Napoleón Bonaparte con uniforme militar, frente a su ejército.

Napoleón Bonaparte: la biografía completa

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Napoleón Bonaparte:
la biografía
completa

Un adolescente sin amigos que escribió sesenta ensayos para llenar la soledad de un internado militar. Un joven oficial al que sus propias tropas apodaron con cariño «el Pequeño Cabo». Un emperador que peleó sesenta batallas y perdió solo siete — pero a quien la historia juzga, con razón, también por la que mandó a librar contra los esclavos que se habían liberado en Haití. Esta es la biografía completa, sin las omisiones convenientes.

Bastión · Historia · Francia, 1769-1821
60 Batallas libradas —
perdió solo siete
60 Ensayos y panfletos escritos
de adolescente en Brienne
615.000 Soldados cruzaron el Niemen
para invadir Rusia
500.000 Hombres perdidos en
la campaña rusa de 1812

Napoleón Bonaparte estableció el mayor imperio continental europeo desde Carlomagno e introdujo reformas liberales en las tierras que conquistó — a costa de las guerras más destructivas que Europa había conocido hasta entonces. Es recordado, alternativamente, como reformador y autócrata, belicista y defensor de las libertades. Ambas descripciones son ciertas a la vez, y ninguna alcanza por separado para entender quién fue.


I — El corso sin amigos

Un internado, sesenta ensayos, y un escepticismo que se volvería estrategia

Napoleone di Buonaparte nació en Ajaccio, Córcega, el 15 de agosto de 1769. La familia Buonaparte era originaria de Italia y había emigrado a la isla en 1529, donde se estableció entre la nobleza menor. Su padre, Carlo Buonaparte, era abogado, lo bastante próspero como para poseer una casa de tres plantas en Ajaccio, una casa de campo, un viñedo y un rebaño de ovejas. Napoleón fue el segundo hijo superviviente de Carlo y Maria-Letizia, con un hermano mayor —José— y cinco hermanos menores: Luciano, Elisa, Luis, Paulina y Carolina, además de Jerónimo.

Córcega había sido gobernada con autonomía por la República de Génova durante siglos, hasta que en 1768 Génova la vendió al Reino de Francia. La resistencia liderada por Pasquale Paoli fue derrotada en la batalla de Ponte Novu, en mayo de 1769 —apenas tres meses antes de que naciera Napoleón—. Carlo Buonaparte, que había apoyado inicialmente la independencia corsa, juró lealtad a los nuevos amos franceses tras la derrota, y a cambio recibió nuevos títulos y honores para su familia.

En abril de 1779, Carlo usó esos contactos para enviar a sus dos hijos mayores a estudiar en Francia. Napoleón, de nueve años, fue matriculado en la Real Escuela Militar de Brienne-le-Château. Pasó allí cinco años marcado por su fuerte acento corso, su nombre extraño para oídos franceses y su feroz patriotismo corso, que lo apartaron del resto de los alumnos. Sin amigos, recurrió a los libros — y durante un tiempo pensó seriamente en una carrera de escritor: llegó a redactar no menos de sesenta ensayos, novelas cortas y panfletos, incluida una historia de Córcega. En las aulas destacaba especialmente en matemáticas. Educado por monjes, desarrolló sin embargo un escepticismo temprano sobre la divinidad de Jesucristo — una distancia que lo llevaría, ya adulto, a tratar la religión como una herramienta política que usaría con frialdad y eficacia durante toda su carrera.

Carlo Buonaparte murió en febrero de 1784. Dos años después, Napoleón se graduó en la prestigiosa École Militaire como teniente de artillería, pero pasó buena parte de los meses siguientes de permiso en Córcega.


II — La metralla y la viuda de 32 años

1792-1796: de teniente coronel revolucionario a esposo de Josefina

Napoleón y sus hermanos apoyaron con entusiasmo la Revolución Francesa desde su inicio en 1789. En abril de 1792 fue elegido teniente coronel de la Guardia Nacional revolucionaria. Su apoyo al nuevo gobierno francés lo enfrentó con Paoli, que seguía defendiendo la independencia corsa — la tensión obligó a la familia Bonaparte a huir a la Francia continental en 1793. Exiliado de su propia patria, Napoleón dejó de ser nacionalista corso y se comprometió, sin vuelta atrás, con la causa francesa.

En la primavera de 1792, Francia entró en guerra con Austria y Prusia. Tras la victoria en Valmy se proclamó la Primera República, y Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793. El 28 de agosto de ese año, una flota británica y española ocupó el puerto de Tolón, vital para la flota mediterránea francesa. Napoleón, que había impresionado a líderes jacobinos con un panfleto pro-revolucionario titulado «Le Souper de Beaucaire», fue nombrado comandante de la artillería en el sitio de Tolón. Sus cañones fueron decisivos para la victoria del 19 de diciembre de 1793. Resultó herido en el asalto final, pero ascendió a general de brigada con solo 24 años.

