Trump, refinería de petróleo y contaminación industrial.

Ormuz: la nafta más cara justo antes de votar

Septiembre de 2026 — Estrecho de Ormuz / Washington

Ormuz: la nafta más cara justo antes de votar

Seis meses de guerra. Un Brent que ya superó los 100 dólares. Y en Estados Unidos, la nafta al precio más alto jamás registrado para un mes de septiembre —justo cuando los republicanos más lo necesitan barato—.

En este análisis
  1. La última ronda de ataques
  2. Por qué Ormuz, y no lo nuclear, define esta guerra
  3. La asimetría que explica todo: bloquear versus solo amenazar
  4. Los números que muestran el estrangulamiento real
  5. La contradicción de Washington
  6. Por qué retirarse ahora sería una derrota imposible de disimular
  7. Internacionalizar el problema, con reticencias
  8. El petróleo ya está en el mercado, y sube
  9. El dato que más preocupa a los republicanos: la nafta
  10. El otro frente: el diésel, todavía peor
  11. El riesgo de fondo: no un shock, una estanflación prolongada
  12. El «Estrecho Trump», y la promesa electoral

Irán y Estados Unidos volvieron a intercambiar ataques en las últimas horas, mientras la guerra entra en su sexto mes y el precio del petróleo sigue subiendo a niveles alarmantes. El Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) confirmó la destrucción de cinco petroleros iraníes como represalia por ataques contra buques de su propia armada, mientras la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) asegura haber atacado una decena de embarcaciones cerca del estrecho de Ormuz, lanzado una nueva oleada de misiles contra instalaciones estadounidenses en Jordania, y capturado un submarino no tripulado de última generación de EE.UU.

La última ronda de ataques

La escalada ocurre mientras Irán rechaza discutir nuevos borradores o «segundos memorandos» bajo presión, y Washington amplía otra vez sus sanciones contra sectores estratégicos de la economía iraní.

Por qué Ormuz, y no lo nuclear, define esta guerra

La importancia de esta escalada va mucho más allá del intercambio puntual de ataques. Ormuz es hoy el espacio donde se define qué significa ganar o perder este conflicto —la cuestión nuclear, que originalmente lo disparó todo, quedó muy lejos del centro de la discusión—.

La asimetría que explica todo: bloquear versus solo amenazar

Existe una asimetría fundamental entre ambos países. Estados Unidos necesita demostrar, todos los días, que tiene el control marítimo real del estrecho. Irán, en cambio, puede conformarse con negar ese control, sin necesidad de cerrar completamente Ormuz ni imponer una soberanía formal sobre sus aguas —a pesar de que ese sea su objetivo declarado—.

«Basta con conservar una capacidad de veto sobre la navegación. Una mina cuya existencia ni siquiera esté confirmada, una lancha rápida intentando interceptar un petrolero, un dron o misil lanzado ocasionalmente contra una embarcación modifica las decisiones de aseguradoras, navieras y compañías energéticas. Washington tiene que demostrar todos los días que el estrecho es seguro. Teherán solamente necesita demostrar ocasionalmente que puede dejar de serlo.»

Los números que muestran el estrangulamiento real

20M bbl/díaPetróleo por Ormuz, antes de la guerra
125Buques diarios, antes del conflicto
6Buques con identificación activa, 8 de septiembre

Antes de la guerra, unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados atravesaban Ormuz —aproximadamente una cuarta parte de todo el comercio marítimo mundial de petróleo—, con cerca de 125 buques comerciales cruzando el estrecho cada día. El martes 8 de septiembre, solo seis buques fueron observados cruzando con sus sistemas de identificación activos. La cifra real es mayor, porque parte del tráfico navega con los transpondedores apagados —pero incluso las estimaciones más amplias muestran una reducción drástica frente a los niveles previos al conflicto—.

El «empate estratégico» en una frase

Irán no consiguió cerrar completamente Ormuz. Estados Unidos tampoco consiguió normalizarlo. Ese es el mejor retrato de un escenario que, hoy, no beneficia realmente a ninguno de los dos bandos.

La contradicción de Washington

Hay una tensión cada vez más evidente en la estrategia estadounidense: Washington quiere presentarse como garante de la libertad internacional de navegación, pero al mismo tiempo destruye petroleros iraníes y mantiene un bloqueo sobre las exportaciones de Teherán. Desde la perspectiva de EE.UU. existe una diferencia clara entre impedir exportaciones iraníes y proteger el comercio internacional en general —pero para aseguradoras y navieras, esa distinción pierde todo su peso práctico: si ambos bandos están atacando embarcaciones, el Golfo sigue siendo, sin más vueltas, un campo de batalla activo—.

