Símbolos partidos políticos estadounidenses: elefante y asno con rayos.

Para entender las elecciones de EE.UU.

Guía Bastión

Para entender las elecciones de Estados Unidos

Símbolos, juicios políticos, enmiendas y el sistema que decide quién gobierna la primera potencia del mundo — explicado de punta a punta.

En esta guía
  1. El asno y el elefante
  2. El impeachment
  3. La Enmienda 25: destitución por enfermedad
  4. El «lame duck»
  5. Cuántas veces se puede ser presidente
  6. Por qué republicanos, por qué demócratas
  7. Las midterms
  8. El gerrymandering
  9. Democracia indirecta: el Colegio Electoral
  10. Las enmiendas clave, resumidas

1. El asno y el elefante

En cada elección estadounidense las calles y las portadas se llenan de burros y elefantes. Ambos símbolos recibieron su forma moderna de la mano de Thomas Nast, el primer gran caricaturista político de Estados Unidos y uno de los satíricos más severos de su época, que trabajó como viñetista para Harper’s Weekly —revista de temática política publicada entre 1857 y 1916.

El burro demócrata

El Partido Demócrata adoptó su tradicional burro gracias a Andrew Jackson, candidato presidencial en 1829 y presidente hasta 1837: sus adversarios lo compararon con un asno por su tozudez y su estrechez de miras. Lejos de disgustarle, Jackson adoptó el animal como símbolo propio, resaltando cualidades como su capacidad de trabajo.

El elefante republicano

El Partido Republicano tuvo su primer encuentro con el elefante bajo la presidencia de Abraham Lincoln (1861-1865), que usó la imagen del paquidermo en varios carteles durante la Guerra Civil —posiblemente porque la expresión «ver al elefante» se usaba entonces para referirse a haber entrado en combate.

Pero la caricatura que popularizó definitivamente al elefante como símbolo republicano fue «Third Term Panic», de 1874. En los meses previos a las elecciones de medio término, el diario New York Herald —que respaldaba a varios candidatos demócratas— había difundido el rumor de que el presidente Ulysses Grant, republicano, evaluaba postularse a un tercer mandato en 1876: no era ilegal en esos años, antes de la Enmienda 22, pero estaba mal visto. Nast, orgulloso partidario republicano, dibujó al Herald como un burro envuelto en piel de león, asustando a otros animales con historias de una supuesta dictadura de Grant. Entre esos animales aparece un enorme elefante llamado «El voto republicano», a punto de caer por un precipicio.

El elefante republicano en la caricatura de 1874 de Thomas Nast
El elefante republicano hizo su primera aparición en esta caricatura de 1874 de Thomas Nast. El zorro en la esquina inferior derecha representa al Partido Demócrata.

En 1879, Nast volvió sobre el burro con otra caricatura típica: la bestia obstinada cuelga de la cola, a punto de caer en un abismo de «caos financiero». De hecho, la mayoría de sus viñetas muestran a elefantes y burros al borde del desastre —una evaluación bastante justa, según los historiadores, de cómo se comportaban republicanos y demócratas durante la Edad Dorada estadounidense.

El burro demócrata en la caricatura 'Fine-Ass Committee' de Thomas Nast
En esta caricatura, titulada «Fine-Ass Committee», un burro sustituye a los congresistas demócratas que inflan burbujas financieras.

2. El impeachment

En Estados Unidos, el impeachment es un juicio político: un proceso formal para destituir a un funcionario del gobierno, incluido el presidente. La Cámara de Representantes actúa como fiscal, presentando los cargos; el Senado celebra el juicio y decide si el funcionario es culpable de «traición, cohecho u otros delitos y faltas graves». Se necesita el voto de dos tercios del Senado para condenar y destituir. No hay apelación posible.

El proceso tiene tres pasos, y puede terminar en cualquiera de ellos:

1
Investigación en los comités de la Cámara de Representantes, que actúa como fiscal.
2
Votación de la Cámara para aprobar los artículos de impeachment, por mayoría simple.
3
Juicio y votación en el Senado, que actúa como juez. El presidente de la Corte Suprema preside si el acusado es el presidente de la Nación.

Desde 1789, aproximadamente la mitad de los juicios políticos que llegaron al Senado terminaron en condena y destitución —aunque, en el caso puntual de los presidentes, ninguno fue removido del cargo por esta vía hasta hoy. Durante el juicio, por presunción de inocencia, el presidente mantiene sus funciones.

1868 — Andrew Johnson

Primer presidente sometido a juicio político. Acusado de intentar destituir ilegalmente al secretario de Guerra Edwin Stanton, de inducir a un general a violar una ley del Congreso y de desacato. Fue absuelto por un solo voto de diferencia.

1974 — Richard Nixon

El Comité Judicial de la Cámara votó a favor del impeachment por el escándalo Watergate —la irrupción, en 1972, de operativos de su campaña en la sede demócrata del hotel Watergate para instalar micrófonos. Nixon renunció antes de que el pleno de la Cámara votara.

