Donald Trump y Lindsey Graham en evento político con banderas.

Muere Lindsey Graham por una disección aórtica

Muere Lindsey Graham por una disección aórtica | Bastión
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Muere Lindsey Graham por una disección aórtica

El senador republicano y estrecho aliado de Trump falleció el sábado por la noche tras una breve y repentina enfermedad. Junto a la hospitalización de Mitch McConnell, ambas bajas ponen en jaque la ajustada mayoría republicana en el Senado.

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El senador republicano Lindsey Graham, uno de los aliados más estrechos del presidente Donald Trump en el Congreso, murió el sábado por la noche a los 71 años. Según el informe preliminar de la Oficina del Médico Forense del Distrito de Columbia, entregado este domingo, la causa fue una disección aórtica derivada de una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica.

«Los hallazgos preliminares del examen fueron: disección aórtica debida a enfermedad cardiovascular arteriosclerótica», indicó el forense en una declaración escueta. El certificado de defunción quedará en «estado pendiente» hasta que se completen las pruebas toxicológicas y microscópicas, momento en el que se actualizará para reflejar y clasificar formalmente la causa de la muerte.

71 años tenía Lindsey Graham, que cumplía su cuarto mandato consecutivo de seis años como senador por Carolina del Sur, y acababa de regresar de un viaje a Ucrania pocos días antes de su muerte.

Una disección aórtica es una afección grave en la que se produce un desgarro en la capa interna de la aorta, la arteria más importante del cuerpo. La sangre se dispara a través de ese desgarro y separa las capas interna y media de la arteria; si logra atravesar también la pared externa, la condición suele ser mortal, según describe la Clínica Mayo.

Los minutos previos

La oficina de Graham se había limitado inicialmente a informar que el senador había fallecido la noche del sábado tras una enfermedad «breve y repentina». Este domingo trascendió además el audio de la respuesta de los servicios de emergencia: una mujer llamó para reportar que el senador estaba sufriendo un dolor en el pecho. La llamada se hizo desde Baltimore, Maryland, y quien llamó —cuya identidad no fue revelada— indicó que Graham se encontraba solo en ese momento.

Los paramédicos, según ese registro, no pudieron ingresar de inmediato a la vivienda porque la puerta estaba cerrada con llave, pero finalmente lograron acceder e iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar. No trascendió con claridad si Graham murió en su propia residencia o si llegó a ser trasladado a un hospital.

Una mayoría republicana que se achica

La muerte de Graham se suma a otra ausencia que ya venía complicando al bloque republicano en el Senado: Mitch McConnell, senador por Kentucky, permanece hospitalizado desde el mes pasado en un estado que su propio equipo no ha precisado en las últimas tres semanas, aparentemente por una caída y luego una neumonía. «Está recibiendo una atención excelente», fue todo lo que trascendió oficialmente sobre su salud.

53-47 es la mayoría republicana actual en el Senado. Si ambos escaños —el de Graham y el de McConnell, en caso de renuncia— terminaran en manos demócratas, la relación de fuerzas quedaría en un ajustadísimo 51-49.

El gobernador de Kentucky, el demócrata Andy Beshear, le pidió públicamente a McConnell la semana pasada que informara sobre su estado de salud: «Como gobernador y funcionario público que entiende el compromiso que hemos asumido con las personas a las que servimos, solicito al senador que me informe sobre su estado de salud actual.» Si McConnell decidiera renunciar antes de terminar su mandato, la ley de Kentucky exige una elección especial, con la proclamación presentada al menos 63 días antes de la votación y las candidaturas formalizadas 56 días antes; quien resulte electo ocuparía el cargo hasta enero de 2027.

En el caso de Graham, el proceso ya está en marcha: el gobernador republicano de Carolina del Sur, Henry McMaster, designará un reemplazo para ocupar la banca hasta enero de 2027, sin obligación legal de que pertenezca a su mismo partido. El Partido Republicano estatal celebrará primarias especiales el 11 de agosto para elegir a su candidato, que se medirá en noviembre contra la doctora Annie Andrews.

El contexto político no ayuda

Las dos bajas del Senado llegan en un momento particularmente delicado para el Partido Republicano, que se prepara para las elecciones de mitad de mandato con la aprobación de Trump en caída. Según una encuesta del New York Times de este domingo, el presidente tiene un 39% de aprobación frente a un 58% de desaprobación — su último promedio del 50% había sido en febrero de 2025.

El oficialismo intenta acelerar antes del receso de agosto la aprobación de la Ley de Elegibilidad para el Votante Estadounidense (SAVE America), la Ley de Autorización de Defensa Nacional (NDAA) y varios proyectos de financiamiento gubernamental, además de diez leyes de asignaciones pendientes antes de que expire el presupuesto en septiembre. «No tiene sentido paralizar a la Cámara para presionar al Senado a que apruebe la Ley SAVE», señaló el representante republicano Don Bacon, de Nebraska, al medio The Hill.

El tono de campaña dentro del propio oficialismo El vicepresidente JD Vance, considerado uno de los favoritos para la candidatura presidencial republicana de 2028, advirtió en junio que Trump podría enfrentar un juicio político si el partido pierde más bancas: «Estoy seguro de que le destituirán… Su enfoque obsesivo es que odian a Donald Trump.» El presidente de la Cámara, Mike Johnson, fue en la misma línea ante la Coalición Fe y Libertad: advirtió que, si los republicanos pierden la mayoría, los demócratas convertirían «cada comité del Congreso en un órgano de investigación» contra la familia, el gabinete, los donantes y amigos de Trump.

Vale aclarar el límite constitucional de ese escenario: aunque una Cámara de Representantes controlada por los demócratas podría destituir a Trump por mayoría simple, la remoción efectiva requeriría además una condena por dos tercios en el Senado — un umbral mucho más difícil de alcanzar incluso en el escenario más adverso para los republicanos. Lo más probable, en caso de que los demócratas recuperen alguna de las dos cámaras, es una ola de investigaciones sobre la conducta de Trump como presidente y una parálisis legislativa aún mayor.

Un vínculo con Trump hecho de rupturas y regresos

Graham era uno de los senadores con mayor acceso directo a Trump y representaba, dentro del partido, al sector más intervencionista en política exterior: duro con Irán, y de los republicanos más favorables tanto a Israel como a Ucrania. Pero su relación con el presidente no fue lineal.

Tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021, Graham llegó a declarar públicamente que había tenido suficiente del hombre al que vitoreaba la turba que irrumpió en el Congreso.

«Trump y yo hemos tenido un viaje de los mil demonios. Odio que termine de esta manera. Dios mío, lo odio. Desde mi punto de vista, ha sido un presidente trascendental. Lo único que puedo decir es que conmigo no cuenten. Ya basta.» Lindsey Graham, 6 de enero de 2021, tras el asalto al Capitolio

Esa ruptura, sin embargo, no fue definitiva. Graham entendió que el futuro de su partido estaba atado al de Trump, y volvió a convertirse rápidamente en uno de sus defensores más férreos — un vaivén que terminó siendo apenas un capítulo más dentro de una relación larga y compleja entre el senador y el presidente que terminó dominando por completo a su propio partido.


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