Por qué retirarse ahora sería una derrota imposible de disimular

Cuanto más se prolonga el conflicto, más difícil resulta para Estados Unidos retirarse sin que eso se lea como una derrota clara e injustificable. Y a diferencia del programa nuclear iraní —cada vez más difícil de evaluar desde fuera: cuánto uranio conserva Teherán, cuánto daño sufrieron realmente sus instalaciones, cuánto tiempo necesitaría para reconstruir capacidades—, Ormuz es completamente observable. Se puede medir, día por día, cuántos petroleros lo atraviesan, cuánto cuesta asegurarlos, si necesitan escolta estadounidense, y cuánto termina costando el barril de petróleo como resultado directo. El estrecho se convirtió, para bien o para mal, en el marcador público de toda la guerra.

Internacionalizar el problema, con reticencias

Por eso Washington necesita, cada vez más, internacionalizar el problema: que la disputa deje de leerse como «Estados Unidos contra Irán» y pase a entenderse como «Irán contra la libertad internacional de navegación». Francia, Reino Unido, Corea del Sur, Japón y otros países dependientes del petróleo del Golfo tienen un interés genuino en mantener el estrecho abierto, y una fuerza multinacional empieza a interesar cada vez más entre ellos —permitiría a Washington presentar la operación como defensa colectiva de un bien público, no como su guerra en solitario—. Pero existen reticencias serias: participar directamente significa exponerse a represalias iraníes en un conflicto en el que esos países no fueron consultados desde el principio.

El petróleo ya está en el mercado, y sube

Mientras ese problema estratégico sigue sin solución, la guerra volvió a trasladarse con fuerza a los mercados energéticos. El Brent superó los 100 dólares por barril por primera vez desde julio, acumulando una suba superior al 60% en lo que va del año. El miércoles 9 de septiembre, el barril de Brent para entrega en noviembre subió 3,36%, hasta 101,21 dólares —su nivel más alto desde el 23 de julio—. El petróleo WTI cerró esa misma sesión con una suba de 3,3%, hasta 96,05 dólares.

Por qué el amortiguador se está debilitando

Durante las primeras fases de la guerra, varios factores lograron contener parcialmente el precio: menor demanda asiática, uso de reservas estratégicas, mayor producción en otras regiones, y rutas alternativas. Pero los inventarios mundiales ya se redujeron significativamente desde el inicio del conflicto —lo que significa que una nueva interrupción importante puede provocar hoy una reacción de mercado mucho mayor que hace unos meses—.

El dato que más preocupa a los republicanos: la nafta

Y ahí aparece el dato que conecta esta guerra directamente con la política interna estadounidense, a menos de dos meses de las elecciones legislativas de noviembre: el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos alcanzó, para el fin de semana del Día del Trabajo, un récord histórico de 4,15 dólares por galón —la cifra más alta jamás registrada para un mes de septiembre—.

$4,15Promedio nacional de nafta (récord histórico)
+30%Frente al mismo período de 2025 ($3,20)
$5,80En California, el estado más caro

El aumento representa un 30% frente a los 3,20 dólares por galón que los conductores pagaban en el mismo período del año anterior, según datos de la Asociación Americana del Automóvil (AAA), reportados por Reuters. El analista Patrick De Haan, de GasBuddy, señaló que el promedio proyectado para el lunes 7 de septiembre —4,03 dólares— ya superaba con holgura el récord histórico previo, de 3,83 dólares, registrado en 2012.

Cómo se distribuye el golpe según el estado:

— California, Washington, Hawái, Oregón, Alaska y Nevada: los mercados más caros del país, con California cerca de 5,80 dólares por galón.

— Texas, Indiana, Oklahoma, Mississippi, Louisiana y Arkansas: entre los más económicos, con Texas en torno a 3,69 dólares.

— Florida: 3,93 dólares, por debajo del promedio nacional, pero muy por encima de lo que marcaba a comienzos de 2026.

Por qué las reservas no alcanzan a compensar

Las reservas estadounidenses de gasolina cayeron 1,2 millones de barriles en una sola semana, hasta 205,7 millones de barriles —muy por debajo del promedio histórico de agosto (217,6 millones)—, según la Agencia de Información de Energía (EIA). Las refinerías estadounidenses ya operan al 98% de su capacidad, su nivel más alto desde 2018, con varias instalaciones retrasando tareas de mantenimiento para sostener la producción. Las exportaciones de productos refinados, además, sumaron más presión: los envíos al exterior superaron en más de 10% los del año anterior, en parte porque varios países recurrieron a Estados Unidos como fuente alternativa de abastecimiento tras el estallido del conflicto.

Normalmente, el precio de la nafta empieza a bajar después del Día del Trabajo, cuando disminuyen los viajes vacacionales y las refinerías pasan a producir mezclas de invierno, más económicas. Este año, esa tendencia estacional podría quedar completamente neutralizada por la propia guerra.

