes de votantes estadounidenses —nombres, direcciones y otros datos de registro electoral— y acusó a miembros de la propia comunidad de inteligencia de haber suprimido deliberadamente información sobre el alcance real de esas actividades chinas.
El momento elegido no es casual: el discurso llegó apenas meses antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre, cuando los republicanos deberán defender sus ajustadas mayorías en el Congreso, y sirvió además como plataforma para presionar de nuevo al Senado a aprobar la Ley SAVE America, que exigiría identificación con foto y prueba de ciudadanía para votar — pese a que el fraude electoral en Estados Unidos es, según todos los estudios disponibles, un fenómeno extremadamente raro.
Los propios documentos lo contradicen
Trump prometió que los papeles desclasificados revelarían «vulnerabilidades impactantes» en la infraestructura electoral estadounidense. Lo que mostró el contenido real fue, en varios casos, exactamente lo contrario.
| Documento presentado | Lo que dice en realidad |
|---|---|
| Documento de la CIA, elaborado el mes pasado | Se refiere a las elecciones de Venezuela, no a las de Estados Unidos. |
| Evaluación de sistemas de conteo | «Los sistemas de conteo de votos serían difíciles de manipular a una escala lo suficientemente amplia como para comprometer los resultados electorales.» |
| Documento de la CIA sobre espionaje chino | Detalla intentos de espías chinos de atacar la campaña de Biden, pero aclara que Beijing «actualmente no tiene intención de interferir encubiertamente» en el resultado electoral — aunque no descarta que pueda decidirlo en el futuro. |
Es decir: ninguno de los tres documentos centrales exhibidos por Trump sostiene la acusación de manipulación electoral que motivó el discurso completo.
Contradice a su propio director de inteligencia
Las acusaciones de Trump chocan directamente con la evaluación no clasificada que la propia comunidad de inteligencia estadounidense realizó en 2021, que no encontró indicios de que ningún actor extranjero haya intentado alterar —ni logrado alterar— «ningún aspecto técnico» de la votación presidencial de 2020: ni registros de votantes, ni papeletas, ni conteos, ni resultados.
Ese mismo informe sí documentó que China realizó, desde al menos 2008, un esfuerzo sostenido para recopilar información sobre votantes, opinión pública, partidos, candidatos y funcionarios estadounidenses — pero con el objetivo de predecir resultados electorales, no de manipularlos. Es una distinción central que el discurso de Trump difuminó por completo.
Una relación comercial en juego
El tono duro contra China llega, además, en un momento diplomáticamente delicado: Trump espera reunirse con el presidente Xi Jinping en septiembre para intentar mejorar la relación comercial entre ambos países, ya estabilizada tras la costosa guerra arancelaria del año anterior. Antes del discurso, algunos funcionarios de la propia Casa Blanca habían expresado preocupación de que divulgar esta información pudiera resultar engañoso, según fuentes citadas por Reuters.
Desde la embajada china, el vocero Liu Chang fue tajante ante la consulta previa al discurso: «China nunca ha interferido ni interferirá en las elecciones presidenciales de Estados Unidos.»
Ni sus propias cadenas lo transmitieron completo
El discurso llega en un momento de desgaste político real para Trump: su índice de aprobación está lastrado por la impopular guerra con Irán y los altos precios de la energía, temas que apenas mencionó de pasada («estamos ganando a lo grande») antes de virar hacia sus logros internos y, finalmente, hacia la seguridad electoral.
El dato más elocuente sobre cómo fue recibido el discurso: dos de las tres grandes cadenas de televisión estadounidenses, además de CNN, decidieron no emitirlo completo en horario central en sus plataformas principales — algo inusual, ya que ese espacio normalmente se reserva para grandes discursos de relevancia nacional genuina.
El uso de la muerte de Graham
Quizás el capítulo más llamativo de todo este episodio ocurrió apenas días antes, cuando Trump utilizó la reciente muerte del senador Lindsey Graham para reforzar su campaña a favor de la Ley SAVE America. En una entrevista del 12 de julio en Meet the Press de NBC, Trump relató que Graham lo llamó la noche del sábado anterior —horas antes de morir— para hablar sobre la ley, de la que era copatrocinador en el Senado.
Según una reconstrucción distinta de esa misma llamada, Graham en realidad había llamado a Trump principalmente para informarle sobre su reciente viaje a Ucrania y para insistir con que el Senado votara el proyecto de sanciones contra Rusia que él mismo impulsaba — con una frase que, en retrospectiva, resulta particularmente amarga: «No puedo morir ahora. Todavía tengo que implementar las sanciones contra Rusia, resolver el problema con Irán y llevar a cabo la normalización entre Israel y Arabia Saudita.» Murió poco después esa misma noche.
Una ley que ya fracasó tres veces
La Ley SAVE America ya fue aprobada en tres ocasiones por la Cámara de Representantes —de mayoría republicana—, pero nunca logró los 60 votos necesarios en el Senado para superar la obstrucción demócrata. Demócratas y organizaciones de defensa del voto sostienen que la norma busca, en los hechos, suprimir votos legítimos bajo la excusa de combatir un fraude que las cortes y los recuentos ya descartaron reiteradamente tras las elecciones de 2020.
Incluso dentro del propio Partido Republicano hay voces que piden a Trump reorientar el discurso hacia los temas que más preocupan a los votantes —el costo de vida, en primer lugar— en lugar de insistir con la votación de hace casi seis años. Los demócratas solo necesitan dar vuelta tres bancas para recuperar la mayoría en la Cámara de Representantes, y aunque la carrera por el Senado les resulta más cuesta arriba, las encuestas muestran a una mayoría de votantes en contra de la guerra con Irán y disconforme con la gestión económica de Trump — el mismo terreno que el discurso sobre China pareció, una vez más, esquivar.
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