Menachem Begin: del terrorismo clandestino al Nobel

Investigación histórica — Israel, 1913-1992

Menachem Begin: del terrorismo clandestino al Nobel

El mismo hombre que voló el Hotel Rey David y lideró el Irgún terminó devolviendo territorio y firmando la paz con Egipto. En el medio, el Altalena: judíos matando judíos, a semanas de fundado el Estado.

En esta investigación
  1. De Polonia al Gulag: los años de formación
  2. El Irgún y la revuelta contra el Mandato Británico
  3. El Hotel Rey David, 1946
  4. Deir Yassin, 1948
  5. El Altalena: el enfrentamiento que casi fue guerra civil
  6. Veintinueve años en la oposición
  7. 1977: el vuelco electoral
  8. Camp David y el Nobel de la Paz
  9. El Líbano, Sabra y Chatila, y la caída
  10. Los años de silencio y la muerte

Pocas figuras del siglo XX condensan una contradicción tan extrema como Menachem Begin: el mismo hombre que la inteligencia británica catalogó como uno de los terroristas más buscados del Mandato de Palestina terminó, tres décadas después, compartiendo el Premio Nobel de la Paz. Entre un extremo y el otro hay una guerra de independencia, un naufragio frente a las costas de Tel Aviv, veintinueve años de ostracismo político, y una paz que nadie creía posible con el país árabe más grande de la región.

De Polonia al Gulag: los años de formación

Nació el 16 de agosto de 1913 en Brest-Litovsk, entonces parte del Imperio ruso, hoy Bielorrusia. Estudió derecho en la Universidad de Varsovia y, a los 16 años, se unió a Betar, el movimiento juvenil sionista de derecha fundado por Zeev Jabotinsky —el ala «revisionista» del sionismo, más militante y menos dispuesta a las componendas con el Mandato Británico que el sionismo laborista dominante—. Para 1939 ya era el jefe de Betar en Polonia.

La Segunda Guerra Mundial lo llevó por un camino inesperado: huyó a Vilna cuando los nazis invadieron Polonia, pero fue detenido por los soviéticos en 1940 y enviado a un campo de trabajo del Gulag en Siberia. Salió en 1941 bajo el acuerdo Sikorski-Mayski, que amnistió a ciudadanos polacos para que se sumaran al Ejército de Anders. Fue así, vistiendo el uniforme del ejército polaco en el exilio, que Begin llegó finalmente a Palestina en 1942.

El Irgún y la revuelta contra el Mandato Británico

En 1943 asumió el mando del Irgún (Etzel), el brazo armado de Betar, y en febrero de 1944 declaró la revuelta general contra el gobierno británico en Palestina. Bajo su liderazgo, el Irgún ejecutó una serie de operaciones armadas contra objetivos británicos, incluyendo la voladura de la prisión de Acre en 1947 para liberar a presos del movimiento.

El Hotel Rey David, 1946

La operación que definió su fama —y su lugar en la lista de los más buscados por Londres— fue el atentado contra el Hotel Rey David de Jerusalén, sede del cuartel general administrativo y militar británico en Palestina, el 22 de julio de 1946. El Irgún colocó explosivos en el sótano del ala sur del edificio; la explosión mató a decenas de personas —británicos, árabes y judíos que trabajaban en las oficinas del hotel, entre ellos personal administrativo, no solo militares—. Begin sostuvo durante toda su vida que se habían realizado llamadas de advertencia previas para evacuar el edificio, y que la responsabilidad de las muertes recaía en las autoridades británicas por no haber actuado a tiempo con esa información.

Deir Yassin, 1948

El episodio más oscuro y más disputado de su historial llegó el 9 de abril de 1948, semanas antes de la independencia. Combatientes del Irgún y del Lehi (la otra milicia clandestina de derecha, más radical todavía) atacaron la aldea árabe de Deir Yassin, cerca de Jerusalén. Las cifras varían según la fuente, pero el rango más aceptado por historiadores ronda entre 100 y 120 aldeanos muertos, entre ellos mujeres, ancianos y niños.

