Septiembre de 2026 — Washington D.C.
«Bajen la tasa o dejo de comerciar»: Trump se contradice
Dice que no necesita nada de México ni Canadá, mientras depende de su petróleo, su potasa y sus autopartes. Dice que sus aranceles redujeron el déficit, mientras el propio gobierno de EE.UU. confirma que quedó casi idéntico al de 2024, con el de bienes en un récord histórico.
- El ultimátum a la Fed
- «Todo lo que tenemos que hacer es no comerciar con ellos»
- La Fed no cede, y se plantea lo contrario
- Lo que Trump dice que Canadá y México «no tienen»
- Lo que en realidad Estados Unidos importa de ambos países
- Los números reales del déficit comercial
- México: el ejemplo que desarma el propio argumento de Trump
- No es la primera vez: el patrón de afirmaciones desmentidas
- El costo inmediato: los mercados
El presidente Donald Trump amenazó el viernes 4 de setiembre con detener una amplia parte del comercio estadounidense a menos que la Reserva Federal recorte los tipos de interés, en una serie de ultimátums que podrían resultar costosos para la propia economía de Estados Unidos si llegara a cumplirlos. Y lo hizo apoyándose en afirmaciones sobre el comercio exterior que los datos oficiales de su propio gobierno contradicen.
El ultimátum a la Fed
La amenaza llegó en un día que había arrancado con una noticia favorable para la Casa Blanca: los empleadores sumaron unos 162.000 empleos en agosto, una cifra que muestra un mercado laboral que superó una serie de choques bajo la gestión de Trump —desde la guerra comercial global que él mismo inició, hasta la guerra con Irán—. Trump aprovechó ese dato positivo para lanzar nuevas exigencias a la Fed, pidiendo que baje los costos de endeudamiento a «la TASA MÁS BAJA de cualquier país del mundo».
«Todo lo que tenemos que hacer es no comerciar con ellos»
En una breve aparición en el Despacho Oval, Trump redobló la apuesta, lamentando que otros países tuvieran tasas más bajas que Estados Unidos.
Sobre la Unión Europea fue todavía más específico: «Perdemos 200.000 millones de dólares al año con la Unión Europea. Si no comerciáramos con ellos, no perderíamos nada. Con un simple movimiento del bolígrafo».
La Fed no cede, y se plantea lo contrario
La Reserva Federal es una institución políticamente independiente, y lleva meses manteniendo los tipos estables mientras intenta controlar años de inflación persistente —sin recortarlos desde diciembre—. Lejos de acercarse al pedido de Trump, algunos de sus propios funcionarios insinuaron que podrían subirlos, después de más de cinco años sin lograr bajar la inflación al objetivo del 2%.
La decisión sobre tipos de interés a fin de mes depende, en parte, de los datos de inflación que se publican el próximo viernes. Los inversores empezaron a subir sus apuestas por un alza tras un discurso de Kevin M. Warsh —el elegido de Trump para presidir la Fed, ya confirmado— en el que se mostró abierto a esa idea, aunque sin pedirla explícitamente.
Lo que Trump dice que Canadá y México «no tienen»
El desprecio de Trump por el comercio con sus dos vecinos quedó plasmado en frases que suenan, en el mejor de los casos, como una simplificación extrema de la realidad económica.
Sobre Canadá, calculó un ahorro de «entre 60.000 y 90.000 millones de dólares al año» con solo cortar el comercio —aunque, en la misma frase, reconoció con matices que «nos llevamos muy bien» con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, a quien dijo respetar «mucho».
Lo que en realidad Estados Unidos importa de ambos países
Lo que EE.UU. depende de Canadá, más allá del discurso:
— Petróleo crudo: Canadá es, por lejos, el mayor proveedor individual de petróleo de Estados Unidos, con refinerías del medio oeste diseñadas específicamente para procesar su crudo pesado.
— Potasa: insumo clave para fertilizantes agrícolas; Canadá es el mayor productor mundial.
— Aluminio y madera: con buena parte de la industria estadounidense de la construcción dependiendo de la madera canadiense.
— Autopartes: cadenas de producción integradas desde hace décadas entre ambos países.
Lo que EE.UU. importa de México, más allá de «tamales y tomates»:
— Autopartes y vehículos completos: la industria automotriz de América del Norte funciona como una sola cadena de valor desde el T-MEC.