En julio de 1794 cayó el Reinado del Terror y los jacobinos perdieron el poder. Napoleón fue arrestado brevemente, y con la caída de sus protectores políticos pareció que su carrera había terminado ahí. Todo cambió el 4 de octubre de 1795: ante una inminente insurrección monárquica en París, y siendo uno de los pocos oficiales capacitados disponibles en la capital, se le encargó la defensa del gobierno. La ejecutó con una eficacia despiadada — tras requisar cañones, sus tropas dispararon metralla directamente contra la multitud insurrecta.

Esa represión, conocida como el episodio del 13 vendimiario, le ganó la atención de Paul Barras, uno de los líderes del nuevo gobierno —el Directorio—. Barras le presentó a Josefina de Beauharnais, una viuda aristocrática de 32 años de la que Napoleón se enamoró rápidamente, y se encargó de que lo pusieran al mando del Ejército Francés de Italia. El 9 de marzo de 1796, Napoleón se casó con Josefina en una ceremonia civil — y partió hacia Italia dos días después. Fue en ese momento que empezó a escribir su nombre a la francesa: Napoleon Bonaparte.


III — «El Pequeño Cabo»

Italia, Egipto, y el nacimiento de una leyenda

Cuando Napoleón llegó a Italia, sus propios oficiales no tenían buena opinión de él: un hombre pequeño y delgado, de solo 26 años, sin experiencia previa al mando de un ejército. La opinión cambió rápido. Tras poner en forma a un ejército indisciplinado y conseguir los suministros que necesitaba, lanzó una campaña relámpago contra el Reino de Cerdeña que lo eliminó de la guerra en un mes. Después avanzó contra los austriacos, capturó Milán, estableció estados clientes franceses en el norte de Italia y derrotó a los ejércitos austriacos en Castiglione (5 de agosto de 1796), en el puente de Arcole (15-17 de noviembre) y en Rívoli (14-15 de enero de 1797). Cuando Mantua cayó en febrero de 1797, su ejército estaba listo para amenazar Viena — pero Austria pidió armisticio y firmó el Tratado de Campo Formio en octubre, cerrando la Guerra de la Primera Coalición.

El éxito de la campaña italiana le ganó el afecto de sus tropas, que empezaron a llamarlo cariñosamente «el Pequeño Cabo» — y lo catapultó a la fama política en Francia. Anécdotas como su carga heroica en el puente de Arcole se volvieron célebres y alimentaron desde temprano la leyenda napoleónica.

En 1798 obtuvo permiso para llevar un ejército a Egipto, con el objetivo de amenazar el dominio británico en la región. Derrotó a los mamelucos en la batalla de las Pirámides (21 de julio de 1798) y capturó El Cairo, pero quedó detenido en el sitio de Acre (marzo-mayo de 1799) al avanzar hacia Siria. Se retiró a Alejandría y abandonó Egipto en agosto de 1799. La campaña fue, militarmente, un fracaso — pero significó un avance enorme para la egiptología, con el descubrimiento de la Piedra de Rosetta.


IV — El golpe y el Consulado

1799-1804: de «espada» de un golpe a Emperador autocoronado

En octubre de 1799, Napoleón desembarcó en Francia y fue abordado por oficiales descontentos —entre ellos Emmanuel-Joseph Sieyès— que querían usarlo como «espada» para un golpe de Estado. Aceptó. Los días 9 y 10 de noviembre derrocó al gobierno en el incruento Golpe de Estado del 18 de Brumario. Resultó más astuto que el propio Sieyès, y se convirtió en la figura central del nuevo Consulado francés. Su llegada al poder marcó el final formal de la Revolución y el inicio de la era napoleónica.

El Consulado duró cuatro años, y en ellos Napoleón consiguió algunos de sus logros políticos más duraderos: el Concordato de 1801, que reconcilió a Francia con la Iglesia católica, y el Código Napoleónico, que recogía parte de las reformas liberales de la Revolución.

Lo que casi nunca se cuenta junto al resto: Haití

Durante el Consulado, Napoleón también envió una fuerza de invasión para recuperar Haití y restablecer allí la esclavitud que la Revolución Francesa había abolido. La invasión fracasó, y Haití obtuvo su independencia en 1804 — convirtiéndose en la primera república negra libre del mundo. Es un episodio que las biografías centradas en sus victorias militares europeas suelen omitir, pero que es indispensable para entender la figura completa: el mismo hombre que exportaba ideales revolucionarios a Europa intentó, al mismo tiempo, reimponer la esclavitud en el Caribe.