La masacre fue condenada de inmediato por el propio David Ben-Gurión, por la Haganá (la fuerza principal del movimiento sionista laborista) y por el rabinato principal. Begin, en sus memorias, nunca se retractó ni pidió disculpas: sostuvo que sus combatientes habían dado advertencias previas a la población y rechazó las acusaciones de masacre deliberada como calumnias destinadas a desprestigiar al movimiento. La noticia, de todos modos, se propagó rápido entre la población árabe de Palestina y contribuyó al éxodo masivo de civiles de aldeas vecinas por temor a un destino similar —un episodio que hasta hoy sigue siendo objeto de disputa historiográfica sobre su magnitud exacta y su rol en el desplazamiento palestino de 1948.

El Altalena: el enfrentamiento que casi fue guerra civil

Apenas semanas después de fundado el Estado, con Ben-Gurión como primer ministro, llegó el episodio que marcaría para siempre la relación entre ambos hombres. El Irgún trajo a Israel el buque Altalena, cargado de armas e inmigrantes, en junio de 1948. Ben-Gurión, decidido a que ningún Estado soberano pudiera tolerar una milicia con arsenal propio fuera del control del ejército regular, exigió que el cargamento se entregara a las recién formadas Fuerzas de Defensa de Israel. Begin se negó a las condiciones planteadas.

El barco encalló en un banco de arena frente a Tel Aviv. Lo que siguió fue un tiroteo entre miembros del Irgún a bordo y soldados de las FDI y el Palmach en tierra —bajo el mando de un joven oficial llamado Yitzhak Rabin, que décadas después llegaría a primer ministro—. La artillería en tierra terminó incendiando el barco. Murieron 16 miembros del Irgún y 3 soldados de las FDI.

16Muertos del Irgún
3Soldados de las FDI muertos
SemanasDesde la independencia de Israel

Lo decisivo fue la decisión de Begin en el momento del ataque: ordenó a sus combatientes no contraatacar, evitando que el enfrentamiento escalara hacia algo mucho peor. El Irgún se disolvió formalmente en septiembre de 1948, y sus miembros se integraron a las FDI. Begin resumiría después el episodio con una frase que se volvería central en su propio mito político: su mayor logro, decía, no fue ninguna operación militar, sino haber evitado que el Altalena desatara una guerra civil.

Begin ordenó a sus fuerzas que no contraatacaran, pese a la muerte de dieciséis de los suyos. Reconstrucción histórica del episodio del Altalena, junio de 1948

Veintinueve años en la oposición

Con el Irgún disuelto, Begin fundó el partido Herut (Libertad) y se convirtió en la voz principal de la oposición de derecha al establishment laborista de Ben-Gurion, que gobernó Israel de forma prácticamente ininterrumpida durante las primeras tres décadas del Estado. Fue una travesía larga por el desierto político: casi treinta años como el eterno segundo, la voz crítica que nunca lograba destronar al partido fundador. En 1973 fusionó Herut con el Partido Liberal y otras fuerzas menores para formar el Likud, el bloque que buscaría, esta vez con éxito, romper la hegemonía laborista.

1977: el vuelco electoral

El «Mahapaj» (el vuelco) de 1977 puso fin a 29 años de gobierno ininterrumpido del establishment fundador y llevó a Begin, el paria de la política israelí durante tres décadas, a la primera ministratura. Fue un cambio de era: el líder del ala más dura y militante del sionismo, ahora al mando del propio Estado que antes desafiaba desde la clandestinidad.

Camp David y el Nobel de la Paz

Apenas seis meses después de asumir, en noviembre de 1977, el presidente egipcio Anwar el-Sadat visitó Jerusalén —un gesto que por sí solo ya rompía décadas de hostilidad abierta entre ambos países—. Esa visita inauguró casi dos años de negociaciones que culminaron en los Acuerdos de Camp David, mediados por el presidente estadounidense Jimmy Carter, que establecieron el principio de «territorios por paz»: Israel devolvería la península del Sinaí, ocupada desde 1967, a cambio de paz plena y reconocimiento formal por parte de Egipto.

