Un movimiento estudiantil sin líderes ni jerarquía, nacido de una tragedia evitable, logró lo que la oposición tradicional serbia no consiguió en más de una década.
El domingo, 25 de octubre, Aleksandar Vučić admitió una derrota histórica en las elecciones de Serbia, cerrando abruptamente 14 años de dominio sobre la política del país. El ganador no fue un partido tradicional ni un líder con trayectoria: fue la Lista de Estudiantes, un movimiento nacido hace apenas dos años de la indignación por una tragedia que, según sus propios impulsores, pudo haberse evitado. Para entender la magnitud del resultado hace falta entender primero cómo se llegó hasta acá — porque no es un dato menor, y buena parte de la cobertura internacional lo da por sabido.
Quién es Aleksandar Vučić
Vučić no llegó al poder como outsider. En 1993 se afilió al ultranacionalista Partido Radical Serbio y en 1995 llegó a decir, sobre la guerra en Bosnia, que «por cada serbio asesinado, mataremos a 100 musulmanes» —frase que después dijo que había sido «sacada de contexto»—. En 1998 fue nombrado ministro de Información bajo el régimen de Slobodan Milošević, cargo que ocupó hasta la caída del dictador en 2000: desde ahí impulsó multas a periodistas críticos y prohibió cadenas de televisión extranjeras. Hasta 2008 respaldó públicamente la ideología de la «Gran Serbia» y llegó a pedir protección para Ratko Mladić, condenado por genocidio en Srebrenica.
Ese mismo año rompió con el Partido Radical, cofundó el Partido Progresista Serbio (SNS) junto a Tomislav Nikolić, y se reinventó como una figura pro-Unión Europea, llegando a calificar la masacre de Srebrenica como un «crimen horrible». Fue viceprimer ministro y ministro de Defensa entre 2012 y 2014, primer ministro desde 2014, y presidente desde 2017 hasta su renuncia el 27 de septiembre de 2026, cuando se postuló como candidato a primer ministro para estas elecciones.
Bajo su gestión, Freedom House degradó a Serbia de «Libre» a «Parcialmente Libre» en 2019, citando el deterioro de la libertad de prensa y la presión sobre periodistas; medios tabloides afines al gobierno fueron acusados de publicar cientos de noticias falsas, y Twitter llegó a dar de baja una red de 8.500 cuentas falsas que lo elogiaban. Transparencia Internacional registró un aumento sostenido de la corrupción percibida desde 2012, con investigadores señalando que los operativos anticorrupción solían limitarse a arrestos televisados, con pocas imputaciones y menos condenas aún. En 2023, el New York Times reportó presuntos vínculos entre Vučić y el líder de una banda criminal, Veljko Belivuk, algo que el propio presidente calificó de «mentiras».
El techo que cambió todo
El 1 de noviembre de 2024, el techo de hormigón de la estación de tren de Novi Sad —la segunda ciudad más grande de Serbia, recién renovada con una inversión de 55 millones de euros— se derrumbó. Murieron 16 personas: catorce en el acto, dos más después a causa de las heridas, entre ellas dos niños. Los opositores a Vučić vincularon de inmediato el derrumbe con la corrupción que, según denuncian, atraviesa las grandes obras públicas del país.
La tragedia encendió las protestas antigubernamentales más amplias que vivió Serbia desde la caída de Yugoslavia en 2000. Lideradas por estudiantes, se extendieron rápidamente por un país de apenas 6,5 millones de habitantes: hubo marchas a pie desde distintos puntos del territorio para llevar el reclamo a la mayor cantidad posible de ciudades. Las demandas centrales fueron tres: una investigación transparente sobre el derrumbe, el fin de la corrupción estatal, y elecciones anticipadas. La mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas, aunque hubo choques violentos con simpatizantes del oficialismo durante el verano de 2025. En el primer aniversario, el 1 de noviembre de 2025, decenas de miles de personas guardaron 16 minutos de silencio en Novi Sad a las 11:52, la hora exacta del derrumbe.
El resultado electoral
Con el 100% de las actas escrutadas, la proyección del Centro para Elecciones Libres y Democracia de Belgrado dio a la Lista de Estudiantes el 53% de los votos y 141 bancas en un parlamento de 250 escaños, frente al 39% y 103 bancas del Partido Progresista Serbio de Vučić. Los escaños restantes se repartieron entre listas de partidos minoritarios nacionales.