Como Primer Cónsul, Napoleón también negoció la «compra de Luisiana», que duplicó el tamaño de Estados Unidos. Militarmente, cruzó los Alpes y derrotó a los austriacos en Marengo (14 de junio de 1800), y dos años después cerró las Guerras Revolucionarias con el Tratado de Amiens. Por entonces ya había sido confirmado Primer Cónsul vitalicio mediante plebiscito.

Pero sabía que su régimen no estaría asegurado sin un imperio hereditario. El 18 de mayo de 1804 proclamó el Imperio francés, con él mismo como Emperador. La coronación se celebró en Notre-Dame el 2 de diciembre — y ahí, en el gesto que más definiría su imagen para la posteridad, tomó la corona y se la colocó él mismo sobre la cabeza.


V — El apogeo

1805-1807: Austerlitz, Jena, y la cima del poder en Tilsit

Gran Bretaña ya había declarado la guerra en mayo de 1803. Tras la coronación de Napoleón como Emperador, y luego como Rey de Italia en marzo de 1805, Gran Bretaña se unió a Austria, Rusia y Nápoles en la Tercera Coalición. Napoleón marchó hacia Alemania con su nueva Grande Armée, subdividida en ocho cuerpos semiautónomos para ganar rapidez y flexibilidad — un sistema que demostró ser extraordinariamente eficaz: forzó la capitulación de un ejército austriaco en la Campaña de Ulm, capturó Viena el 13 de noviembre, y derrotó decisivamente a un ejército austro-ruso en Austerlitz (2 de diciembre de 1805) — considerada, en general, su mayor victoria.

Tras la rendición austriaca, reorganizó varios estados alemanes en la Confederación del Rin bajo su protección, lo que llevó directamente a la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico en julio de 1806. Depuso al rey Borbón de Nápoles e instaló a su hermano José en el trono. Luis Bonaparte sería nombrado rey de Holanda ese mismo año, y Jerónimo obtendría el reino de Westfalia en 1807 — una política dinástica por la que Napoleón fue criticado a menudo, al dar demasiado poder a hermanos que no siempre eran competentes para ejercerlo.

En octubre de 1806, Prusia se unió a Rusia y Gran Bretaña en la Cuarta Coalición. Napoleón aplastó al ejército prusiano en Jena-Auerstedt (14 de octubre) y entró en Berlín pocos días después. Avanzó hacia la Polonia ocupada por Prusia, creó el Gran Ducado de Varsovia como nuevo Estado cliente, y se enfrentó a los rusos en la sangrienta batalla de Eylau (7-8 de febrero de 1807). El 14 de junio venció a Rusia en Friedland, tras lo cual se reunió con el zar Alejandro I en una balsa en medio del río Niemen para negociar la paz. Los Tratados de Tilsit que siguieron establecieron una alianza franco-rusa, con Alejandro aceptando unirse al Bloqueo Continental contra Gran Bretaña — y Prusia perdiendo la mitad de su territorio. Fue, posiblemente, el punto más alto del poder napoleónico: su influencia alcanzaba toda Europa occidental y central.


VI — La grieta española

1807-1809: la guerrilla ibérica y la primera derrota

En 1807, Napoleón ordenó invadir Portugal para castigarlo por incumplir el Bloqueo Continental. Lisboa cayó rápido, pero no le bastó: aprovechó una disputa dentro de la familia real española para invadir España e instalar a su hermano José en el trono en 1808. Portugueses y españoles resistieron con una guerra de guerrillas brutal y sostenida —la guerra de la Independencia española, «la francesada» (1807-1814)—, apoyados por soldados británicos. En poco tiempo, 200.000 soldados franceses quedaron empantanados en la región, poniendo a prueba los recursos militares del Imperio.

Los éxitos iniciales de los rebeldes ibéricos envalentonaron a Austria, que lanzó la Quinta Coalición en abril de 1809. A orillas del Danubio, en la batalla de Aspern-Essling (21-22 de mayo), Napoleón sufrió su primera derrota como Emperador. Se reagrupó y derrotó a los austriacos en Wagram (5-6 de julio) — pero Aspern-Essling ya había demostrado a toda Europa que Napoleón podía ser vencido.

Tras la guerra con Austria, se casó en abril de 1810 con la archiduquesa María Luisa, hija del emperador Habsburgo — se había divorciado de Josefina meses antes, en enero, porque no le había dado herederos. El 20 de marzo de 1811, María Luisa dio a luz a un varón, Napoleón II, llamado Rey de Roma.