El hombre que dirigió la voladura del Hotel Rey David compartió, en 1978, el Premio Nobel de la Paz con el presidente egipcio Anwar el-Sadat. Reconocimiento del Comité Nobel noruego

El tratado de paz formal se firmó en 1979, y para 1982 Israel había completado la retirada total del Sinaí —el primer y, durante mucho tiempo, único caso de un país árabe recuperando por vía diplomática territorio perdido en una guerra contra Israel. Es, sin discusión, el legado por el que más se recuerda a Begin fuera de Israel.

El otro Begin: Jerusalén, el Golán y Osirak

El mismo primer ministro que devolvía el Sinaí endurecía posiciones en otros frentes. En 1980 impulsó la ley que declaró a la totalidad de Jerusalén —incluida la porción oriental ocupada en 1967— capital «eterna e indivisible» de Israel, una medida sin reconocimiento internacional hasta hoy. En 1981 decretó la anexión unilateral de los Altos del Golán, arrebatados a Siria en la Guerra de los Seis Días. Y ese mismo año autorizó el bombardeo israelí contra el reactor nuclear iraquí de Osirak —la doctrina de «guerra preventiva» que, como vimos en notas anteriores de esta serie, sigue siendo invocada por Israel casi medio siglo después.

El Líbano, Sabra y Chatila, y la caída

El quiebre final llegó con la invasión al Líbano de 1982, ordenada para desmantelar las bases de la OLP en el sur del país. La guerra se extendió mucho más de lo previsto y derivó, en septiembre de ese año, en la masacre de los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, ejecutada por milicias cristianas falangistas libanesas mientras el ejército israelí controlaba el perímetro. Una comisión de investigación israelí (la Comisión Kahan) encontró responsabilidad indirecta en la cúpula militar y política israelí por no haber prevenido la masacre, lo que forzó la renuncia del entonces ministro de Defensa, Ariel Sharon, de ese cargo.

Para Begin, el costo personal de esa guerra fue devastador. En noviembre de 1982, mientras él se encontraba en un viaje oficial, murió su esposa Aliza —su compañera desde antes de la fundación del Estado—. Quienes lo rodeaban coincidieron después en que nunca se recuperó del todo de esa pérdida, sumada al desgaste de una guerra cada vez más impopular y sin un final claro a la vista.

Los años de silencio y la muerte

En septiembre de 1983, Begin renunció al cargo de primer ministro citando motivos de salud, sin dar mayores explicaciones públicas. Lo que siguió fue casi una década de reclusión casi total: dejó de aparecer en público, no volvió a dar entrevistas ni discursos, y vivió sus últimos años en un aislamiento que sorprendió incluso a sus colaboradores más cercanos, el mismo hombre que había sido, durante décadas, una de las voces más estridentes de la política israelí.

Murió el 9 de marzo de 1992, en Jerusalén. A pedido expreso propio, fue enterrado con una ceremonia sencilla y popular en el cementerio del Monte de los Olivos, junto a su esposa, y no en el panteón oficial de los líderes del Estado en el Monte Herzl —un último gesto simbólico de un hombre que, pese a haber llegado a la cumbre del poder que combatió durante media vida, nunca terminó de identificarse del todo con el establishment que finalmente encabezó.

Un legado que se sigue disputando

Begin es, hoy, reivindicado por sectores muy distintos de la política israelí con lecturas casi opuestas: la derecha lo invoca como el líder que nunca cedió ante el boicot político y que mantuvo la unidad nacional pese a la provocación (la lectura que hace Itamar Ben-Gvir de sí mismo como su heredero); mientras que su propio legado de paz con Egipto —territorio devuelto a cambio de una convivencia real— es hoy una posición que sectores de esa misma derecha israelí actual rechazarían de plano si se aplicara a otros territorios en disputa. Begin fue, al mismo tiempo, el hombre del Hotel Rey David y el hombre de Camp David: la misma persona, dos legados que sus herederos políticos de hoy citan por separado, según les convenga.


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