1998 — Bill Clinton

Acusado de perjurio y obstrucción a la justicia por mentir sobre su relación con la becaria Monica Lewinsky. El Senado lo declaró inocente de perjurio (55-45) e inocente de obstrucción (50-50); se necesitaban 67 votos de culpabilidad para condenar.

2019 — Donald Trump (I)

Acusado de abuso de poder y obstrucción al Congreso por presionar a Ucrania para investigar a Joe Biden a cambio de ayuda exterior. Absuelto en ambos cargos (53-47 y 52-48).

2021 — Donald Trump (II)

Segundo juicio político, por incitación a la insurrección tras el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021. Absuelto: solo 57 senadores votaron culpable, 10 menos de los 67 necesarios.

3. La Enmienda 25: destitución por enfermedad

A diferencia del impeachment —un proceso político por delitos—, la Enmienda 25, ratificada en 1967, regula qué ocurre si el presidente queda incapacitado física o mentalmente para ejercer el cargo. Contempla dos caminos posibles.

Sección 3: el propio presidente se declara incapacitado

El presidente envía una declaración por escrito al presidente de la Cámara y al presidente pro tempore del Senado, y el vicepresidente asume como presidente en funciones hasta que el titular comunique que puede retomar el cargo. Se activó, por ejemplo, cuando distintos presidentes se sometieron a anestesia para cirugías —Ronald Reagan en 1985, George W. Bush en 2002 y 2007.

Sección 4: lo declaran otros, en contra de su voluntad

El vicepresidente junto con la mayoría del gabinete declara por escrito que el presidente está incapacitado, y asume de inmediato como presidente en funciones. Si el presidente objeta, el Congreso debe resolver el conflicto: se necesitan dos tercios de ambas cámaras para confirmar la incapacidad y mantener al vicepresidente en el cargo. Esta sección nunca se activó en la historia de Estados Unidos —es la más drástica de la enmienda, porque en la práctica exige que el propio gabinete se subleve contra el presidente que lo nombró.

4. El «lame duck»

Se llama «lame duck» («pato rengo») al funcionario que sigue en el cargo después de que ya se conoce a su sucesor, pero antes de que este asuma. El término viene originalmente de la jerga bursátil británica del siglo XVIII, para describir a un corredor que no podía pagar sus deudas —y pasó a la política estadounidense en el siglo XIX para describir a congresistas o presidentes salientes con poder real ya menguado.

Hasta 1933, el presidente saliente y el Congreso saliente permanecían en funciones hasta el 4 de marzo, casi cuatro meses después de la elección de noviembre —un resabio de la época en que los resultados electorales tardaban semanas en conocerse en todo el país por la lentitud de los traslados. La Enmienda 20, conocida justamente como la «Lame Duck Amendment», adelantó esa fecha: desde 1933, el nuevo Congreso asume el 3 de enero y el nuevo presidente el 20 de enero, acortando el período de transición.

Además del uso institucional, la expresión también se aplica de forma coloquial a un presidente en su segundo mandato, que —al no poder ser reelegido por la Enmienda 22— pierde parte de su influencia política porque ya no tiene una próxima elección propia sobre la cual negociar con el Congreso.

5. Cuántas veces se puede ser presidente

La Enmienda 22, ratificada en 1951, limita a dos el número de veces que una persona puede ser elegida presidente. La regla nació como reacción directa a Franklin D. Roosevelt, el único presidente de la historia elegido más de dos veces —cuatro, entre 1933 y su muerte en 1945—, algo que hasta entonces era solo una costumbre no escrita, respetada desde George Washington.

La enmienda tiene un matiz importante para los casos de sucesión: si un vicepresidente asume la presidencia por muerte, renuncia o destitución del titular, y lo hace habiendo quedado dos años o menos del mandato original, puede después ser elegido dos veces más por derecho propio —lo que en total le permitiría gobernar hasta diez años. Si en cambio asume con más de dos años restantes del mandato anterior, solo puede ser elegido una vez más.

2Mandatos máximos por elección
10 añosMáximo posible por sucesión + reelección
FDRÚnico presidente electo 4 veces

6. Por qué republicanos, por qué demócratas

El sistema bipartidista actual tiene raíces que se remontan a la propia fundación del país. El primer Partido Demócrata-Republicano, de Thomas Jefferson, se dividió en la década de 1820: una facción, liderada por Andrew Jackson, se convirtió en el moderno Partido Demócrata en 1828 —lo que lo convierte en el partido político más antiguo del mundo todavía en actividad—. La otra facción derivó en el Partido Whig, que terminó colapsando en la década de 1850 por sus divisiones internas sobre la esclavitud.