VII — Rusia, el principio del fin

1812: 615.000 hombres cruzan el Niemen — y solo unos pocos regresan

En 1811, Francia y Rusia ya estaban en rumbo de colisión: Rusia veía como amenaza al Ducado de Varsovia, controlado por Francia, mientras Napoleón se sentía traicionado por el abandono ruso del Bloqueo Continental. El 24 de junio de 1812 comenzó la invasión: más de 615.000 soldados franceses y aliados cruzaron el río Niemen — la mayor fuerza de invasión que Europa había visto hasta entonces.

Los rusos se negaron a dar batalla abierta. Atrajeron a los franceses hacia el interior del territorio, aplicando tácticas de tierra quemada en el camino. Fue devastadoramente eficaz: los franceses perdieron más de 100.000 hombres por simple desgaste antes incluso de la primera gran batalla. El 7 de septiembre se librarían en Borodinó, y una semana después Napoleón entró en Moscú — para encontrarla desierta, y pronto en llamas, inútil para sostener a su ejército.

Al comprender que los rusos no firmarían la paz, ordenó la retirada en octubre. Pero un invierno brutal, sumado a la persecución constante de los ejércitos rusos, diezmó a la Grande Armée: para cuando los franceses volvieron a cruzar el Niemen en diciembre de 1812, habían perdido medio millón de hombres.


VIII — La caída, y el regreso de cien días

1813-1815: Leipzig, Elba, y la derrota final en Waterloo

Las grandes potencias europeas aprovecharon el desastre ruso para intentar derrotarlo definitivamente. En la Sexta Coalición (1813-1814), Rusia se unió a Gran Bretaña, Prusia, Austria y Suecia. Tras otra aplastante derrota en Leipzig (16-19 de octubre de 1813), buena parte de sus aliados alemanes desertaron y la Confederación del Rin se disolvió. La Coalición invadió Francia, y Napoleón no tuvo más remedio que abdicar el 11 de abril de 1814. Fue exiliado a la isla mediterránea de Elba, mientras Luis XVIII subía al trono francés.

El 1 de marzo de 1815, aprovechando el malestar político generado por la Restauración borbónica, desembarcó en el sur de Francia con apenas 1.000 soldados. El 20 de marzo entró triunfante en París, dando inicio a los Cien Días. Sus enemigos lo declararon proscrito de inmediato y reclutaron nuevos ejércitos. A fines de mayo, la Séptima Coalición había enviado dos ejércitos a Bélgica: uno anglo-holandés-alemán al mando de Arthur Wellesley, duque de Wellington, y uno prusiano al mando de Gebhard Leberecht von Blücher.

El 15 de junio de 1815, Napoleón marchó hacia Bélgica para enfrentar esa amenaza. Fue derrotado de forma decisiva en Waterloo el 18 de junio. Abdicó por segunda y última vez cuatro días después, y fue exiliado a la remota isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, bajo custodia británica permanente. Su salud se deterioró progresivamente hasta su muerte, el 5 de mayo de 1821, a los 51 años.


IX — El balance

Sesenta batallas, siete derrotas, y un legado que sigue dividiendo

Napoleón es recordado sobre todo por su carrera militar: en total libró sesenta batallas y perdió solo siete. Sus innovaciones cambiaron la guerra europea para siempre — el servicio militar obligatorio a gran escala, la implantación de los cuerpos de ejército como unidad operativa mayor, y tácticas que se siguen estudiando en academias militares. Junto a Alejandro Magno y Julio César, suele ser considerado uno de los generales más brillantes de la historia.

Lo que construyó

El Código Napoleónico, base legal de buena parte de Europa continental y América Latina. Sistemas de administración centralizada que todavía estructuran al Estado moderno.

Lo que destruyó

El Sacro Imperio Romano Germánico. Millones de vidas en guerras sucesivas durante más de una década. La esperanza de soberanía de España y Portugal durante años de ocupación.

Lo que intentó y fracasó

Restablecer la esclavitud en Haití. Conquistar Rusia. Mantener un imperio hereditario que sobreviviera más allá de su propia figura.

Lo que sigue discutiéndose

Si fue, en el balance final, más reformador que autócrata, o más belicista que defensor de las libertades que decía exportar.

Una reputación que se resiste a cerrarse

Considerado alternativamente como reformador y autócrata, belicista y defensor de las libertades, Napoleón goza de una de las reputaciones más controvertidas de la historia occidental — y sigue siendo, dos siglos después de su muerte, una de sus figuras más estudiadas. Ninguna de las dos lecturas, la del genio legislador o la del tirano sangriento, alcanza sola para explicarlo completo. Fue, a la vez, el hombre que dio a buena parte del mundo su sistema legal moderno, y el que intentó devolver a la esclavitud a un pueblo que ya se había liberado de ella. La historia rara vez ofrece figuras tan completas en su contradicción — y Napoleón, quizás más que ningún otro de su época, es el ejemplo perfecto de por qué simplificar a un solo adjetivo nunca alcanza.



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