La historiografía oficial israelí sostiene que los palestinos que abandonaron sus hogares en 1948 lo hicieron voluntariamente. Los archivos de la Haganá, las memorias de Ben Gurión y décadas de investigación histórica cuentan otra historia. Una historia que incomoda a todos — porque obliga a sostener dos verdades simultáneas sin cancelar ninguna.
El 15 de mayo de 1948 terminó oficialmente el mandato británico sobre Palestina. Un día antes, David Ben Gurión había proclamado la independencia del Estado de Israel. Los países árabes vecinos declararon la guerra. Israel venció. Y entre diciembre de 1947 y mayo de 1949, aproximadamente 750.000 palestinos abandonaron sus hogares — un tercio de ellos antes de que comenzara oficialmente la guerra.
Desde entonces existe un debate sobre lo que ocurrió. La versión oficial israelí durante décadas sostuvo que los palestinos se fueron voluntariamente, incitados por sus líderes árabes. La versión palestina habla de expulsión sistemática y deliberada. En las últimas décadas, historiadores israelíes han abierto los archivos de la Haganá y del Ejército israelí — y lo que encontraron complica ambas narrativas simples.
Este artículo no pretende zanjar un debate que los propios historiadores mantienen abierto. Pretende explicar qué ocurrió, con qué contexto y qué dicen las evidencias disponibles.
Los antecedentes: el sionismo y la Declaración Balfour
Para entender la Nakba hay que remontarse a finales del siglo XIX. El aumento del antisemitismo en Europa — ejemplificado por el caso Dreyfus en Francia — llevó a intelectuales judíos como Theodor Herzl a reflexionar sobre la necesidad de un Estado propio donde los judíos no sufrieran discriminación ni persecuciones. El movimiento fue bautizado como «sionismo» — en referencia al monte Sión de Jerusalén — y su objetivo a largo plazo era establecer un Estado judío independiente en la Palestina otomana.
La Primera Guerra Mundial cambió el mapa. Gran Bretaña ocupó Palestina, Iraq y la actual Jordania, y en 1917 emitió la Declaración Balfour — un compromiso de crear un «hogar nacional para el pueblo judío» en Palestina. El problema: Palestina ya tenía habitantes. Los británicos facilitaron la migración judía y ofrecieron a los recién llegados puestos en la administración colonial vetados a los árabes. La tensión creció durante décadas, con pogromos, masacres y oleadas de disturbios.
Al terminar la Segunda Guerra Mundial, con el horror del Holocausto fresco en la memoria del mundo, los británicos decidieron ceder la gestión del territorio a la recién creada ONU. En noviembre de 1947, la ONU propuso dividir Palestina en dos Estados — uno árabe y uno judío. El plan asignaba más de la mitad del territorio al Estado judío, incluyendo más de cuatrocientos pueblos habitados por árabes, a pesar de que los judíos representaban solo un tercio de la población y poseían apenas el 7% de las tierras. Los palestinos rechazaron el plan. Los sionistas lo aceptaron — como punto de partida.
El Plan Dalet: la evidencia más incómoda
La historiografía oficial israelí sostuvo durante décadas que los palestinos que abandonaron sus hogares en 1948 lo hicieron voluntariamente, incitados por sus líderes árabes. Esta narrativa fue la dominante hasta que, en los años 80, una nueva corriente de historiadores israelíes — llamados los «nuevos historiadores» — comenzó a trabajar con los archivos desclasificados de la Haganá y del Ejército israelí.
Lo que encontraron fue el Plan Dalet — aprobado por Ben Gurión a finales de marzo de 1948, antes incluso del fin del mandato británico. El plan especificaba que, si las localidades árabes presentaban resistencia o estaban ubicadas en puntos estratégicos, todos los nativos debían ser expulsados. Los pueblos en zonas estratégicas o de difícil acceso debían ser completamente destruidos y minados.
Lo que dicen los archivos
Ben Gurión sostenía que un Estado judío solo podía ser viable y duradero si los judíos representaban al menos el 80% de la población. Para ello era necesario no solo atraer inmigrantes judíos sino también «convencer» a la población árabe de que abandonara sus hogares.
El Fondo Nacional Judío y la Haganá recopilaron desde los años 30 información detallada sobre tierras y pueblos árabes — geografía física y humana — con una potencial ocupación militar en mente. Este archivo fue fundamental para organizar las operaciones militares.
Las operaciones comenzaron en diciembre de 1947 — antes de la declaración de independencia, antes de la guerra árabe-israelí — con la ocupación de pueblos árabes y la expulsión de sus habitantes.
Entre diciembre de 1947 y mayo de 1948 — antes del inicio oficial de la guerra — unos 250.000 palestinos ya habían huido o sido expulsados.