El Partido Republicano nació en 1854, fundado por opositores a la expansión de la esclavitud hacia los nuevos territorios del oeste. Abraham Lincoln, en 1860, fue su primer presidente electo. Un dato que suele sorprender: las posiciones ideológicas de ambos partidos no fueron siempre las que son hoy. Durante gran parte del siglo XIX y principios del XX, el Partido Republicano era el más asociado a los derechos civiles y el progresismo económico, mientras que el Partido Demócrata tenía su base en el sur segregacionista. El giro que llevó a la configuración actual —demócratas más progresistas, republicanos más conservadores— se consolidó recién a partir de mediados del siglo XX, particularmente tras la Ley de Derechos Civiles de 1964 y el realineamiento electoral que provocó en el sur del país.

7. Las midterms

Las elecciones de medio término («midterms») se celebran cada dos años, a la mitad exacta del mandato presidencial de cuatro años. Se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes (435 bancas) y aproximadamente un tercio del Senado, además de numerosas gobernaciones y legislaturas estatales. No hay elección presidencial en juego.

Un patrón que se repite con notable consistencia histórica: el partido del presidente en funciones casi siempre pierde bancas en las midterms, un fenómeno que los politólogos asocian al llamado «voto termostático» —parte del electorado vota como contrapeso al poder que ya tiene el oficialismo, en lugar de reforzarlo—. Por eso las midterms funcionan, en la práctica, como una evaluación intermedia del gobierno de turno, capaz de dejarlo sin mayoría propia en el Congreso durante la segunda mitad de su mandato.

8. El gerrymandering

El gerrymandering es la práctica de rediseñar los límites de los distritos electorales para favorecer a un partido político, en lugar de reflejar criterios geográficos o demográficos neutrales. El término nace en 1812, cuando el gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, aprobó un distrito con una forma tan retorcida que un caricaturista de la época la comparó con una salamandra —de ahí «Gerry» + «salamander» = «gerrymander».

Existen dos técnicas principales: «empaquetar» (packing), que consiste en concentrar a los votantes del partido rival en la menor cantidad de distritos posible para desperdiciar sus votos, y «fragmentar» (cracking), que dispersa a esos mismos votantes entre varios distritos donde quedan en franca minoría. En 2019, la Corte Suprema de Estados Unidos, en el caso Rucho v. Common Cause, determinó que los reclamos judiciales contra el gerrymandering partidista no son competencia de los tribunales federales —dejando la responsabilidad de limitarlo en manos de cada estado, con resultados muy dispares según quién controle la legislatura local.

9. Democracia indirecta: el Colegio Electoral

A diferencia de la mayoría de las democracias presidenciales, en Estados Unidos el voto popular no elige directamente al presidente: lo hace el Colegio Electoral, compuesto por 538 electores repartidos entre los estados según su representación combinada en el Congreso (bancas de la Cámara más las dos del Senado, más 3 para el Distrito de Columbia gracias a la Enmienda 23). Se necesitan al menos 270 votos electorales para ganar.

En 48 de los 50 estados rige el sistema «el ganador se lleva todo»: quien obtiene más votos populares en ese estado se queda con la totalidad de sus electores. Maine y Nebraska son la excepción, y reparten parte de sus electores por distrito congresional. Este diseño hace posible —y ya ocurrió varias veces, más recientemente en 2000 y 2016— que un candidato gane la presidencia habiendo obtenido menos votos populares a nivel nacional que su rival.

«Ningún senador o representante, ni ninguna persona que ocupe un cargo de confianza o de lucro en los Estados Unidos, será nombrado elector.» Artículo II, Constitución de los Estados Unidos

Si ningún candidato alcanza los 270 votos electorales, la Enmienda 12 establece un mecanismo de contingencia: la Cámara de Representantes elige presidente entre los tres candidatos más votados, pero votando por delegación estatal —cada estado tiene un solo voto, sin importar su población—, mientras el Senado elige al vicepresidente entre los dos más votados. Esto solo ocurrió una vez, en 1824, cuando John Quincy Adams fue elegido por la Cámara pese a haber obtenido menos votos populares y electorales que Andrew Jackson.

538Electores totales
270Votos necesarios para ganar
48/50Estados con «el ganador se lleva todo»

10. Las enmiendas clave, resumidas

12ª
(1804) Separó la elección de presidente y vicepresidente en boletas distintas del Colegio Electoral.
20ª
(1933) La «Lame Duck Amendment»: adelantó la asunción presidencial al 20 de enero y la del Congreso al 3 de enero.
22ª
(1951) Límite de dos mandatos electos como presidente (hasta 10 años si hay sucesión de por medio).
23ª
(1961) Le dio votos en el Colegio Electoral al Distrito de Columbia, que no es un estado.
24ª
(1964) Prohibió el impuesto para poder votar («poll tax»), usado para excluir votantes afroamericanos en el sur.
25ª
(1967) Reguló la sucesión presidencial y la incapacidad física o mental del presidente en el cargo.
26ª
(1971) Bajó la edad mínima para votar de 21 a 18 años.

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