El otro frente: el diésel, todavía peor

El precio promedio nacional del diésel llegó a 5,85 dólares por galón, estableciendo un récord propio. Este combustible mueve buena parte de los camiones que transportan alimentos, materiales de construcción, mercancías y paquetes —cuando sube su costo, las empresas trasladan una parte del gasto a los consumidores, y la crisis energética termina reflejándose en los precios del supermercado, las entregas a domicilio, y otros servicios que dependen del transporte de larga distancia—.

Un frente adicional que empuja al diésel

Más allá de Ormuz, los hutíes de Yemen siguen atacando instalaciones energéticas en Arabia Saudita, incluida la refinería de Jazan, con capacidad cercana a 400.000 barriles diarios. Sumado a los ataques contra refinerías rusas por parte de Ucrania, el diésel aumentó mucho más rápido que el propio crudo —y entra directamente en el transporte terrestre, la agricultura, la minería, la construcción y el transporte marítimo, transmitiendo presión inflacionaria a casi toda la economía—.

El riesgo de fondo: no un shock, una estanflación prolongada

Si este escenario se mantiene durante varios meses, el problema deja de ser estrictamente energético y pasa a ser macroeconómico: combustibles más caros elevan los costos de transporte y producción, aumentan la inflación, y pueden obligar a los bancos centrales a retrasar bajas de tasas o incluso a endurecer nuevamente su política monetaria —lo que encarece el crédito, reduce la inversión y el consumo, y aumenta el costo de financiamiento para Estados que ya sostienen niveles de deuda considerables—.

«El riesgo no necesariamente es una crisis inmediata comparable con los grandes shocks petroleros de la década de 1970, sino algo más persistente: inflación elevada, crecimiento mediocre y tasas de interés altas —condiciones crecientemente estanflacionarias prolongadas—.»

El escenario central, entonces, podría ser una «inestabilidad estabilizada»: Ormuz parcialmente operativo, ataques intermitentes, tráfico comercial restringido, y precios del petróleo moviéndose durante semanas o meses alrededor de niveles elevados. Una nueva interrupción importante de infraestructura en Arabia Saudita, Emiratos, Ormuz o Bab el-Mandeb podría llevar al Brent hacia niveles mucho más altos. Una negociación creíble, en cambio, podría hacer caer rápidamente la prima geopolítica hoy incorporada al precio.

El «Estrecho Trump», y la promesa electoral

En medio de todo esto, las intervenciones de Trump no colaboran en calmar el mercado. Durante un discurso en la convención del Partido Republicano en Dallas, afirmó que propondrá cambiar el nombre del estrecho de Ormuz al de «Estrecho Trump».

«Controlamos Ormuz. Creo que deberíamos llamar al estrecho de Ormuz ‘Trump’. Debería obtener algo de esto. El Estrecho Trump. Se va a llamar así, señoras y señores. Haré un anuncio.» Donald Trump, convención republicana, Dallas

Trump aseguró además que la idea no partió del liderazgo iraní: «Estoy seguro de que al liderazgo iraní le gustaría decirles que fue idea suya. No fue idea suya» —mientras la audiencia republicana se reía y aplaudía—. Y ese mismo miércoles 9 de septiembre, hizo una promesa electoral directa a la prensa, antes de abordar su avión hacia Texas.

«Creo que la guerra terminará inmediatamente después de las elecciones porque los iraníes ya no pueden resistir más.» Donald Trump

Trump fue más allá, y vinculó directamente el fin de la guerra con una caída brusca de los precios energéticos —acusando, en el mismo aliento, a sus propios adversarios políticos de buscar sacar rédito de la situación—.

«Están desesperados por intentar influir en los comicios. Justo después de las elecciones… los precios del petróleo se desplomarán.» Donald Trump

La tercera vez que promete lo mismo

No es la primera vez que Trump asegura que la nafta está a punto de desplomarse. En junio de 2026 ya había anticipado que el precio bajaría pronto a cerca de 2,50 dólares por galón. Ahora, en septiembre —con el precio real ya por encima de los 4 dólares, y subiendo—, volvió a prometer: «¡Lograremos que la gasolina baje de los 2 dólares por galón!» —reconociendo, en la misma frase, que ese descenso recién podría llegar después de las elecciones de mitad de mandato—. Es, ya, la tercera vez que ubica el precio en una cifra distinta (primero cerca de 3 dólares, después por debajo de los 2) sin que ninguna de esas proyecciones se haya cumplido hasta el momento.

Queda por verse si esa promesa se sostiene, o si termina siendo, como las dos anteriores, una cifra que se corre apenas pasa la urgencia política que la motivó. Mientras tanto, con la nafta ya cerca de los 4,22 dólares por galón según datos de Reuters citados por NTN24, el diésel acercándose a los 6 dólares, y las elecciones legislativas a solo dos meses de distancia, Ormuz sigue funcionando como el principal marcador de esta guerra —y también, cada vez más, como el termómetro político directo de cuánto puede pagar Trump por sostenerla, y de cuántas veces más puede repetir la misma promesa antes de que deje de sonar creíble—.


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