Los pueblos destruidos fueron rebautizados y en muchos casos se plantaron bosques de coníferas sobre sus ruinas. Las tierras y propiedades árabes fueron confiscadas y redistribuidas.
La desigualdad militar
La relación de fuerzas en 1948 era profundamente asimétrica — un dato que raramente aparece en las narrativas populares sobre el conflicto.
Las fuerzas judías no solo tenían superioridad numérica y armamentística — muchos de sus integrantes eran veteranos de la Segunda Guerra Mundial con experiencia de combate real. Los ejércitos árabes, además de su inferioridad militar, estaban descoordinados y divididos por intereses políticos propios. Jordania, que había llegado a un acuerdo secreto con los líderes sionistas, se limitó a asegurar Cisjordania y Jerusalén este — sin comprometerse a defender a los palestinos.
El contexto que no puede ignorarse
Comprender la Nakba exige sostener una tensión histórica incómoda: los hechos de 1948 ocurrieron tres años después del Holocausto.
Seis millones de judíos habían sido asesinados en Europa. Las organizaciones sionistas habían observado cómo el mundo miró para otro lado mientras ocurría el exterminio. La urgencia de establecer un territorio seguro para los judíos no era una abstracción ideológica — era una respuesta a un trauma real y devastador.
Esto no justifica la expulsión de 750.000 personas de sus hogares. Pero sí explica — sin excusar — por qué Ben Gurión y otros líderes sionistas consideraban que la homogeneización demográfica del territorio era una condición de supervivencia. Como señala el material histórico disponible: «la actitud beligerante de los israelíes ha de entenderse en su contexto histórico.»
Al mismo tiempo, y como señalan los propios nuevos historiadores israelíes, el hecho de que las peores masacres fueran obra de unidades irregulares no exime a los líderes políticos de su responsabilidad. Hay suficientes evidencias de que Ben Gurión y otros líderes sionistas contaban con la expulsión masiva de árabes para asegurar la viabilidad del Estado de Israel.
Lo que vino después
Israel firmó armisticios con los países árabes en la primavera de 1949. La «línea verde» estableció las nuevas fronteras — Israel se quedó con más territorio del que la ONU había asignado al Estado judío. Jordania se anexionó Cisjordania. Egipto, la franja de Gaza.
Los palestinos que permanecieron en Israel vieron restringida su libertad de movimientos. Los lugares de culto árabes fueron saqueados. Los comercios y viviendas de los que habían huido, confiscados. Miles de palestinos fueron encarcelados como prisioneros de guerra o enviados a campos de trabajo. Los refugiados — y sus descendientes — siguen esperando el reconocimiento de su derecho al retorno que el derecho internacional les garantiza y que Israel nunca ha reconocido.
Paralelamente, más de medio millón de judíos fueron expulsados de Iraq, Argelia, Marruecos y otros países árabes como represalia — muchos de los cuales se refugiaron en Israel. Esta historia, frecuentemente ignorada en las narrativas pro-palestinas, es igualmente real.
El debate que sigue abierto
Solo en las últimas décadas una nueva corriente de historiadores israelíes ha empezado a investigar los archivos y a recopilar testimonios de veteranos de la guerra. Algunos de ellos han sufrido problemas legales y han sido duramente criticados por la prensa israelí. Pero sus hallazgos han sido fundamentales para entender 1948.
El debate historiográfico sigue abierto — sobre los detalles, sobre el peso relativo de los distintos factores, sobre la distinción entre plan premeditado y respuesta a las circunstancias de la guerra. Lo que ya no está en debate, gracias a los archivos desclasificados, es que la despoblación de Palestina no fue un accidente.
La Nakba — «el desastre» en árabe — es la palabra que los palestinos usan para describir lo que ocurrió. Israel tardó décadas en reconocer siquiera que existió un problema. El camino hacia cualquier solución duradera pasa por sostener la incomodidad de las dos verdades simultáneas: que el Estado de Israel nació de una necesidad histórica real y urgente, y que esa creación tuvo un costo humano enorme que no puede borrarse ni ignorarse.
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☕ Invitame un caféFuentes: Ilan Pappé, La limpieza étnica de Palestina (2006). Benny Morris, The Birth of the Palestinian Refugee Problem Revisited (2004). Rashid Khalidi, The Hundred Years’ War on Palestine (2020). Archivos de la Haganá y el Ejército israelí, desclasificados. Plan Dalet (Plan D), marzo 1948. Resolución 181 de la ONU, noviembre 1947. Declaración Balfour, 1917. UNRWA, estadísticas de refugiados palestinos.
Este artículo tiene propósito histórico e informativo. El debate historiográfico sobre 1948 sigue abierto entre los especialistas.