Un movimiento sin líder, a propósito
Lo más atípico de la Lista de Estudiantes no es solo su origen, sino su estructura: está construida deliberadamente sin liderazgo ni jerarquía, basada en la toma de decisiones colectiva, y sus candidatos incluyeron académicos, actores, agricultores y estudiantes. Entre las figuras más visibles están Ilija Srdanović, cardiólogo que encabezó la lista; Dejan Šoškić, ex gobernador del banco central; y Radomir Saičić, profesor de química de la Universidad de Belgrado, que habló en nombre del movimiento tras conocerse la victoria. Por ahora no está claro a quién nombrarán primer ministro ni cómo se conformará el gabinete — una ambigüedad que es, en sí misma, parte del diseño del movimiento.
«No vemos el resultado electoral como una ganancia de poder y privilegios, sino como una deuda histórica con nuestro propio pueblo y con nuestros propios hijos.» — Ana Mirković, educadora universitaria, psicóloga y candidata de la Lista de Estudiantes
Mirković dijo al diario The Guardian que la primera prioridad del movimiento es la «desintoxicación social y psicológica» del país, y adelantó un plan que incluye una unidad policial independiente que responda a los fiscales —y no al ministerio del Interior—, una purga de agentes vinculados al crimen organizado, la prohibición de nombrar a leales al partido en empresas estatales, y escrutinio público de todos los grandes contratos de infraestructura a cargo de nuevos organismos independientes.
- Desmantelar el «sistema de intimidación» que fomenta «miedo y polarización».
- Abrir «urgentemente» los medios de comunicación y terminar con la presión sobre trabajadores públicos.
- Divulgación completa de todos los contratos y flujos financieros del Estado.
- Despolitizar y fortalecer el poder judicial.
- Renovar los sistemas de educación y salud.
Un patrón que se repite en la región
El caso serbio no está aislado. El analista Dušan Vučićević comparó el desafío que enfrenta la Lista con el del partido Tisza de Péter Magyar, que esta primavera puso fin a 16 años de gobierno iliberal de Viktor Orbán en Hungría: en ambos casos, el movimiento ganador debe gobernar sobre instituciones públicas todavía llenas de funcionarios leales al régimen saliente, lo que complica cualquier intento de reforma institucional real. Nikola Burazer, del Centro de Política Contemporánea de Belgrado, advirtió además que el propio proceso de toma de decisiones colectiva del movimiento —que ya demoró meses solo para seleccionar candidatos— necesita «acelerarse» ahora que viene la etapa de gobernar.
El propio Vučić, que mantuvo lazos estrechos con Rusia durante todo su mandato, atribuyó la derrota el domingo al «apoyo directo de varios países europeos y al estado profundo estadounidense, el que también está en contra del presidente Trump» — una lectura que no coincide con el reclamo central del movimiento ganador, centrado en la corrupción interna y la tragedia de Novi Sad, más que en alineamientos geopolíticos externos. De hecho, la Lista de Estudiantes mantuvo deliberadamente en segundo plano las cuestiones más divisivas de política exterior, incluida la relación con la UE y con Rusia —el Kremlin dijo el lunes que esperaba que los nuevos líderes «entendieran que la cooperación con Rusia es en interés de Serbia»—, priorizando en cambio, según el analista Vučićević, «el desmantelamiento literal de toda institución, desde el nivel nacional hasta el local».
La Constitución serbia exige que el nuevo parlamento se reúna dentro de los 30 días posteriores al resultado oficial, con un plazo adicional de 90 días para formar gobierno. Serbia también debe celebrar nuevas elecciones presidenciales antes del 27 de diciembre, ya que Vučić renunció a la presidencia precisamente para poder postularse como primer ministro.
Los líderes internacionales no tardaron en reaccionar. El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy calificó el resultado de «un nuevo capítulo en la historia del país y su gente», agradeciendo a Serbia «por respetar a nuestro pueblo, a nuestro Estado y a nuestra independencia». El canciller alemán Friedrich Merz dijo que Berlín «apoyaría activamente el camino europeo de Serbia», destacando que los estudiantes, «con su demanda del Estado de derecho, la lucha contra la corrupción y las libertades fundamentales, han llegado al pueblo».
Un techo de hormigón recién renovado, 16 vidas perdidas en segundos, y dos años después, un movimiento que nunca gobernó nada se queda con más de la mitad del parlamento. El dato que conecta todo —la sospecha de corrupción en la obra pública que, según sus críticos, caracterizó a los 14 años de Vučić— es, en el fondo, lo único que hizo falta explicar para que esta elección tuviera sentido.
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