— Electrónica y equipos médicos: México es centro de manufactura clave para insumos que EE.UU. no produce a esa escala.
— Alimentos frescos: aguacates, tomates, berries, pimientos —buena parte de lo que llega fresco a los supermercados estadounidenses en invierno, cuando el clima no permite producirlo dentro de EE.UU.—.
Los números reales del déficit comercial
Según datos del Departamento de Comercio y el Buró de Análisis Económico (BEA), el déficit comercial total (bienes y servicios) de 2025 —el primer año completo de la nueva gestión Trump— fue de apenas 2.100 millones de dólares menos que en 2024: una caída de solo 0,2%, prácticamente estancado pese a toda la guerra arancelaria. Y hay un dato todavía más incómodo para el relato oficial: el déficit de bienes por sí solo —el que más le importa a Trump, y el principal blanco de sus aranceles— alcanzó un **récord histórico** de 1,24 billones de dólares.
Lo que sí bajó, y por qué genera confusión
En ciertos períodos puntuales sí hubo caídas reales: entre abril de 2025 y marzo de 2026, el déficit fue 36% menor que en el mismo lapso del año anterior, y enero de 2026 mostró una caída mensual del 25,3%. Pero estas son fotos parciales, no el balance completo del año —y la propia estadística oficial de 2025 completo confirma que, al cierre del año calendario, el desequilibrio comercial global de Estados Unidos apenas se movió respecto a 2024.
México: el ejemplo que desarma el propio argumento de Trump
El caso más revelador es, justamente, el país que Trump usó como ejemplo esta semana. Lejos de mejorar, el déficit con México **empeoró** bajo su propia gestión: pasó de 172.000 millones de dólares en 2024 a casi **197.000 millones en 2025**. En julio de 2026, México ocupó el primer lugar entre los mayores superávits comerciales frente a Estados Unidos, con 26.310 millones de dólares en un solo mes —resultado de exportaciones mexicanas por 60.550 millones (un alza interanual del 33,6%) e importaciones por apenas 34.240 millones—.
La propia presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, respondió con cautela diplomática ante la amenaza: «En materia comercial tenemos diálogo permanente con el gobierno de los Estados Unidos y esperamos llegar a un entendimiento», dijo, reconociendo que la relación bilateral «ha tenido sus dificultades».
No es la primera vez: el patrón de afirmaciones desmentidas
Este episodio no es un hecho aislado: se suma a un patrón ya documentado por verificadores de datos en más de una ocasión durante la gestión de Trump.
Los antecedentes de afirmaciones contradichas por los propios datos:
— En abril de 2025, CNN en Español verificó afirmaciones de Trump sobre el déficit comercial con Europa y China, encontrando inconsistencias entre lo que el presidente sostenía en público y lo que reflejaban las estadísticas oficiales.
— En febrero de 2026, El Financiero (Bloomberg) publicó un análisis con un título elocuente: «Los aranceles de Trump no redujeron el déficit comercial de EE.UU.» —la misma conclusión que confirman ahora, siete meses después, los datos completos del cierre de 2025—.
Algunos economistas, de hecho, interpretan el propio desequilibrio comercial de forma opuesta a como lo presenta Trump: lo ven como un signo de fortaleza económica estadounidense, impulsado en parte por el aumento de la demanda interna de electrónica para alimentar la infraestructura de inteligencia artificial —es decir, Estados Unidos importa más porque su economía consume más, no necesariamente porque esté «perdiendo» frente a sus socios comerciales—.
El costo inmediato: los mercados
Las declaraciones del viernes no ayudaron a calmar a Wall Street: contribuyeron a una jornada bajista en las acciones, que a su vez avivó todavía más la irritación de Trump. La caída comenzó apenas horas después de la publicación del buen dato de empleo, y recordó al tumulto que caracterizó los primeros días de la guerra comercial global desatada por el propio presidente el año anterior.
La tensión de fondo con la Fed
Este episodio se suma a la presión sostenida de Trump sobre la Reserva Federal, incluso después de haber logrado la confirmación de su candidato elegido, Kevin Warsh, como presidente del organismo. Trump no ocultó nunca sus opiniones sobre política monetaria, ni hasta dónde está dispuesto a llegar para imponerlas —llegando incluso a intentar destituir a funcionarios de la Fed que no comparten su postura—, en lo que constituye un desafío directo a la independencia histórica del banco central estadounidense.
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